Hace unos días Andrés Manuel López Obrador cumplió un año y dos meses en la Presidencia de la República.

Si se hiciera un balance serio, analítico e imparcial de su sugestión, se reconocería que el Estado ha dado un viraje hacia la redistribución de la riqueza, a través de los programas sociales emprendidos. Se establecería que se ha comenzado una lucha contra la corrupción y se mencionaría que el actual mandatario ha logrado un gobierno abierto, donde cada duda, por mínima que sea, es contestada, y donde esas dudas y también los cuestionamientos, influyen y tienen impacto en las acciones de gobierno.

También, un balance serio, indicaría que se ha logrado la estabilidad económica, pero que no se ha avanzado lo suficiente en la cuestión de la seguridad. Que se ha logrado detener el incremento de los homicidios, pero que esto es casi nada para el tamaño de la tragedia que las anteriores administraciones dejaron.

Se puede hacer un análisis, sí, y serio, analítico e imparcial de su gestión, más allá de las visiones que ven que todo ha sido malo en la gestión de AMLO.

Al igual que esto, también se puede hacer un análisis serio, analítico e imparcial de lo que la oposición ha hecho, cómo ha actuado y la agenda que ha emprendido. Y sin temor a equivocarnos, podemos decir que ha sido un fracaso. Un rotundo fracaso.

El PAN, el PRI, el PRD y MC han pasado este año y dos meses como sin rumbo. No saben bien cómo enfrentar a un presidente con las características de Andrés Manuel. Sólo reaccionen, y cuando lo hacen, lo hacen mal, y se muestran patéticos y ridículos.

La oposición partidista a AMLO no tiene una agenda más allá de estar en contra de cualquier decisión que tome el actual gobierno. No les importa que sean acciones encaminadas a beneficiar a la gente, a los más pobres del país. No, la intención es criticar todo y estar en contra de todo, y eso ha hecho que no sólo se vean como una oposición sin rumbo, sino como una oposición que está en contra de la gente y de las acciones encaminadas a mejorar las condiciones de vida del pueblo.

¿La oposición criticando que haya apoyos a estudiantes? Sí. ¿La oposición criticando que haya una refinería? Sí. ¿La oposición criticando que se ahorre dinero de un aeropuerto que estaba destinado a ser caro y poco útil? Sí. ¿La oposición criticando que haya internet para todos? Sí. ¿La oposición criticando que se luche contra el robo de combustible? Sí.

Todo lo inimaginable, lo que cualquier estudiante de ciencias políticas afirmaría que no se debe criticar, los de la oposición lo critican, y lo hacen como si estuvieran haciendo un trabajo ético.

Por están derrumbándose todos los días.

Además, los de la oposición no han entendido que ellos perdieron. Que la gente votó por una opción distinta, una opción que se fijara en la gente, en los problemas cotidianos de los pobres, de los humildes de este país. Y la oposición actúa como si ellos hubieran ganado, como si en julio de 2018 la gente les hubiera dado su voto por su calidad ética y por su capacidad de gobernar.

No han entendido que perdieron una, porque AMLO es un fenómeno social, porque la gente coincidió con él, porque lo ven como un líder, y también porque ellos, los de oposición, se consolidaron como una opción desastrosa y sin ética. Pero ellos actúan como si la gente pensara que son una opción con calidad moral.

No han reconstruido nada. No ha intentado ser distintos. No han optado por ser una oposición que comprenda la actual situación del país.

Se han ido por la fácil: por criticar todo. Todo.

Y por eso hoy están derrumbándose. Y se lo merecen. Se lo merecen mucho.