El militar me dijo que apagara las luces del auto, pero no el motor.

–¿Viene de medios, verdad?–

Le entregué mi credencial de Revista Polemón.

–También el IFE–.

La saqué de mi cartera y se la di.

Faltaban unos cuantos minutos para las seis de la mañana, y aunque en estos últimos días al sol le ha dado por salir más temprano, lo que había era oscuridad.

–Siga con las luces apagadas, y avance lentamente hasta donde está el otro módulo–.

El compañero del militar, que también era militar, levantó la pluma y pude entrar. Estaba ya, formalmente, dentro de la V Región Militar, la que está ubicada en Zapopan, Jalisco.

Llegué al segundo módulo de retención (que no estaba de distancia a más de 50 metros del primero).

Nuevamente entregué mi credencial (ahora solamente “la del medio”).

–Muy bien joven. Va a dar en la esquina vuelta a la derecha, y después otra vez a la derecha, y se va a estacionar atrás de este edificio”– me dijo el oficial mientras señalaba unas oficinas; –después va a caminar rumbo a este otro edificio– y señaló uno que estaba enfrente del primero que había indicado.

–¿Puedo encender ya las luces?– pregunté.

–Sí, joven, ya puede–.

Avancé el auto, y un oficial en la esquina me decía con sus brazos que diera vuelta a la derecha; así lo hice; de forma inmediata, apareció otro oficial que me dijo que diera vuelta de nuevo a la derecha.

“Cuánta derecha en un gobierno de izquierda”, pensé. Pero el chiste era tan malo que me dio un poco de pena. De vergüenza.

Estacioné el auto y salí de él.

Caminé por las banquetas que había, y no sabía exactamente por dónde cruzar. Había pasto por todos lados, y la banqueta no cruzaba esa zona verde. Pensé que si pisaba el pasto algún militar se iba a molestar y me iba a gritar: “oiga usted periodista de pelo largo, no ande pisando el pasto”. Estuve como dos minutos analizando dónde había una banqueta que me permitiera no pisar ese pasto tan bien cuidado que veía.

No lo encontré.

Así pues, crucé como a escondidas por la zona verde. Nadie me dijo nada. Me dirigí al edificio que me había señalado el militar.

V Región Militar, en Zapopan Jalisco. Foto: Especial

Había dos camiones de Ómnibus de México. Eran, seguramente, las seis de la mañana.

“Regístrese primero allá”, me dijo una persona de saco mientras alzaba su brazo para pedirme que ingresara al edificio.

Pasé y había tres chicas detrás de un mostrador. “Su nombre”. “Jorge Gómez Naredo”. “¿Laredo?” “No, Naredo, como Laredo, pero con “n”.

“Mmmm”, dijo un chica. “Ya lo encontré”, dijo otra. Pusieron con resaltador amarillo mi nombre y me dieron una calcomanía que decía “Sedena. Prensa”. Cuando estaba colocándola en mi pecho, escuché que los dos autobuses que estaban afuera comenzaban a caminar.

“No se preocupen, ahorita viene otro autobús”, me dijo a mi a unos cuatro reporteros que estábamos ahí.

Miré que había en la sala del edificio. Revisé el teléfono. Vi las imágenes que estaban colgadas en la pared. Revisé el teléfono. Me senté. Me paré. Revisé el teléfono.

El autobús no llegaba. Eran eso de las seis y veinte minutos.

El señor de saco, ya un poco intranquilo, preguntó por radio si venía ya el autobús.

Algo le dijeron que lo tranquilizó.

Entonces llegó un militar, y al vernos, le dijo al hombre de saco: “y si nos los llevamos en la camioneta”.

Volteé y vi una camioneta de esas pick up que están todas camufladas y que solamente se ven en las fotos de los periódicos (o ahora en internet) y cuando circulan muy de vez en cuando con militares llenos de armas largas por la ciudad.

No es que fuera un sueño de niño subirme a una de esas camionetotas de militares, pero se me iba a cumplir un sueño de niño.

Sonreí.

Yo, emocionado, fui el primero que subí. No debí hacerlo. Me senté de espaldas a la zona donde estaba la cabina. Se subieron otras dos personas más.

Iba a ir cómodo.

De repente, llegaron dos personas más. Y una militar. Y dos fotógrafos.

Me hice lo más pequeño posible.

El militar nos dijo: “no se preocupen, les daré despacio”.

Así pues, emprendimos el viaje.

Todo hubiera sido emocionante si no hubiera tomado la mala decisión de ser el primero en subirme a la camioneta militar y colocarme de espaldas a donde correría el aire.

Zapopan, municipio del área conurbada de Guadalajara, en esta época, es como un comal a fuego alto. Hace un calor horrible. Pero extrañamente, la mañana del viernes 5 de abril, hacía fresco y el aire estaba frío. Un aire que mezclado con la velocidad con la cual avanza la camioneta militar, resultaba en una brutal ecuación matemática que evidenciaba su potencia en el aire frío que directamente pegaba en mi espalda.

Eso me impidió contemplar con calma la gran pista área del Colegio Militar, los pinos muy lindos que formaban una especie de pequeño bosque y varios edificios que jamás en mi vida había visto.

Colegio del Aire. Foto: Especial

Llegamos a donde sería la rueda de prensa del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. La mayoría de reporteros ya estaban adentro.

Había cumplido un sueño de niño, y mi espalda me decía que lo único que me quedaba de la niñez eran los sueños.

Al ver esos edificios tan enormes, me dije: “mira, aquí seguramente estudió Luis Miguel cuando fue piloto de avión del Ejército Mexicano en el video que Televisa nos recetó durante años y años y años”. Nuevamente me compadecí de mí: “qué malos chistes traes hoy, Jorge. Y peor: de chavorruco”.

Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina de Guadalajara. Foto: Especial

II

Me senté en la tercera fila. A ver si me daba la palabra el Presidente para preguntarle. Aunque las posibilidades eran muy pocas, pues no solamente había prensa “local”, también estaban los “nacionales” que se sentían como “nacionales”.

Había cuatro sillas. ¿Quién se sentaría? Estaba seguro que uno sería el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro. Pero, ¿los otros?

A las siete y unos ochos minutos llegó Andrés Manuel López Obrador. Lo acompañaban los titulares de la Marina y del Secretaría de la Defensa Nacional, Enrique Alfaro, alcaldes, el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, y varias personas más.

La conferencia de prensa comenzó. Habló del gobernador Enrique Alfaro y Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional sobre la violencia. Mencionaron ambos que los índices estaban bajando, que se estaba emprendiendo una lucha coordinada, etcétera.

En ese momento Enrique Alfaro no sabía que sería una mañana rara y tensa para él.

Tomó la palabra Andrés Manuel López Obrador, y comenzó a hablar de la seguridad en el país. De lo que se había avanzado. Después vinieron las preguntas.

Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina de Guadalajara. Foto: Especial

Hubo algo importante que dijo Andrés Manuel respondiendo a algunos cuestionamientos sobre si el cartel tal está laborando en tal entidad y si el capo tal estaba a punto de ser capturado o no.

El mandatario afirmó que en su gobierno no se está luchando para capturar a capos de la droga y montar espectáculos cuando se les atrape. Su estrategia, dijo AMLO, no va por ahí, porque esa forma (el “decapitar” bandas del “crimen organizado”) de “enfrentar” la delincuencia no dio resultados ni con Vicente Fox ni con Felipe Calderón y mucho menos con Enrique Peña Nieto.

Yo, que estaba escuchando atentamente, me dije “esto es importante”. Y sí que lo es. Durante los sexenios pasados hubo “capturas espectaculares” y varios capos están en la cárcel. Pero la matanza, la sangre y las desgracias continúan. Basta mirar los números de asesinatos. Y es que, “le quitas la cabeza” a una organización criminal, y salen varios liderazgos y continúa la corrupción y los acuerdos y la tragedia.

AMLO, pues, le apuesta a enfrentar la violencia y buscar la paz a partir de poner la importancia en la seguridad y especialmente el bienestar de la gente, no en la captura de criminales famosos. Fue entonces que dijo algo de la Guardia Nacional, que causaría polémica y la crítica de la oposición: se integraría ya el consejo de ésta, y el mando sería militar, y de uno en activo.

Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina de Guadalajara. Foto: Especial

III

Mientras AMLO hablaba, Enrique Alfaro hacía caras. Es interesantísima la capacidad del gobernador de Jalisco de mostrar sus sentimientos a partir de sus expresiones. Si quiere portarse prepotente, hace su cara de prepotente. Si quiere burlarse, hace caras de burlas. Si quiere ponerse serio y así como que está poniendo atención, hace rostro de una atención inefable. Es un maestro en eso de evidenciarse.

Por eso, cuando Martha Hernández, reportera del diario NTR Guadalajara (medio al cual el gobernador ha llamado “basura” y “periodiquito”) le preguntó a Andrés Manuel López Obrador si estaba enterado de la forma en cómo Alfaro trataba a los medios, y si también sabía de la licitación que le dio a un amigo con el cual acudió a un juego de básquetbol en Los Ángeles, la cara de Enrique Alfaro fue muy interesante.

Primero pareció como el niño malo de la clase a la cual, otro estudiante, le acusa de golpear o de algo malo, y el estudiante se hace así como “no, yo no fui, cómo cree maestra, yo no hago esas cosas”. Cuando la reportera lo señaló directamente, Alfaro la volteó a verla, e hizo una sonrisa como diciendo: “mire, maestro, me da risa que ella está diciendo mentiras de mí, si yo soy tan buena gente”.

Lo que sí es que el mandatario estatal no debió pasarla bien.

Andrés Manuel López Obrador y Enrique Alfaro en la conferencia matutina de Guadalajara. Foto: Especial

Y no solamente por el comentario de la valiente reportera, sino porque unos minutos antes el propio Andrés Manuel lo había exhibido sin mencionar su nombre. Y es que el tabasqueño mostró con unas láminas la radical disminución que, a partir de la estrategia emprendida por él en diciembre pasado, había experimentado el robo de combustible.

En esa época hubo escasez de gasolina en Jalisco, pues se cerraron varios ductos. Prácticamente todo el mundo estuvo conforme con ello y apoyó la medida de AMLO, a excepción de Enrique Alfaro, quien con un tono de prepotencia digna de él, le exigió al Presidente que restableciera el suministro de combustible en unas horas o sí no se pondría muy molesto el pueblo de Jalisco.

Cuando AMLO hablaba del apoyo de la sociedad en esos momentos complicados, Enrique Alfaro se quería hacer chiquito y ponía su cara así como “híjole, están hablando de mí…”.

No debía estarla pasando bien.

Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina de Guadalajara. Foto: Especial

Y quizás Andrés Manuel López Obrador se dio cuenta, por eso, cuando respondió a la reportera de NTR Guadalajara, dijo que la prensa tenía todo el derecho de decir y criticar, y que desde el gobierno se poseía el derecho de réplica. Y ahí fue cuando afirmó que en Jalisco se tenía, según su “particular opinión”, un “buen gobernador”.

Cuando dijo eso, Alfaro se sintió protegido, y después de ser exhibido, se le volvió su rostro de suficiencia y hasta de prepotencia, como diciendo “ya vieron lo que está diciendo el Presidente de mí”.

Fue un gesto enorme del Presidente: en lugar de exhibir más al gobernador de Jalisco, le dio una muestra de lo que significa ser el mandatario de todos los mexicanos, y respetar la investidura no solamente presidencial, sino de un gobernador.

Ojalá Alfaro entienda este gesto, y también comprenda que la prensa es libre de decir, y que él, además del derecho de réplica, tiene la exigencia de responder los cuestionamientos que se le hacen, y no debe agredir a los reporteros diciendo que son mentirosos y que escriben en “periodiquitos basura”.

Por más que molesta a algunos que les llamen “fifís”, AMLO jamás ha denominado a un medio de comunicación como “basura” o “periodiquito”. Su lucha es ideológica y es para que acepten varios medios que tienen una tendencia ideológica, no para descalificar investigaciones periodísticas.

Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina de Guadalajara. Foto: Especial

IV

Andrés Manuel después se enfrascó en esas reflexiones donde generalmente hace referencias históricas, y abordó el tema de la prensa. Y le dio un papel preponderante en los cambios que ha habido en el país:

Considero al periodismo un noble oficio, sin el periodismo no se hubiesen llevado a cabo las transformaciones en el país; tengo como periodista favorito a un opositor de la época del porfiriato, Daniel Cabrera, director del periódico El hijo del Ahuizote; Zarco también muy bueno, pero ya ven, como es asunto de apreciaciones, yo pienso en Daniel Cabrera; y están también los hermanos Flores Magón y muchos periodistas que respetamos.

La cuestión aquí, como lo ha dicho Andrés Manuel en varias ocasiones, es que no es lo mismo ejercer el periodismo en la Ciudad de México que hacerlo en otras partes del país. Las condiciones de seguridad no son las mismas, y ello se debe comprender: que un alcalde te ataque en un pueblo pequeño, que un gobernador te diga que eres una basura en una entidad donde esa persona se siente dueño de todo, es algo muy distinto a que un presidente diga que hay un pensamiento conservador que se expresa en medios fifís.

Es muy distinto.

Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina de Guadalajara. Foto: Especial

V

Andrés Manuel comenzaba a terminar la rueda de prensa, pero los reporteros trataban de extraer las últimas respuestas: “Y el Zapotillo”, y “la línea 4” y….

Es muy interesante cómo hay “temas locales” que precisan de una opinión del mandatario.

Es sano esto de que las ruedas de prensa de AMLO sean, digamos, itinerantes. Que vayan por una entidad, y después por otra y así. Y es que, en ámbitos locales, hay muchas cuestiones que no están funcionando, y mostrárselas al Presidente es como una victoria. Visibilizar los problemas de la gente en sus ámbitos municipales o estatales, aunque quizás no corresponda al Gobierno Federal, impacta. Y eso es bueno.

La rueda de prensa terminó. Andrés Manuel se retiró, y junto con él, Enrique Alfaro y los titulares de Seguridad, Defensa Nacional y Marina.

Andrés Manuel López Obrador a su llegada a la región militar. Foto: Especial

Ahora, de regreso, me subí al autobús. Extrañé el trayecto en esa pick up camuflada.

La ciudad recibió la visita de AMLO, y el tema es ése en la prensa de Jalisco. Hay un montón de comentaristas que hablan de la rueda de prensa, de que fuera en la base militar, de la pregunta de la reportera de NTR Guadalajara, de la Guardia Nacional, de AMLO en el Tren Ligero (que él insiste en llamar “metro”), y de Enrique Alfaro exhibido al mismo tiempo que defendido.

Una rueda de prensa puso un montón de cosas al descubierto en una entidad y un debate más álgido.

La salida de la zona militar es rápida. Ya hace un calor enorme. Verdaderamente enorme. Parece ya el suelo de esta ciudad una cazuela a fuego alto. Recuerdo la expresión de Alfaro cuando la valiente reportera le mencionaba el trato que él ha tenido con la prensa. Y también me viene a la mente cuando AMLO le dijo “buen gobernador”. Yo pienso que el Presidente se equivoca en su “particular opinión”.

El tiempo lo dirá.