Cuando en 1934 el presidente Lázaro Cárdenas decidió irse a vivir al rancho de La Hormiga, dentro que lo que actualmente se conoce como Los Pinos, lo hizo con el argumento de habitar una residencia menos lujosa que el Castillo de Chapultepec, que era entonces la residencia oficial, pues su estilo político era de mayor austeridad.

Hoy, 84 años después, Los Pinos se ha convertido en un claro ejemplo de derroches y despilfarros, que se ha ido remodelando y adecuando de acuerdo con los gustos y necesidades del Presidente en turno y sus familias.

Según revela una investigación realizada por SinEmbargo, en los últimos dos sexenios se invirtieron 28 millones 560 mil 553 pesos en la mesa de Los Pinos, entre vajillas, cubiertos, mantelería y la renta de suministro de alimentos perecederos de alta calidad como carnes y mariscos, además de finos abarrotes.

De acuerdo con la Unidad de Datos del portal, el gasto fue hecho de manera discreta, pues jamás se supo por qué y para qué se adquirían determinados alimentos o cosas, pero dicha suma habría alcanzado para comprar cerca de 14 viviendas en una colonia céntrica de la Ciudad de México.

Un ejemplo de dicho gasto está registrado en septiembre de 2011, cuando a punto de dejar Los Pinos, Felipe Calderón adquirió utensilios por 40 mil pesos en la Comercializadora y Distribuidora Dumar. Y poco después de su llegada a la residencia, Enrique Peña Nieto aseguró el suministro de pescados y mariscos por un millón 574 mil pesos con Operadora Promotter, de marzo a diciembre de 2013.

A pesar del marco jurídico de la Transparencia en México, la familia del Presidente no está obligada a decir de qué manera usufructa la residencia de Los Pinos. A través del Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales (INAI), la Presidencia se negó a detallar, por ejemplo, cuánto dinero se utilizó para las remodelaciones que se hicieron en la propiedad cada vez que cambiaba el Gobierno.

Tampoco se quiso revelar cómo vivían los inquilinos, cómo se alimentaban o cuántos elementos del Estado Mayor Presidencial tenían asignados, a pesar de que todos esos gastos son del ámbito público, pues se trata de una propiedad que le pertenece a los ciudadanos.

Lo que revela SinEmbargo es que, para adornar el comedor de Los Pinos, Felipe Calderón adquirió mantelería fina que costó 509 mil 747 pesos. No obstante, cuando Peña Nieto llegó a la casa, adquirió nuevamente mantelería con un valor de 337 mil 155 pesos.

Además, la investigación presenta que durante su administración, Calderón destinó un millón 315 mil 621 pesos para artículos de mesa -como vajillas y cubiertos finos-, mientras que Peña Nieto volvió a comprar dichos artículos por 666 mil 697 pesos.

Lo que se servía en dicho comedor también refleja claramente el estilo de vida de las familias presidenciales, pues en el periodo en que Calderón habitó la casona, se invirtieron un poco más de 11 millones de pesos en carne, pollo, mariscos y abarrotes de alta calidad; por su parte Peña Nieto ha destinado 13 millones 883 mil 772 pesos en el mismo rubro.