El estatus económico del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) fue en picada durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Su crisis fue tal, que la nueva administración tendrá que inyectarle recursos extras para evitar que su operación colapse. Todo esto, como resultado de la corrupción que lo carcomía.

De acuerdo con SinEmbargo, entre 2012 y 2017 los gastos (+12%) y pasivos (+42%) del ISSSTE aumentaron al doble que sus ingresos (+6.4%) y activos (+21%).

Lo que no disminuyó fueron las adjudicaciones directas (45 por ciento del gasto contratado), mientras que los gastos dispensables (por un total de 39.2 mmdp) no disminuyeron.

Además, según las cifras oficiales más actualizadas, en las finanzas del ISSSTE predominaron los números rojos que pudieron ser “parchados” con subsidios y transferencias federales, así como un creciente número de gastos irresponsables, tomando en cuenta el contexto fiscal deficitario.

Sobre el tema habló Pedro Mario Zenteno Santaella, director normativo de Administración y Finanzas del ISSSTE, en entrevista con Luis Cárdenas, para MVS Noticias:

“Tenemos nosotros un presupuesto operativo de 80 mil millones de pesos. Sólo (del) Capítulo 1000 (de servicios personales) son 43 mil millones. Nos quedan 37 mil millones; de esos, 19 mil millones son de pasivos que han dejado las administraciones pasadas (…) Necesitamos 22 mil millones (adicionales al presupuesto) para (…) que el instituto no tenga problemas en su operación”, dijo.

Esta situación, según explicó Zenteno, es consecuencia del imperante “desorden administrativo”, de la falta de planeación presupuestaria y de cumplimiento normativo, así como de la subsistencia de “usos y costumbres que han dañado a la institución”, como el “abuso” en la compra de algunos antibióticos a precios hasta al mil 200 por ciento arriba de su valor real.

El Senador de Morena, Ricardo Monreal explicó en un proyecto de iniciativa que, para poder poner en orden las finanzas del ISSSTE, la nueva administración tendrá que fortalecer los mecanismos de fiscalización y rendición de cuentas, “combatir de frente la corrupción y establecer criterios de austeridad”.

La crisis del ISSSTE

Hasta el 2017, la institución tenía 104 mil 574 empleados y 13 millones 256 mil 582 derechohabientes a nivel nacional. También brindó 23 millones 678 mil consultas, 270 mil cirugías y 2 millones 486 servicios de urgencia, además de sus actividades económicas, sociales y culturales.

Al entrar en una crisis de ineficiencia administrativa, la institución –que atiene al 11 por ciento de los mexicanos- no sólo afectó su bolsillo, sino que pegó también en la calidad de los servicios que brindaba.

Un ejemplo de esto fue cómo, a finales de mayo de 2015, el entonces director general del ISSSTE, Sebastián Lerdo de Tejada Covarrubias, falleció de un paro cardiaco en el Hospital Regional Adolfo López Mateos. Luego se dio a conocer que la muerte se debió presuntamente a las fallas de protocolo.

Según la Secretaría de Salud, la efectividad de los servicios médicos puede medirse usando como indicador la tasa de mortalidad general intrahospitalaria. Por su parte, la tasa de ocupación hospitalaria funciona para medir el grado de eficiencia institucional.

Así, la Unidad de Datos de SinEmbargo calculó ambas tasas con los parámetros oficiales y encontró que tanto la efectividad como la eficiencia del Instituto decayeron junto con su sanidad financiera.

La tasa de mortalidad general aumentó de 4.3 a 5.4 casos por cada 100 personas y, aunque es un rango “aceptable”, deja claro que cada vez hubo menos vidas salvadas en el ISSSTE.

Por su parte, la tasa de ocupación pasó de 70.7 a 70.8 puntos, y aunque también se consideran resultados “aceptables”, la variación indica que aumentó la saturación en los servicios.

El déficit del ISSSTE

Durante los primeros años del sexenio peñanietista, la institución sangró dinero. Entre 2012 y 2017 se tuvieron, en promedio, pérdidas anuales 10.8 mil millones de pesos.

De acuerdo el Artículo 228 de la Ley del ISSSTE indica que sus ingresos provienen de cuotas y aportaciones de patrones y beneficiarios, intereses por crédito, inversiones y sanciones, entre otros derechos.

Cuando se tienen ingresos superiores a los gastos, el sobrante pasa a las reservas –como parte de los pasivos- para contingencias y financiamientos. Cuando el caso es contrario, el “déficit” debe ser cubierto por los gobiernos federal, estatal y/o municipal, según indica el Artículo 231.

Así, entre 2012 y 2017, fueron las transferencias y subsidios del Gobierno federal las que cubrieron el déficit de los seguros del Instituto, con una suma anual de 13 mil millones de pesos en promedio. Como consecuencia, anualmente el ISSSTE tuvo “ahorros” de 2.2 mil millones, en promedio.

Sin embargo, aunque eso logró sacar adelante a la institución, no se resolvió el desequilibrio financiero que se acumuló durante el sexenio, periodo en el cual la balanza primaria general de operaciones experimentó una variación real del -93 por ciento.

Con esto, en 2017 su “ahorro” después de transferencias y subsidios fue de 4.6 mil millones menos de lo registrado en 2012.

“El cocieron del ISSSTE fue observable, por ejemplo, en el aumento de pasivos laborales en 2018, sin que hubiera ‘insuficiencia presupuestaria’ para justificarlo. Así, de 2012 a 2018, la pasada administración se llevó 10 mil millones de pesos ‘al baile’, toda vez que devengó 18.9 mil millones de pesos, en lugar del promedio (2012.2017) anual de 7.5 mil millones”, explicó Zenteno Santaella.

Por otra parte, las cifras del ISSSTE y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) muestran que los gastos del Instituto durante la administración pasada no reflejan responsabilidad y austeridad que habrían de ser obligadas, dado su situación financiera.

Los egresos fueron en aumento en 39 por ciento real, mientras que los ingresos amentaron en 33 por ciento. Esto tuvo como resultado que la balanza entre ingresos y egresos tuviera una tendencia negativa (-4 por ciento) en 2013 y 2017.

Esta ineficiencia del gasto coincide con las formas de licitación y las prioridades reflejadas en el comportamiento de la variación presupuestaria por partida, en las que hubo prelación en las compras sin un concurso de por medio, además de una desproporción entre los gastos proritarios y los dispensables.

Entre 2013 y 2018 el 76.4 por ciento de los contratos de la institución se otorgó sin concurso de por medio; esto significa que hubo, al menos, 183 mil 206 (de 239 mil 6889) contratos licitados por adjudicación directa, además de los que se dieron por concurso abierto (15.4 por ciento) y por invitación restringida (8 por ciento).

“Incrementar la competencia en las licitaciones y limitar la asignación directa a proveedores” en el ISSSTE ayudaría, en conjunto con otras medidas, “a incrementar la competencia, mejorar la calidad de los servicios de salud y generar ahorros”, dijo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2013 a quien entonces dirigía el ISSSTE, Sebastián Lerdo de Tejada.

Y, por si fuera poco, información revisada por SinEmbargo indica que la institución tuvo gastos que podrían haber sido una oportunidad de ahorro o, incluso, un desahogo para la difícil situación financiera que atravesaba.

Entre 2013 y 2017, el ISSSTE invirtió 1.1 billones de pesos para soportar su operación.

El 13.1 por ciento de esa cantidad, es decir 146.7 mmdp se usaron para cubrir partidas como servicios personales, ropa deportiva, viáticos y publicidad, que bien pudieron ser reducidas por medio de políticas de austeridad, sin comprometer la operación del Instituto.

Este 2019, al ISSSTE le harían falta 22 mil millones de pesos para salir adelante, lo que implicará reducir adjudicaciones y gasto ocioso, además de la implementación de estrategias de compras consolidadas y planes multianuales de inversión, según estableció la OCDE.