Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

I

20 de mayo de 2018.- Dijeron que Andrés Manuel está grave de salud: que de tan viejo, ya la columna no le sirve. Yo lo tengo enfrente, y Andrés Manuel se ve bien: con más fuerza y energías que yo.

No lo acompañé hoy en todo el día de gira que hizo por Jalisco, pero me dice César Huerta que él sí. César me cuenta que él está cansado, que se levantó temprano, que se metió en un auto y que pasó dos horas y media sentado en el trayecto a Ciudad Guzmán. Que ahí estuvo parado mientras Andrés Manuel hablaba de pie, en el templete.

Me dice César que en Ciudad Guzmán a AMLO no lo dejaban retirarse, que estuvo dando apretones de manos y besos y tomándose fotos con decenas de personas, con cientos de personas, con miles de personas.

César me cuenta que después se metieron al auto de nuevo y que en lugar de ir a Jocotepec, el siguiente punto en la gira de Andrés Manuel por Jalisco, decidieron ir directo a Tlajomulco (el tercer punto de la gira), porque si llegaban a Joco tendrían el tiempo súper apretado; y además, me dice César, siempre con AMLO se viaja súper rápido: “van en chinga”.

Simpatizantes de AMLO en Ciudad Guzmán. Foto: Especial

Esto me lo cuenta en Tlajomulco. Su rostro está rojo, pero no por comunista, sino porque el sol le pegó fuerte.

César me cuenta que viene molido, cansado, con calor, y que el sueño lo trae encima y a veces se le cierran los ojos. Me dice mientras Andrés Manuel está de pie, arriba del templete, hablando fuerte, como un roble.

César no pasa los treinta años.

Dicen que Andrés Manuel está grave de salud. Y yo lo veo, y puedo asegurar que está mejor que yo. Que llevo acá poquito tiempo en el mitin, y ya no aguanto el calor; además, mis pies comienzan a sentir enojo.

AMLO en Ciudad Guzmán. Foto: Especial

II

Tlajomulco es el bastión de Movimiento Ciudadano en Jalisco. Ahí comenzó su carrera política Enrique Alfaro, quien hoy aspira a gobernar Jalisco. Ahí fue presidente municipal. Ahí se hizo fuerte el ná ná ná ná ná.

Hace unos meses, el alcalde de ese municipio, Alberto Uribe, al saber que Movimiento Ciudadano se uniría con el PAN, decidió salirse del partido naranja. No podía ser incongruente. Teniendo todo para vivir en el confort de una carrera política llena de éxitos al lado de Enrique Alfaro, decidió rebelarse: no podía ir en contra de lo que siempre ha creído. Se unió rápido a Morena, y ha caído como anillo al dedo. Junto con Carlos Lomelí, el candidato a la gubernatura de Jalisco, han hecho una mancuerna que ha dejado a Morena como la segunda fuerza electoral ascendente en una entidad que le era complicada a Andrés Manuel.

Se nota que Alberto Uribe es querido en estas tierras. Una niña lo ve mientras el hoy ex alcalde de Tlajomulco da una entrevista, y emocionada, la niña le dice a su mamá: “mire má, ahí está Uribe, mire má, Uribe”. La mamá voltea y ve a su niña correr a donde Uribe habla ante cámaras y grabadoras. La chamaca trae la cara con una sonrisa enorme. La mamá la ve como orgullosa.

Alberto Uribe y AMLO. Foto: Especial

El mitin de Andrés Manuel es en una cancha de fútbol de pasto sintético. Yo, que siempre quise ser futbolista pero que siempre supe que era pésimo con las piernas, me siento como niño. Me imagino que hay una pelota, que driblo, que rompo caderas, que corro rapidísimo, que me detengo, que apoyo bien mi pie y meto un zapatazo al balón, y que éste, con fuerza, va a dar al ángulo de la portería.

No se lo digo a nadie, pero hasta me imagino que de las gradas (que están ahora llenas de gentes para ver a Andrés Manuel) surge un estruendoso aplauso por ese gol que da un campeonato (a los Pumas, claro está).

Aquí, en esta cancha que es testigo de mis sueños truncados, pusieron tres lonas gigantes, porque el sol es insoportablemente letal. Yo pienso que pensaron que con tres lonas enormes bastaba. Pero no. Las imágenes que obtuvo Juan Pablo Martínez desde un dron, evidencian que la gente desbordó los lugares de sombra. Y por mucho.

III

Estoy en la entrada de donde será el mitin. Dicen que Andrés Manuel vendrá pronto. Que está por llegar. Enciendo mi celular: quiero trasmitir en vivo su arribo. Hay dos vallas humanas con más de cien personas cada una que van a una zona donde hay dos vallas metálicas donde pasará Andrés Manuel.

El reto es que pase de la calle, por las vallas humanas, rumbo a las vallas metálicas. Digamos que unos cien metros.

La gente comienza a corear “presidente, presidente, presidente”. Yo me cuelo entre las vallas humanas, enciendo mi celular, y estoy listo para trasmitir la “llagada de Andrés Manuel a Tlajomulco, en Jalisco”.

Aparece primero Marcelo Ebrard. La gente lo reconoce, le pide fotos. Pero todo tranquilo. En eso llega Andrés Manuel. Le pongo el botón de “transmitir en vivo” al celular. Lo que sigue a continuación es una experiencia nueva para mí. Andrés Manuel rodeado de la gente. Intentan hacerle campo, abrirle camino, pero hay tantas personas que quieren verlo y saludarlo, que es todo muy lento. Y ahí ando, con mi mochila y mi celular, captando el momento. En dos minutos estoy empapado de sudor. Hago fuerza para seguir de pie. Me empujan. Y como música de fondo los gritos de “presidente / presidente / presidente” y el clásico coro: “es un honor estar con Obrador”.

Ya no puedo más. La gente me avienta. Casi me caigo. Solamente miro cómo Andrés Manuel, fuerte como un roble, camina. No se le ve ni una cara de enfado. Sonríe. Saluda a la gente.

¿Es él de quien dicen que está grave? ¿Es él de quien dicen que la columna no le aguanta más?

Corro, trato de encontrar espacios en su camino al templete. Ya ha llegado a la zona de vallas metálicas. Un niño se le acerca, y con un rostro de sincera alegría, le da un saludo.

La gente está contenta. Emocionada. Yo camino y trato de no caerme. Estoy agotado, lleno de sudor. El sol es enorme y el calor potente. Y ahí va Andrés Manuel, sonriendo siempre. Trasmitiendo alegría.

IV

En este mitin, como en casi todos los mítines donde está Andrés Manuel, hay varios puestos de artículos pejezombis. Y se vende todo bien. Están los chalecos, las calcas, las tazas, las camisas y los paraguas. Digamos que lo típico, lo de siempre.

Pero ahora hay también objetos que yo nunca había visto. Me impresiona uno que es un pañalero estampado con un Andrés Manuel en caricatura, y al lado, el mensaje “Morena peje_moji”.

Le tomo una foto y la subo a Twitter con el mensaje de “un pañalero”, y como a los cinco minutos, Anita Valle Sánchez me pone un mensaje que me parece contundente: “Yo ya no tengo niños chicos, pero con gusto compraría uno..”

También en la vendimia hay unas bolsas que dicen Morena, y morrales con la cara de Andrés Manuel López Obrador. Y hay muchas pero muchas cachuchas. Yo pienso que es por el sol, que pega y duro. La gente trata de buscar un pedacito de sombra. Se apretuja debajo de los toldos, pero no cabe. Así que cualquier sombra es bienvenida. La cuestión es que las sombras no alcanzan para tanta gente que somos.

Hay, claro está, a quienes el calor les importa un comino. Una chica baila con un chico la canción de Pedro Navajas. Bailan ambos bien: diría que hasta sabroso. Al fondo de ellos, hay una cartulina que dice: “hagamos historia bailando”.

Me alejo un poco del bailongo y escucho una conversación seria: una chica le dice a un chico: “el abuelito se va de acá al debate; los otros ya están allá, seguro en súper hoteles con aire acondicionado. Y el abuelito acá, con la gente”.

AMLO en Tlajomulco. Foto: Especial

V

Andrés Manuel aclara antes de comenzar su discurso: “no quiero tardarme mucho, porque ya ven que andan diciendo de mi salud”. Todo se ríen. Cuatro jóvenes, todos con músculos de esos que se hacen yendo horas y horas al gimnasio, están en pleno sol escuchando el discurso de Andrés Manuel. Cuando éste dice: “Se va a acabar la robadera”, a uno de ellos, así, de repente, con una voz ronquísima, se le escapa un “te quiero”. Sus compañeros lo voltean a ver. Él, apenado, se sonroja. Después ríe.

Y es que aquí todos están contentos. Y atentos. Hay más atención que en un salón de clases. La gente, sí, revisa sus celulares, a veces toma fotos, pero escucha lo que dice AMLO. Y lo reflexiona. Está metida en el mitin. Y eso es bien interesante, porque se tiende una relación sentimental y racional con Andrés Manuel.

Una señora, que va con cuatro niñas, se sube a una silla y siempre sostiene una cámara. Está casi hasta al final de la cancha, en uno de los lugares más alejados del templete: seguramente Andrés Manuel se ve, de tan lejos, casi como un puntito. Pero ella graba y graba. No deja de grabar. De repente le echa una mirada a sus niñas, les dice algo, que se callen, que no jugueteen tanto, pero ella está metida en el discurso de Andrés Manuel. Y sostiene la cámara.

¿Se lo estará grabando a alguien más? ¿Lo escuchará al llegar a su casa? ¿Se lo enseñará a su pareja, o a su mamá, o a su abuela, o a ella misma?

VI

Camino por donde puedo, por donde me deja el titipuchal de gente. Miro los rostros de las personas. Aquí hay algo, hay emoción, hay alegría, hay sonrisas. Muchas sonrisas. La gente está contenta de que Andrés Manuel López Obrador esté en su colonia, en su barrio.

Un muchacho como de veinte años. Está sentado en una silla de ruedas. Lleva una cachucha de morena para taparse el sol, porque ya no alcanzó sombra. Él es moreno, de piel morena. Me llama la atención porque su mirada es como melancólica, como triste. Está a un costado de donde se ubica el templete. Andrés Manuel está hablando, y de repente, dice algo: “vamos a tratar con dignidad a quienes padezcan una discapacidad, y más si son gente humilde”.

De repente, un señor que estaba adelantito del muchacho de la silla de ruedas, se voltea, abraza al chico y le dice: “mire mijo, ya chingamos, ahora sí nos van a ver, ahora sí vamos a contar”.

AMLO en Tlajomulco. Foto: Especial

VII

El mitin concluye. Andrés Manuel dijo que hablaría poco, y terminó hablando bastante. Pero quizá no tanto como quería. Y es que anda apurado: tiene que tomar un avión pronto para irse a Tijuana y estar en el debate. Repite varias veces que, si no se apura, el avión lo va a dejar.

Ya está anocheciendo, y el calor, aunque continúa insoportable, se vuelve menos grotesco. Antes de irme voy a los baños. Mientras me lavo las manos, escucho a lo lejos un “es honor, Obrador / es honor, Obrador”.

¿Quién será?

Salgo y miro que son dos niños de no más de siete años. Traen una banderita de Morena y están emocionadísimos con la consigna. Sonríen mucho. Mucho.

Ya estoy afuera de la cancha de fútbol. Me detengo en un puesto de hot dogs. Le digo tímidamente a Alejandra, con quien estuve durante todo el mitin: “mira, son tres por cuarenta pesos”. Nos detenemos. Pedimos una “orden”. Llega una señora con dos muchachas adolescentes, de apenas unos trece o catorce años. Piden otra orden. La adolescente que se ve más niña pero que es más alta, le dice a la señora, casi suspirando, con rostro de amor: “ah, mamá, pues yo sí pienso que Morena gana”.

La señora la voltea a ver, y mientras le entrega un hot dog de la orden de tres, le dice: “Verás que sí”.

Ellas están contentas. Yo también.