El Ejército ordenó el operativo en el que desaparecieron los 43 normalistas de Ayotzinapa. Esa, es una de las conclusiones que la periodista Anabel Hernández presenta en su libro “La verdadera noche de Iguala“, en el que da a conocer los resultados de una investigación que desmonta la “verdad histórica” de la Procuraduría General de la República y revela la verdadera historia que el Gobierno de Enrique Peña Nieto ha tratado de ocultar.

Tras un exilio obligado por el constante acoso del gobierno del actual ocupante de Los Pinos, la periodista Anabel Hernández contó en la presentación de su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara  que ella se enteró de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa durante su estancia en la Universidad de Berkeley y aunque no pretendía regresar tan pronto al país, las excusas del Gobierno Federal la llevaron a tomar la  decisión de investigar el caso, pues los indicios apuntaban que el Estado ocultaba algo grave.

“Fueron realmente los primeros argumentos de la Fiscalía de Guerrero y la excusa inmediata que dice el Gobierno Federal “yo no supe nada, hasta dos horas después yo no tenía ni idea de lo que estaba pasando”, cuando empiezan a inventar esas historias del grupo de los Guerreros Unidos y Los Rojos, lo que desata mi olfato periodístico y pienso que algo no está bien. Cuando yo veía las manifestaciones de las madres buscando a sus hijos, realmente entendí que era una investigación que yo debía hacer”.

Padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa durante la instalación del Antimonumento +43. Fotos: Alfredo López Casanova e Ivelín Meza

Padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa durante la instalación del Antimonumento +43. Fotos: Alfredo López Casanova e Ivelín Meza

Así fue como en octubre de 2014, inició su investigación hablando con las víctimas, los sobrevivientes, los testigos de la noche trágica del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, pero también realizando una investigación documental de la que obtuvo las primeras declaraciones ministeriales de los jóvenes normalistas sobrevivientes y el expediente completo de la Fiscalía de Guerrero en el que se encontraban las pruebas de balística.

Con todos estos elementos, Anabel Hernández fue atando cabos y develando la verdad oculta en el caso Ayotzinapa. Primero, revelando que desde el momento en que los normalistas salieron de su escuela fueron monitoreados en el C4 por todas las estructuras del Gobierno Federal. Después, demostrando que el Ejército estuvo en las calles esa noche, pese a la negación del General Salvador Cienfuegos, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional.

“El Ejército estuvo en las calles esa noche pese a las mentiras del general Salvador Cienfuegos. Hay vecinos que identifican perfectamente a patrullas de la Policía Federal bloqueando diferentes calles para permitir que se cometan estos crímenes contra los normalistas”.

Iguala

Estas pistas la llevaron a descubrir que la trágica noche de Iguala inició tras la llamada de un capo —que no ha sido detenido ni forma parte de ninguna de las organizaciones criminales citadas por la PGR— al entonces coronel del 27 Batallón de Infantería, José Rodríguez Pérez —hoy ascendido a General Brigadier— para recuperar dos cargamentos de heroína con un valor de 2 millones de dólares, escondida en dos de los autobuses que habían sido tomados por los estudiantes.

La orden del capo detonó un intenso operativo entre las 9:00 y 10:30 de la noche coordinado por el Ejército en el que participaron desde policías municipales y estatales, hasta policías federales ministeriales —bajo las órdenes de Tomás Zerón—. El objetivo: encontrar los camiones, detenerlos y rescatar la droga.

Durante ese tiempo, hubo atentados contra algunos de los autobuses y los estudiantes heridos fueron llevados por policías municipales al hospital. Pero después, entre las 10:30 y las 11:00 de la noche, súbitamente la historia cambió cuando detuvieron a los dos camiones con la droga y comenzaron a retirarla ante la mirada de los estudiantes, uno de los posibles motivos por los que fueron desaparecidos.

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Al momento de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el Ejército controlaba Iguala por completo, mientras que la Policía Federal se hacía cargo de todos los accesos de Iguala, los caminos a Huitzuco, a Cocula, las calles de la ciudad.

“¿Dónde están los normalistas? Sigue siendo un hoyo negro, a mí no me ha sido posible encontrarlos. Mi compromiso con las víctimas del caso es seguir buscándolos, hasta encontrarlos. Yo tengo una corazonada de que se podrá saber, hay informantes que saben del paradero de estos jóvenes”.

Uno de los obstáculos que Anabel Hernández enfrentó durante su investigación fue el acoso por parte del Gobierno Federal a sus fuentes de información. Esa es quizá una de las razones por las que no ha podido revelar el paradero de los estudiantes, pues cuando más cerca se encontraba de una probable pista, el Estado mató a uno de los informantes que la iba a conectar con un militar que estuvo presente en el 27 Batallón de Infantería la noche en que desaparecieron a los 43 normalistas de Ayotzinapa.

“Yo quería conocer el testimonio de viva voz del militar, verlo a la cara, mirarlo a los ojos, preguntarle de diferentes formas, detalles, cosas que pudieran decir que era verdad lo que decía. Cuando me iba a reunir con el militar, matan al contacto en la vía pública, mientras podaba un árbol en su casa en Cocula”.

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Las otras víctimas del caso Ayotzinapa

Los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, las 6 personas asesinadas, los 20 civiles heridos y los sobrevivientes traumatizados, no son las únicas víctimas de la pésima actuación de las autoridades federales en la trágica noche de Iguala.

Anabel Hernández refiere que hay más de 100 detenidos injustamente por el caso, entre ellos el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca y su esposa, María de los Ángeles Pineda, policías municipales de Iguala y Cocula, además de obreros y albañiles que fueron presentados como supuestos miembros del crimen organizado y son los principales chivos expiatorios.

La periodista señala que tras una revisión de los expedientes de la PGR se encontró con dictámenes médicos en los que se explícita que los detenidos presentaron cuadros de tortura y a través de un diálogo con los acusados se enteró que algunos de ellos también fueron violados sexualmente y quemados en todas las partes de su cuerpo, además de que algunas de sus esposas fueron violadas para que ellos confesaran los crímenes que nunca cometieron.

José Luis Abarca, ex alcalde de Iguala, y Ángel Aguirre, ex gobernador de Guerrero.

José Luis Abarca, ex alcalde de Iguala, y Ángel Aguirre, ex gobernador de Guerrero.

“Al ex alcalde José Luis Abarca y su esposa que el Gobierno se encargó de convertirlos en los principales chivos expiatorios. Como no eran muy simpáticos y la señora tenía antecedentes de que sus familiares habían sido integrantes del Cartel de los Beltrán Leyva, eran los chivos expiatorios perfectos para hacerlos responsables de los hechos. En mi investigación yo no encontré ningún elemento que los impute en este crimen. Y no sólo yo, tampoco la PGR que los acusa de lavado de dinero, de ser los jefes de Guerreros Unidos y otros crímenes”.

Entre las torturas hubo un homicidio en el estado de Morelos. En su afán de persuadir y cazar a las personas relacionadas con el caso Ayotzinapa, integrantes de la Secretaría de la Marina Armada de México torturaron a un individuo hasta matarlo y para simular que se había suicidado, aventaron el cuerpo desde el último piso.

Pero no sólo fue eso, Anabel Hernández cuenta que uno de los detenidos le escribió en cartas desde la prisión que el ex procurador Jesús Murillo Karam les ofreció millones de pesos para que ratificaran sus confesiones ante un juez, pues sin ese requisito, sus declaraciones no tienen ninguna validez al haber sido torturados.

Padres de los normalistas de Ayotzinapa frente al Antimonumento de Paseo de la Reforma. Foto: Antimonumento/Facebook

Padres de los normalistas de Ayotzinapa frente al Antimonumento de Paseo de la Reforma. Foto: Antimonumento/Facebook

Los Responsables

Al hacer su investigación, Anabel Hernández tenía entre sus objetivos hacer un “un periodismo de rendición de cuentas”, por ese motivo colocó en su libro una lista con los nombres y apellidos de los 66 funcionarios públicos que forman parte del entramaje y el ocultamiento de la verdad en el caso Ayotzinapa.

“Están aquí los nombres de los policías federales, marinos, miembros del Ejército, policías ministeriales que participaron en las torturas, nombre por nombre. Lo peligroso es que todos siguen impunes y en activo, cualquiera de nosotros podemos encontrarlos en un operativo y ser sus víctimas”.

Entre ellos, Anabel Hernández considera que hay dos rostros que los ciudadanos no deben olvidar: el de Tomás Zerón de Lucio, quien ocultó sus propias huellas en el crimen y el de Humberto Castillejos, “un sujeto oscuro del que nadie habla pero es el jefe de Los Pinos y quiere imponer a su primo Ricardo Cervantes como fiscal para garantizar la impunidad en el caso Ayotzinapa, Tlatlaya, la Casa Blanca y todos los crímenes en los que se ha involucrado este gobierno”.

Marcha por estudiantes de Ayotzinapa. Foto: Montecruz/Flickr

Marcha por estudiantes de Ayotzinapa. Foto: Montecruz/Flickr

¿Qué desvela Ayotzinapa?

Aunque sabe que hay muchos más desaparecidos y cada uno de ellos cuenta, la periodista Anabel Hernández considera que la desaparición de los 43 normalistas es un caso emblemático para “entender qué es el Estado mexicano hoy en día, no sólo conociendo los crímenes que son capaces de cometer, sino todo el aparato de Estado que opera para encubrirlos”.

“Estamos ante una crisis terrible en nuestro país. Justamente después de 10 años de supuesta guerra contra el crimen organizado, está más fuerte que nunca y más impune. Y nos encontramos con un Estado coludido con el crimen organizado”.

Lejos de desalentar a los ciudadanos al presentar esta cruda realidad sobre la maquinaría brutal de barbarie y muerte que opera en México desde hace diez años, Anabel Hernández alienta a las personas a no dejarse vencer por el egoísmo y desterrar la idea de que mientras lo malo les ocurra a los demás, estamos seguros.

“Tenemos que entender que nadie está a salvo. Mientras no nos comprometamos con el destino de los demás, nuestro destino está perdido”.