Los grupos de poder se sienten agraviados por las acciones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador porque ve a la política como un medio y no como un fin, como una vocación de servicio y no como una oportunidad para enriquecerse a costa del erario público brincan y se exasperan ante cualquier medida que afecta sus intereses y privilegios a los que estaban acostumbrados en la antigua era de la corrupción.

Así, la eliminación de los fideicomisos que significaban un uso poco trasparente y discrecional de los recursos, la desaparición de la condonación de impuestos y el combate a la facturación falsa, así como la exigencia del pago de impuestos a los grandes deudores y evasores fiscales son vistas como acciones que atentan directamente contra ellos. Los grandes empresarios hoy extrañan los grandes rescates con préstamos del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional que endeudaban al pueblo de México y les permitían seguir amasando cuantiosas fortunas.

Esto explica en parte el deshonroso y deleznable papel que está jugando TV Azteca al descalificar y desacreditar el trabajo de la autoridad sanitaria que ha encabezado el subsecretario de salud Hugo López-Gatell y hacer un irresponsable llamado público (el 17 de abril) a no “hacer caso a las declaraciones ni a las recomendaciones” de dicha autoridad sobre el coronavirus” por, supuestamente, faltar a la verdad.

TV Azteca lo mismo que Televisa u otras grandes empresas como Telmex, Grupo México o Cemex han hecho sus grandes fortunas a través de la sobreexplotación de sus empleados y al amparo de la corrupción, del amiguismo, del tráfico de influencias y de la impunidad que caracterizaron a los gobiernos anteriores desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto, gobiernos que seguían al pie de la letra las directrices del modelo neoliberal basado en la privatización de la ganancias y la socialización de las pérdidas.

Esta estrategia de desinformación y de abierto enfrentamiento a las recomendaciones de la autoridad sanitaria encargada de combatir la pandemia es, sin duda, parte del golpe blando que diversos sectores de la derecha, de la oposición “moral y políticamente derrotada”, de los grupos conservadores y de los grandes empresarios miembros de la oligarquía nacional están orquestando para tratar de derrocar al legal y legítimo gobierno de AMLO que es apoyado por millones de mexicanos y mexicanas que lo vemos como un contraste de lo que no queremos volver a padecer, a saber, gobiernos de muerte y pobreza como los que encabezaron el PRI y el PAN en el pasado reciente.

Ante la gravedad de lo dicho por TV Azteca a través de su vocero Javier Alatorre, la Secretaría de Gobernación (Segob) le hizo un apercibimiento a la televisora argumentando que la información vertida en la conferencia diaria vespertina no es obra de un solo funcionario sino que es mandato del Consejo de Salubridad General que “es una autoridad federal con jerarquía constitucional” y es la responsable de la “emisión de la Declaratoria de Emergencia Sanitaria para combatir la pandemia del SARS-CoV-2, agente causal de COVID-19″, declaratoria que “merece observancia obligatoria en todo el territorio nacional”, pues su objetivo es “preservar la salud pública de las y los mexicanos”.

TV Azteca en lugar de contribuir a que este mensaje llegue a la población se dedicó a desvirtuarlo y contradecirlo desobedeciendo las instrucciones de la autoridad sanitaria. Por ese motivo la Segob conminó a TV Azteca a cumplir “las disposiciones del Consejo de Salubridad General” en el marco de la emergencia sanitaria.

Si bien la televisora y su anunciador estrella pueden argumentar su derecho a la libertad de expresión cabe mencionar que el mismo artículo 6º de la Constitución establece que la libertad de expresión “no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, a menos que perturbe el orden público”. Y aquí es precisamente donde la irresponsabilidad de la declaración de Alatorre deja de ser parte del uso de su libertad de expresión debido a que perturban abiertamente el orden público que pretende establecerse a través de la información pública para atender la emergencia, pidiendo a la población que siga las recomendaciones, evitando el pánico y la desinformación.

Apercibir a la televisora “a manifestar públicamente su respeto a las disposiciones sanitarias contenidas en la Declaratoria de Emergencia Sanitaria, sumándose al frente común convocado por la Secretaría de Salud” es necesario, pero insuficiente.

Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación. Foto: Especial.

Al violentar el derecho a la salud, la Segob podría y debería aplicar sanciones a TV Azteca en el marco del estado de derecho y no quedarse solo en la amenaza de que “en caso de incumplimiento, esta Secretaría iniciará el procedimiento administrativo sancionatorio establecido en la ley”.

El apercibimiento es necesario y loable, pero insuficiente si consideramos además que lo que se necesita son más medidas para contener el poder del capital, la voracidad de los empresarios mezquinos que no tienen “llenadera” y cuya riqueza es inmoral frente a los índices de pobreza en la que está sumida la mayoría de la población.

Las empresas son importantes para el crecimiento económico y para la generación de empleos, siempre y cuando se sometan al estado de derecho, busquen siempre mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras y se tenga al bienestar y el desarrollo como paradigma que permita reducir los alarmantes niveles de desigualdad social y económica que desafortunadamente aún vive nuestro país.

El respaldo público que el gobierno federal hizo a López-Gatell, en voz del propio Presidente y de la Secretaria de Gobernación, ha sido secundado por millones de mexicanos y mexicanas que, a pesar del miedo y la incertidumbre que acompaña a la pandemia, están confiando mayoritariamente en la información pública que día a día se da tanto en la conferencia mañanera como en la vespertina. Información con base científica y técnica que bien interpretada ayuda a generar más confianza y certidumbre que miedo y pánico como sí lo hacen los medios masivos de comunicación a través de declaraciones como las de Javier Alatorre o, peor aún, a través de las cientos de noticias falsas que circulan en redes sociales.

Hechos como la clausura simbólica de TV Azteca realizada por ciudadanos en Oaxaca, el llamado a boicotear las empresas del Grupo Salinas, la petición en change.org para quitarle la concesión a la televisora o la respuesta masiva hecha por usuarios en redes sociales contra el periodista Javier Alatorre por atentar contra la salud de la población, son síntomas de que la sociedad está cambiando, de que los ciudadanos ya no quieren más el régimen de impunidad y de mentiras y apuestan por un gobierno y una sociedad que defienda lo común y lo colectivo.

A través de la presión social tenemos que hacer que TV Azteca se haga responsable de sus inaceptables declaraciones que atentan no sólo contra la autoridad competente para enfrentar la pandemia sino contra la salud misma de la sociedad mexicana.

Es momento de unidad, de salir fortalecidos de esta adversidad, de entender que todos somos parte de esta gran nación. No es tiempo de mezquindades, de querer sacar provecho de la pandemia para atacar a un gobierno que antepone la salud de los mexicanos, de querer golpear a un Presidente deseando escenarios de terror como desafortunadamente se han vivido en países como Italia.

Es momento de reconocer que se ha hecho lo necesario y que en gran medida la población ha seguido las recomendaciones necesarias para contener los contagios gracias a la información dada por el Dr. Hugo López-Gatell y todo el equipo del sector salud que están detrás y a su lado.