Crónicas

El encanto de las mañaneras de AMLO

El Presidente AMLO en una de sus mañaneras. Foto Rodrigo GonzálezPolemón

Las mañaneras son únicas. Es un ejercicio digno de estudio. Y de mucha atención. De lunes a viernes el presidente del país (la persona políticamente más importante de la nación) sale y habla con los representantes de los medios de comunicación. 

Responde preguntas. Realiza reflexiones. Rememora sucesos históricos. Explica contextos. Da cifras. Debate falsedades en los medios. Discute. Exige a los funcionarios públicos (del más alto nivel, como les suelen llamarse) que informen y soluciones problemas. Muestra gráficas, fotos y videos. 

Nunca habíamos vivido algo así. Somos, como país, nuevo en esto. Y seguramente en el mundo no hay un ejercicio así. El presidente Andrés Manuel López Obrador es único en ese sentido. Nadie lo hace. Podrá ser que durante un tiempo un mandatario de algún país dé ruedas de prensa. Unos días. Incluso unas semanas. Pero es raro. Muy raro.

El Presidente AMLO en una de sus mañaneras. Foto: Rodrigo González/Polemón

Son las tres y media de la mañana: hora de levantarse

Viernes 10 de febrero de 2023. La cita para los representantes de los medios de comunicación fue a las 5:00 am en la V Región Militar, en Zapopan, Jalisco. 

Por supuesto que, nomás llega la agenda, uno hace cuentas: me levanto a las 4:00, me tardo en entender que me debo levantar (10 minutos), me desperezo (7 minutos), me baño (10 minutos), me visto (6 minutos), salgo a la calle (8 minutos), me regreso porque se me olvidó algo (4 minutos), traslado a la zona militar (25 minutos), arribo a un lugar que no es (3), arribo al lugar que es (5). Cálculo: no llego. 

Así pues, nuevamente a hacer cuentas, y a valorar todo con más detalle. La precisión establece una hora para levantarse: 3:33 de la mañana; y la hora de llegada a la V Región Militar, a las 4:55. Perfecto. Así lo hago y llego a las 4:58.

Hace fresco porque, aunque Jalisco suele ser un infierno de calor los 365 días del año, hay madrugadas en que se siente no sólo fresco, sino frío. No hay tráfico en una ciudad que suele estar embotellada todos los días. Y no hay mucha luz porque en realidad es de madrugada.

Cuando llego al menos hay 15 reporteros esperando. Hay fila. Me formo. A los pocos minutos me piden mi nombre y el medio de donde vengo. Minutos después, entramos a la V Región Militar. 

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En esta ciudad que es un horno todos los días, tengo frío en los pies.

Los preparativos

Ingresamos en un comedor donde hay café, galletas, refrescos, bocadillos y agua para té. Por supuesto que a las 5:30, con dos horas ya de estar en pie, uno sólo piensa en meterle café al cuerpo. Me tomo dos tazas, aunque puede ser que en realidad sean cinco.  

Mientras, a unos metros de ahí, inicia la reunión de seguridad. Ésta la encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador. Están los que siempre suelen estar: los titulares de la Secretaría de Gobernación, de Seguridad Pública, de la Defensa, de la Marina y de la Guardia Nacional, además del vocero de la presidencia. Y claro, también se presenta ahí el gobernador de la entidad, Enrique Alfaro Ramírez. 

Estas reuniones, así como las mañaneras, iniciaron en esta administración. Antes, los presidentes no se informaban todos los días de la situación en materia de seguridad en el país. A lo mucho recibía un informe cada semana que leían los asesores de los asesores del presidente. Y eso se notaba. Quizás si, por ejemplo, Felipe Calderón hubiera tenido reuniones todos los días con su secretario de seguridad, Genaro García Luna, se hubiera enterado de que era narco, y que beneficiaba al Cártel de Sinaloa. Esto, en caso de que Calderón no estuviera enterado, involucrado, y fuera precisamente él quien regenteaba el fortalecimiento a una organización delictiva. 

Las reuniones de seguridad siempre anteceden a las mañaneras, sean éstas en la Ciudad de México en las distintas entidades del país. 

Y se nota que AMLO está informado de todo lo que sucede con la seguridad en México. Si le preguntan de algo, él sabe, e incluso muchas veces da información a profundidad, avances de investigaciones, etcétera. 

No ha sido fácil pacificar al país porque la guerra que emprendió Felipe Calderón (hoy se sabe, con un presunto delincuente al frente de ésta) dejó mucha sangre, mucha muerte y muchas prácticas cotidianas de violencia. 

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Cuando hay una conflagración que cala tanto en la sociedad, es complicado regresar al antes, a la calma, al no enfrentamiento, a la no violencia. Tarda eso. Y si no hay atención en ello, sucede lo que pasó en el sexenio pasado, que en lugar de aminorar la violencia, se incrementa. Desde que llegó AMLO a la Presidencia, se ha detenido ese incremento de violencia, y con mucho esfuerzo, hoy es claro que hay un decrecimiento. Todo desean que sea rápido, pero fue tan profundo y se enraizó tanto el daño en los dos anteriores sexenios, que es muy complicado detener la violencia de forma rápida.

El estrado del Presidente AMLO en las mañaneras. Foto: Rodrigo González/Polemón

La mañanera

Treinta minutos para las siete nos llaman. Yo, además de los cafés, he ingerido dos galletas y dos bocadillos. Han pasado 3 horas exactas desde que sonó mi despertador. La jornada laboral mía ya se estaba haciendo madura, mientras afuera, millones siguen dormidos. 

Nos nombran y nos dan un gafete, e ingresamos a donde será la mañanera. En realidad, es un toldo blanco, y en el frente, un estrado con sillas y el pódium. Allá donde estábamos, además de bocadillos, había calor. Acá, frío. Especialmente en los pies. Cuatro horas después, cuando salimos de la mañanera y del festejo por el Colegio del Aire, hará un calor insoportable. Es decir, la Zona Metropolitana de Guadalajara volvería a ser lo que es. Pero ahora, mis pies estás fríos. Me calan.

Hay algo muy lindo que, aunque se escucha cuando vemos la mañanera en la tele o Youtube, es distinto “en vivo”. Y es la voz de AMLO que se va acercando, y que significa que la conferencia de prensa matutina va a comenzar. La mayoría de las veces es un “buenos días”.  Esta vez, en Zapopan, el presidente dice eso, pero agrega un “hay un poco de frío”. Mis pies contestan que sí. 

Como todas las mañaneras que son en las distintas entidades, comienza con unas palabras del gobernador del Estado, y después con un informe de seguridad. Después vienen las preguntas. 

Cada mañanera suele tratar muchos temas, y hay momentos álgidos. Por ejemplo, en la del viernes, se dio uno cuando López Obrador realizó un análisis de las portadas de los diarios nacionales. Prácticamente en ninguna se había señalado la investigación que se le sigue a Genaro García Luna por el robo de casi 800 millones de dólares. Esto lo dio a conocer Pablo Gómez, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) el jueves en la mañanera, y la prensa lo calló. 

Alguna nota en interiores. Una mención en una esquinita en portada. Pero no más. Por eso, cuando lo señala en la mañanera, queda evidenciada la cobertura que los medios tienen de las conferencias del presidente. Otro momento álgido fue cuando una reportera preguntó sobre los desaparecidos, y el clima de violencia que se vive en Jalisco. 

Así pues, las mañaneras suelen tener muchos momentos. Es una riqueza informativa que no solía haber en este país.

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Las caras de Alfaro

Enrique Alfaro es un personaje que no puede ocultar lo que siente. Si está enojado (que lo está muy seguido), su rostro lo evidencia. Si está orgulloso de él y en plan presumiendo ego (que lo hace muy seguido), también su rostro lo evidencia. Por más que quiera ocultar lo que siente, siempre lo rostro lo delata: habla por él. 

Durante la mañanera del viernes pasado en Zapopan, Enrique Alfaro hizo todo tipo de caras. Cuando estaba a favor de lo que decía AMLO, sonreía. Cuando escuchaba algo que no le parecía, hacía una cara de enojo de ésas que dan miedo. Cuando había una pregunta de reporteros que le incomodaban, movía la cabeza como desestimando (algo que hace muy pero muy seguido) las críticas y diciendo: “no digan pendejadas”. 

Los rostros de Alfaro pasaban del autoritarismo a la soberbia, del miedo al ataque, de la petulancia a vestirse de pedro faldero ante un presidente al cual ha criticado mucho, pero cuando está cerca, se inclina y se pone en plan besa mano. 

No cabe duda de que, con Alfaro, más que sus discursos (que suelen ser mal estructurados y aburridos) o sus respuestas en las pocas ruedas de prensa que permite, lo que hable por él es su rostro y las muchas muecas que hace. Ahí es donde encontramos lo que realmente piensa el gobernador de Jalisco. 

Información, diálogo y debate, y el desdén de los famosos

Durante la conferencia, Andrés Manuel López Obrador habla de Jalisco, de Cuba, de los medios, de sus adversarios. Plantea temas de seguridad y económicos. Contesta 8 preguntas y les pide a los funcionarios (de alto nivel) que están ahí que ahonden más en los temas. 

Esto que hace AMLO no se hacía antes, en los sexenios pasados. Durante las anteriores administraciones, los expresidentes, a lo mucho, convocaron a seis o siete ruedas de prensa durante toda su gestión. Y en esas ruedas de prensa raras veces podían preguntar los reporteros. A lo mucho se hacían una o dos preguntas, y ya “planchadas”, es decir, ya convenidas entre el reportero (o el medio que representaba) y el equipo de comunicación social de la presidencia. 

Ahora todo es distinto: los reporteros puedan preguntar lo que les dé la gana, pueden plantear cualquier tema de interés periodístico, y el presidente siempre (y esto es importante: siempre) contesta, siempre analiza, siempre entabla un diálogo, que incluso puede llegar a debate. 

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En lo que va de sexenio, Andrés Manuel López Obrador ha dado mil 36 conferencias de prensa matutinas, y en todas, o prácticamente en todas, ha habido libertad de los reporteros para preguntar lo que quisieran. 

Eso, sin duda, es un elemento que abona no sólo a fortalecer la opinión pública, sino a cimentar la democracia. Entre más apertura, la gente tiene más información, más visiones, más interpretaciones del presente, y ello contribuye a un mejor debate y a una reflexión más amplia del país que tenemos y queremos. 

Las mañaneras han sido atacadas con fiereza por la oposición: que si son un show, que si no sirven, que si AMLO ahí sólo habla lo que quiere, que si las preguntas están “sembradas”, que si van sólo reporteros “chayoteros”, que si se venden las preguntas, que si bla bla bla. 

De todo eso que se dice, nada se ha comprobado, y es claro que es mentira: las mañaneras es un ejercicio inédito, que es único en el mundo, y que es digno no sólo de estudio, sino de aplauso. Porque hay que aplaudir cuando un presidente está dispuesto a rendir cuentas todos los días al pueblo que gobierna. 

Algo que jamás he entendido es por qué los periodistas de “renombre” en sexenios pasados no se dan la vuelta a la mañanera. Nadie les impide el acceso. Joaquín López Dóriga no ha ido. Ni Carlos Loret de Mola ni Carmen Aristegui ni Denise Mearker ni Pedro Ferriz de Con ni Eduardo Ruiz Healy ni Óscar Mario Beteta ni Julio Patán ni… Todo le han hecho el vacío, cuando en realidad deberían aprovechar este ejercicio inédito. 

Durante años, en muchas escuelas de periodismo, a los reporteros en formación les han inculcado que lo mejor para un reportero es desnudar al poder, y casi todos los reporteros (en una visión muy chata de la vida) piensan que el único poder existente es el del presidente. 

Si miles tienen esa visión, ¿por qué no van? ¿Por qué no cuestionan más? ¿Por qué no acuden?

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¿Por qué los famosos de los anteriores sexenios no se presentan en la mañanera y, todas las críticas que hacen en sus medios, las hacen ahí, enfrente del presidente? ¿Por qué no van por la noa? Sería benéfico para el debate. Sería muy sano para el periodismo.

El Presidente AMLO en una de sus mañaneras. Foto: Rodrigo González/Polemón

¿Por qué no lo hacen?

Sólo ellos lo saben. 

Lo único que queda claro es que no es de buenos periodistas desaprovechar el ejercicio de la mañanera. Miles de reporteros en todo el mundo ya lo quisieran, aunque no fuera todos los días, aunque fuera una vez cada mes. Sueñan con eso. Acá, los “periodistas consagrados” lo desdeñan. Hasta parecen ser no periodistas. 

El Presidente AMLO en una de sus mañaneras. Foto: Rodrigo González/Polemón

Día de Colegio Militar

Cuando terminó la mañanera, mis pies tenían más frío que cuando inició. No supe a qué fenómeno se debió, pues ya el sol comenzaba a salir y no era tan de madrugada como lo era antes.

Inmediatamente después, nos trasladaron al Colegio Militar, que está a un costado de la Región Militar. Nos llevaron en esos camiones del ejército en que se suelen trasladar a los solados cuando van de misión. Sentados unos frente a otros, muchos iban con sus cámaras y sus micrófonos. Uno de los reporteros me dice: “te imaginas un traslado así de cinco o diez horas, y en subidas y bajadas, o zonas sin pavimento”?

Nos bajaron donde sería la celebración del Día de Colegio de Militar. Entramos a un salón que me pareció inmenso, y lleno de militares que iban vestidos de distintos uniformes. Unos de azul. Unos de blanco. Unos de verde. Y unos de crema. Y también de morado. 

Supe que había ahí gente del Ejército, de la Marina, del Colegio Militar y de la Guardia Nacional. Los de la Marina iban de blanco (con trajes que me asemejaron a Popeye el Marino). Los del Ejército, de verde. Los de la Guardia Nacional, del uniforme ya típico que es como color crema. Y los cadetes del Colegio del Aire, de negro con morado. 

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Se siente raro estar entre tanto militar. A la gente de prensa nos colocaron a un costado, y desde esa perspectiva podíamos ver, en realidad, todo lo que sucedía en el salón, donde al frente estaba la mesa de honor.

Primero desayunamos, y después habló el presidente López Obrador. Cuando terminó, todos les aplaudieron, y después se cantó el himno del Colegio Militar. Nunca había estado yo en algo así, es decir, en un espacio militar, con muchos militares cantando el canto de los militares. Al final del himno, todos los del colegio militar gritaron con enorme fuerza: “Honor, valor, lealtad”.

Al finalizar el acto, AMLO salió, y todos los cadetes le aplaudieron. Muchos buscaban con su mirada al mandatario. Estaban de pie. Era júbilo. 

Al final, nos regresaron en los mismos camiones en lo que llegamos. Nos bajamos. Para ese momento ya hacía sol fuerte. Mis pies ya no sentían frío. Guadalajara volvía a ser la misma: esa tierra donde todos los días, y a casi todas horas, hace calor.

9 Comentarios

  1. Armando G. Lagos Barba

    14 febrero, 2023 at 7:15 pm

    Buena reseña. Es la opinión de un tapatio. Lo único que no estoy de acuerdo es que en Guadalajara siempre hace mucho calor, si hace pero poquito. Saludos.

  2. Carlos Mata C,

    14 febrero, 2023 at 8:30 pm

    Mi estimado Jorge Gómez Naredo muy buena crónica, entonces no te invito a nuestra ciudad Culiacán Rosales, Sinaloa. Aquí sientes un infierno o un helado invierno =)

  3. Carlos Alberto

    14 febrero, 2023 at 11:24 pm

    Buenas noches mi querido Jorge! no sabes como disfruto tus crónicas, son verdaderamente descriptivas, apasionantes y apasionadas. De hecho, leer tú libro “La lucha continua es también un deleite. Gracias por escribir de la forma en que lo haces por que a pesar de las imágenes me imagino los hechos y mi mente viaja y disfruta cada párrafo de tus excelente crónicas .PD: Mis comentarios son con admiración y respeto hacía Jorge Gómez Naredo y su trabajo. Soy Pro AMLO y Pro 4 T, Con esta aclaración espero que no empiecen a decir que soy una foca aplaudidora por que no lo soy, pero sí creo que nuestro presidente ha sido el mejor en un millón de decadas.

  4. Javier Mor

    15 febrero, 2023 at 8:25 am

    Todo mundo respeta a AMLO saben que es la primera vez desde el México contemporáneo que un presidente realmente está trabajando por su país, yo solo espero que los próximos presidentes sean como AMLO. Además se ve que el gobierno trata bien a la prensa para invitarlos a estos eventos y darles de desayunar que buena crónica que nos pone en el contexto y nos acerca a las mañaneras.

  5. Onti

    15 febrero, 2023 at 9:37 am

    Me ha gustado mucho el texto, creo que tenemos un presidente fuera de serie, va a ser muy difícil que haya otro similar, estoy en mi tercer cuarto de siglo y sigo asombrada de Andrés Manuel López Obrador, de su tenacidad, su valentía, su resiliencia, su memoria y la capacidad para hacerse entender entre otros atributos, me siento profundamente orgullosa.

  6. Julio Nájera

    20 febrero, 2023 at 12:17 pm

    Mis felicitaciones por está crónica, que describe de forma puntual, lo que son las mañaneras y lo que implica el esfuerzo que tienen que hacer para los que participan de manera directa en ella. Mis respetos para nuestro señor presidente, por el amor con el que gobierna a esta bella nación y la fortaleza que tiene, para aguantar de pie toda la mañanera y el ritmo que le imprime para gobernar, esto a pesar de su edad y que está muy enfermo según dicen sus detractores…

  7. José Luis Toledo

    21 febrero, 2023 at 11:56 pm

    Muchas gracias Jorge Gómez Naredo, me gustan mucho tus comentarios…trato de leerlos todos los que me llegan..felicidades amigo.

  8. emilio morales

    22 febrero, 2023 at 6:24 am

    totalmente de acuerdo con 30 millones que votaron para que fuera presidente, y alrededor de 40 millones que se han ido sumando que ya creen en el por la efectividad de su gobierno y porque lo ha demostrado con hechos cada uno de sus compromisos.

  9. Miguel Angel Fuente

    23 febrero, 2023 at 7:19 pm

    Excelente crónica, has puntualizado ua realidad que pocos vemos.
    El presidente es un hombre fuera de serie, todos los días se expone a la crítica y aún así, no ha dejado de hacerlo ni un día.

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