Somos un país de migrantes.

Habrá que recordar que buena parte de nuestra gente (y su descendencia) está en Estados Unidos.

Por eso sorprende que hoy, cuando una caravana de centroamericanos quisieron cruzar la frontera para pasar a nuestro país, las reacciones de muchos fueran racistas.

Leer los comentarios daba rabia.

Tildaron a los migrantes de delincuentes. Dijeron que quienes estaban cruzando la frontera eran “la peor gente”, “morenos”, “malos”, “salvatruchas”, “asesinos”, “simios”, “pobres”, “holgazanes”, “ignorantes”, “mantenidos”, “analfabetas”….

Comentarios y comentarios y comentarios.

Policías Federales contienen a los migrantes en la frontera. Foto: AP

Y no eran bots, no eran robots cibernéticos. Eran perfiles tanto en Facebook como en Twitter de personas reales, gente que por convicción decía eso de un hondureño.

De repente, los comentarios de miles de mexicanos se parecían a los que han salido de la boca de Donald Trump.

Hay muchos que presumen que México es un país “no racista”. Eso es una falacia.

Somo una nación racista entre nosotros mismos. Hacemos menos al pobre y al moreno, al chaparro y al gordo, al que no habla bien español y al que no habla bien inglés, al que viene del campo y al que habla “con errores”. Somos racistas y eso se siente. Sin embargo, ese racismo se consideraba “interno”. Entre nosotros. Racismo de compatriotas…

Policías Federales contienen a los migrantes en la frontera. Foto: AP

Hoy, ese racismo ha traspasado la frontera. Se sabía que existía esto, pero no con la fuerza y la magnitud con la que surge hoy.

Y no solamente la gente. También los grupos, las empresas: los medios.

Un diario de Guadalajara llamado “El Informador” tituló los datos de un sondeo que hizo en su página web (a lo mucho mil respuestas) así: “Mayoría opina que deberían regresar a migrantes de la caravana”, dando a entender que la “mayoría de los mexicanos” quería que se regresaran los migrantes de la caravana.

Eso lo publicó cuando la avalancha de xenofobia comenzaba a crecer en las redes sociales.

Eso evidencia el racismo que también los medios poseen y ejercen.

¿Somos un país de migrantes que defendemos a nuestros migrantes del racismo pero que somos enteramente racistas con quienes quieren estar en nuestro país?

Parece una contradicción, pero así sucede.

Se precisan políticas públicas para eliminar este racismo xenófobo y esta ira hacia quienes no son mexicanos. No podemos permitirnos esto. No lo podemos porque somos un pueblo que ha sufrido la discriminación en otras partes del mundo (en especial en Estados Unidos). No podemos hacer lo mismo.

Hoy, en México nos despertamos y nos enteramos que nuestro vecino, el de enfrente, el que vemos todos los días camino al trabajo, al que le hemos escuchado que Trump es malo, es quizás un racista.

Policías Federales contienen a los migrantes en la frontera. Foto: Especial

Eso baja los ánimos. Jode.

Pero la parte de los mexicanos que es solidaria, que no es racista, que tiende la mano, debe dar la pelea contra el racismo.

No podemos convertirnos en el país que Donald Trump siempre ha soñado.