Felipe Calderón pretende crear un nuevo partido. Muchos piensan que lo logrará a principios del próximo año: que fácil lo logrará.

Calderón no solamente fue presidente vía un fraude electoral, también fue presidente de sangre. Dejó al país sumido en una tragedia. Miles de personas fueron asesinadas o desaparecidas en su gestión. Miles.

Hay quienes lo defienden: él no tuvo la culpa, fueron “los narcos”. Se equivocan. Calderón tuvo la culpa. Él inició una guerra. Él la echó a andar sin planear. Él no la detuvo. Él la hizo para no sentirse ilegítimo, para parecer presidente, para mostrarse fuerte, aunque no lo fuera.

Felipe Calderón le declaró en 2006 la “guerra” al narcotráfico. Foto: especial.

Los “daños” no le importaron. Él era lo importante, lo demás (el país, los mexicanos, el dolor), valía poco. Valía nada.

La casualidad es extraña, y muchas veces cruel: hoy Carmen Medel, diputada de Morena, fue informada en plena sesión en la Cámara de Diputados que a su hija la habían asesinado. La reacción de ella fue entendible: llanto, caída, un dolor inmenso. Enorme.

Uno ve el video y siente escalofríos. Se pone a pensar: ¿qué pasaría si me mataran a mi hermana, a mi madre, a mi hijo, a mi hija, a mi esposa? ¿Cómo racionaría? ¿Qué pensaría? ¿Qué sentiría? ¿Cómo soportaría tanto dolor? ¿Cómo tanta impotencia? ¿Cómo calmaría las lágrimas? ¿Cuánto tiempo estaría temblando? ¿Mi corazón resistiría?

Así reaccionó la diputada de Morena, Carmen Medel, al enterarse en el Congreso del asesinato de su hija. Foto: Especial

Vi a la diputada, y no solamente pensé en su dolor, sino en el dolor de miles de personas que han perdido a sus familiares porque alguien los mató. Alguien les disparó. Alguien decidió que ya no debían vivir.

¿Cuántas lágrimas se han vertido en México? ¿Cuánto dolor como el de Carmen Medel?

A veces pienso que no sé cómo hemos aguantado tanto dolor en este país. Nos sobrepasa. Por más que cierro los ojos, no puedo dejar de ver a Carmen Medel llorando, deshecha, sin fuerzas. Y esa imagen me lleva a imaginarme a miles de madres, a miles de hijos, a miles de esposas, de niños, llorando, desechos, sin fuerzas.

Después me viene la imagen de Felipe Calderón, sonriendo, recibiendo quizás muy pronto una hoja de consejeros del INE donde se menciona que él y su esposa ya tienen partido.

Felipe Calderón. Foto: Especial

Este país es injusto. Enormemente injusto. Brutalmente injusto.

No podemos seguir así. No podemos seguir llorando miles mientras unos cuantos, cínicos, sonríen. No podemos.