Parecía imposible: una mujer, de un partido de izquierda, poco conocida, con nada de “alcurnia política” (de esa que es tan bien vista por la clase dominante) y, además, sin dinero…, ¿ganadora de la presidencia de Puebla?

La historia de Claudia Rivera Vivanco muestra, y demuestra, que la apuesta de Morena por las bases es acertada.

II

Un día Javier Palou me escribió en Twitter: “estoy apoyando la campaña con Claudia, es un perfil muy interesante, deberías echarle un vistazo”.

Javier y yo nos conocimos en 2006, poco después del fraude electoral. Era la época en que los medios tradicionales formaron un cerco informativo y no había manera de saber nada de lo que hacía o dejaba de hacer Andrés Manuel López Obrador. Las redes sociales aún no existían o no estaban tan generalizadas. Nada de Facebook ni de Twitter. Puros blogs. Y la radio en internet.

Javier comenzó, no recuerdo bien en qué fecha, un noticiero en RadioAMLO. Era innovador y radical eso, porque si bien es cierto en RadioAMLO había programas, no un noticiero en forma. Yo quedé encantado. Con las noticias que daba y comentaba Javier, me sentía informado. Pero yo quería participar y me comuniqué con él, le dije que lo apoyaba y ahí fue que surgió la amistad.

“Claro, claro, cuéntame de ella”, le respondí.

Me mandó un correo con algunos datos de Claudia y yo me puse a investigar más. El perfil era interesantísimo: una chica que venía desde abajo, desde el movimiento pro-AMLO de 2004 (cuando el desafuero), que había participado en todas las resistencias posibles, que había estado ahí, echada para delante, cuando fueron los tiempos buenos y cuando los malos, cuando las esperanzas y cuando las impotencias, las muchas impotencias de un país que no quería ceder.

Quedé atraído por su perfil. Me identifiqué con ella y pensé: “esta chica se merece que en Polemón le hagamos un texto lindo, no solamente una nota o una mención”.

Pero en Polemón estábamos rebasados con las campañas. Las pocas manos que somos no nos daban para más. Así que pasó el tiempo y nada hicimos de Claudia.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

III

Javier, unos días antes de las elecciones, me reclamó cariñosamente: “ni mencionaste nada de Claudia”. Tenía razón: no había dicho nada, y acepté: “el tiempo se me fue…”. Javier me comentó de la campaña y me dijo que estaba esperanzado. Algo le olía a victoria: “nos irá bien en la elección”.

Cuando fueron las elecciones, AMLO ganó y Morena triunfó en buena parte del país. Era el éxtasis: tantos años cargando derrotas persistentes y por fin…

Revisé datos electorales de diputados, senadores, gobernadores y de repente, me encontré que en Puebla capital, Morena ganó. Me dio gusto. No solamente era un triunfo de Morena como partido, sino también de las bases de Morena, de la gente que lleva ahí muchos años de vida invirtiendo tiempo, esfuerzo, imaginación y talento para transformar al país con la sinceridad que da el sentimiento de querer cambiar lo malo por bueno.

Claudia Rivera, presidenta municipal de Puebla. Foto: Especial

IV

Llego a Puebla tempranito y el sol sigue escondido. Traigo todavía el vaso que me dieron en el camión y que contenía un líquido al cual la señorita que me lo dio en el ex dé efe le llamó, equivocadamente, café.

Me voy al centro, compro los periódicos y los leo. Hay muchas noticias locales que no entiendo. Me he desligado de esta ciudad por más de diez años. Desde hace al menos como siete que no estoy en esta esquina que da al jardín central, con esta vista tan linda. Antes solía venir más seguido, pero ya no.

La ciudad de Puebla, ¿ganada por la izquierda? Hasta parece complicado decirlo. Hace unos años eso era como impensable: nunca me imaginé que esta capital fuera a ser gobernada por una mujer perteneciente a Morena, un partido (recién creado) de izquierda. Nunca.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

V

Llego a una casa que no parece oficina. Hay gente que está trabajando ahí, metiendo una línea de teléfono, arreglando como un recibidor. Pocos muebles.

Toco y alguien de dentro se acerca.

“Vengo con Javier Palou”.

Me pasan, subo las escaleras y saludo a Javier. Cuantos años sin vernos…

Paso a una habitación que es oficina. Hay un librero relativamente viejo, un escritorio y ya.

Ahí está Claudia. Siguen las presentaciones de cortesía: que qué bien, que felicidades por el triunfo y que perfecto todo.

Entonces inicio lo que es una especie de entrevista que en realidad va como una observación participante así al estilo antropológico, y es que mientras charlo con Claudia, ella de repente discute con otras personas cosas de la ciudad, de su equipo de trabajo y de los proyectos que trae.

Claudia se mira contenta, y no es para menos. Ganó la capital de Puebla, y lo hizo con una votación histórica: nunca nadie en la historia de esa ciudad tan importante para el país había obtenido tantos votos. Nunca nadie.

Lo interesante que hizo Claudia fue algo que muy pocas veces se hace, o algo que muchos liderazgos de Morena en varias partes del país no suelen realiza: “bajar” las ideas de lo que podríamos conceptualizar como el “lopezobradorismo”. Es decir, hizo esas ideas cercanas a la gente en un ámbito local.

Claudia Rivera, presidenta municipal de Puebla. Foto: Especial

Cuando alguien dice: ¿qué quiere Morena o Andrés Manuel? Quizás las respuestas son fáciles: justicia para la gente, que el petróleo sea de los mexicanos, que haya desarrollo, no más corrupción, sí a la austeridad, regeneración social, etcétera.

Pero, ¿cómo hacerle para que eso se que se plantea a nivel nacional se traslade a la localidad, al terruño, a la patria chica?

Un día, en una ciudad del norte del país vi en un debate a una candidata de Morena a una presidencia municipal. Cuando le preguntaron cuáles eran sus proyectos específicos para la ciudad que pretendía gobernar, respondió: “revertir la privatización de Pemex”. Y sí, eso sería excelente, pero el debate era para conocer lo que se proponía para una municipalidad, no para la presidencia o para una diputación o senaduría.

¿Cómo hacer un plan de propuestas de izquierda, cercanas a los planteamientos de Morena, para una ciudad?

Eso hizo Claudia. Y yo pienso que eso motivó que, la gente de Puebla, confiara en ella y votara por ella.

Claudia Rivera, presidenta municipal de Puebla. Foto: Especial

VI

Puebla es una ciudad de contrastes, me dice Claudia. Existe altos índices de pobreza y de pobreza extrema. Hay gente que tiene hambre en la ciudad.

El plan que Claudia trae en mente, y que quiere poner en práctica, tiene que ver con acciones concretas, y todas están encaminadas a lograr justicia, a que exista más igualdad, a que no se roben el dinero, a que haya eficacia en las acciones que se emprenden.

Mientras me platica sus planes, llegan unas personas y charlan con Claudia. Es sobre el plan que tienen para hacer abierta la contratación de personal en el ayuntamiento de Puebla. Mientras se discute eso, paso a la otra habitación y veo ahí láminas y láminas y láminas con muchas letras pegadas en todas las paredes. Son las distintas dependencias del municipio de Puebla.

Javier me cuenta: “estamos reorganizando todo. Todo”. El plan es hacer eficiente la administración: nada de gastos superfluos; todo encaminado a invertirse con eficiencia en la gente y en el bien de Puebla.

Me quedo pensando en el trabajo enorme que representa eso: cortar aquí, poner allá, liberar recursos.

De regreso con Claudia.

Me dice que ella tiene una ventaja: no llega con compromisos más allá que con la ciudadanía. No tiene que dar contratos a empresas que le “invirtieron” a su campaña. No tiene que contratar a la “gente” de tal candidato o líder sindical o personaje de alcurnia para pagar un favorcito que se hizo.

No, llega libre. Y eso le da una ventaja: una enorme ventaja.

Claudia Rivera, presidenta municipal de Puebla, con Javier Palou. Foto: Especial

VII

Yo recuerdo cuando, en 2004, Vicente Fox intentó descarrilar las aspiraciones de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República. No quería que jugara en la contienda porque estaba seguro de que ganaría. Por eso se inventó cualquier pretexto, por eso existió el desafuero.

Recuerdo que en esa época me hice AMLOver, aunque en ese tiempo no nos llamaran así a quienes apoyábamos o simpatizábamos con Andrés Manuel.

El caso es que mucha gente se manifestó en contra del desafuero. Para quienes lo vivimos, esa experiencia nos marcó para toda la vida. Nunca había visto tantas ganas de impedir una acción ilegal. Las marchas enormes, con inventiva, con fuerza, con todo por delante. Yo vivía ese proceso en la Ciudad de México, pero mucha gente lo experimentaba en otras entidades.

Así fue el caso de Claudia.

Ella me dice que su mamá la llevó a una marcha en la Ciudad de México y que ella se quedó impactada y con muchas ganas de seguir luchando. Desde ese momento se hizo, como miles nos hicimos, Pejezombi.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

Claudia me recalca varias veces: su ingreso “a la lucha” pro-AMLO no solamente fue suyo, sino de la familia entera. Fueron ella y sus hermanos, y también su mamá. Y como esa familia (la familia de Claudia) hubo muchas.

Ella había estudiado una licenciatura en Economía en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y me cuenta que conocía ya temas de injusticias e inequidades, pero que el asistir a las marchas en contra del desafuero le dieron otras herramientas de análisis. Dice, convencidísima: “empecé a interpretar de otra forma la realidad”.

Cuando luchábamos contra el desafuero, no sabíamos la avalancha de fracasos e imposibilidades que se nos venían encima: la guerra sucia de 2006, el fraude, el plantón, la lucha por lograr que los medios no hicieran mierda al movimiento, la organización, el estar todos los días con la esperanza, la formación de Morena, las elecciones de 2012, el efecto Peña Nieto, el fraude, la violencia incontrolable, la fundación de Morena como partido, la organización, la organización, la organización.

La terquedad para no perder la esperanza, los sueños, las ganas puestas otra vez, las fuerzas, nuestras fuerzas, las fuerzas de otros, las expectativas, el no confiarse nunca de nada, el estar ahí, siempre, siempre, siempre.

Quienes vivimos todo ese proceso, adentro o afuera de Morena, pero simpatizando con AMLO y nunca desencantándonos, estamos como hermanados. Como que traemos un tatuaje que nos identifica.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

Claudia vivió todo el proceso: el desafuero, el fraude, la Convención Nacional Democrática, el plantón, el gobierno legítimo, las brigadas, las acciones en la calle, la lucha contra la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex), las obras de teatro que se montaban para concientizar a la gente del despojo que nos estaban haciendo, la consulta, el reparto del periódico Regeneración, la organización de Morena, las elecciones de 2012, el fraude y la consolidación de Morena como partido político.

Escucho la voz de Claudia decir palabras como éstas: “acá me tocó más en el distrito nueve, ir casa por casa, además de para ir empadronando, pidiéndole a la gente que se sumara a la defensa del petróleo y que fuera a la consulta, y también a entregar los periódicos”.

Yo recuerdo esa época: casa por casa, diciendo: “mire, señora, señor, quieren privatizar el petróleo, y si lo hacen nos va a ir muy mal. Muy mal”.

Hablo con ella y lo tiene todo bien presente. Más que yo. Hasta me presume: “por ahí tengo mi credencial de la Convención Nacional Democrática”. No le digo, pero yo también la guardo así como bajo candado.

Claudia habla y yo de repente me veo diciendo “sí, sí, si es cierto, de eso no me acordaba…”

En alguna época del sexenio de Felipe Calderón, quienes simpatizaban con Andrés Manuel en Puebla, además de tener una brigada, montaron un local al cual le llamaron “casa de la Reforma”. Era un espacio de discusión. Claudia se acuerda muy bien: “ya con las actividades de la casa de la Reforma, empezamos a complementarlas, además de formación política, metimos el cine debate, los talleres de la caravana de apoyo a la economía popular, talleres con niños, de género, despensas verdes, etcétera. En la casa también hicimos un programa de asesoría a deudores crediticios, por el abuso de los bancos. Los apoyábamos para que se defendieran”.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

Me doy cuenta que Claudia surgió de las bases de Morena cuando Morena aún no existía. Es de esa gente que en 2004 estuvo gritándole a Andrés Manuel López Obrador, en una plancha del zócalo llena, “no estás solo”.

Pasa gente por la oficina. Claudia atiende asuntos, dos, cinco, diez minutos. Yo observo. Dice un título que tengo guardado en un cajón que soy antropólogo y que sé hacer trabajo de campo. Me aplico: me pongo científico.

-¿En qué nos quedamos? -dice Claudia después de despedir a un chico que quiere apoyar en “eso de la cultura”-

-En RadioAMLO -responde Javier-

-Ah, sí, sí.

Claudia me cuenta con orgullo que fue parte de RadioAMLO.

“Nos hacen la invitación para entrar a RadioAMLO. Eran un grupo de jóvenes que eran Jóvenes con AMLO, y nosotros que éramos de la casa de la Reforma, y por eso le pusimos al programa Jóvenes en Reforma, y también porque está la alusión a que estábamos ‘en transformación’, en ‘regeneración’, por eso lo de ‘en reforma’”.

Javier comienza a acordarse de cuando era conductor del noticiero de RadioAMLO. Mientras, Claudia busca en la computadora. Yo desarrollo un soliloquio sobre lo poco que ha sido reconocido, incluso dentro de los simpatizantes de AMLO, el esfuerzo que fue en 2006 y ha sido RadioAMLO en estos doce años.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

De repente, se escucha “Movimiento…. Jóvenes…. Libertad…. Creciendo en un mejor futuro, trabajando por un mejor país, luchando por la igualdad, acompañados de la libertad. Jóvenes en Reforma: ¡por la regeneración nacional!”

“Ésa era una de nuestras cortinillas”, me dice Claudia con una sonrisa enorme.

Y como quien se siente orgullosa de su pasado, me alerta: “aquí hay otra, es la de género”.

Yo escucho: es una canción de Mercedes Sosa, y de repente, la voz de Claudia saliendo de la bocina de la computadora:

Igualdad desde la diferencia. En una situación de equidad de género, los derechos, las responsabilidades y las oportunidades de los individuos no se determinan por el hecho de haber nacido hombre o mujer…”

A mí se me viene todo el pasado encima: RadioAMLO, la lucha, el trabajo enorme para no dejarse vencer…

Este proceso no ha sido fácil. Ha sido duro, lleno de problemas, sinsabores, pero también de alegrías, de pequeñas batallas ganadas.

Claudia no deja de sonreír: la cara se le vuelve de recuerdo.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

VIII

Casi todos los expertos en marketing (de esos que cobran millones por hacer campañas) dicen muy confiados en sus conocimientos que, para ganar una elección, se necesita, además de un candidato, dinero. Esos expertos en ganar elecciones afirman que se puede tener a un estúpido o a un corrupto o a un inútil o a un maniquí o incluso a un asesino como candidato, y aún así, si se tiene dinero, se triunfa.

Esos expertos en marketing se habían equivocado poco en México. Hasta que llegó este 2018.

¿Quién le dijo a Claudia Rivera Vivanco, una licenciada en Economía de una universidad pública y que laboraba en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que podía ganar una elección sin dinero y bajo las siglas de un partido de izquierda recién fundado?

Parecía una cosa imposible. Y quizás lo era, pero extrañamente, y a pesar de todo, no lo fue.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

La campaña de Claudia Rivera fue una campaña en tierra, con la gente. Al principio, complicado: cuentan las personas que la acompañaron desde el principio que, a los mítines cuando comenzaron, iban poquitas personas.

“No se llenaban las sillas”, dice alguien que me lo cuenta como si fuera yo un sacerdote y él un fiel que se confiesa.

Pero algo sucedió: Claudia conectó con la gente, comenzó a tener empatía.

Claudia Rivera durante su campaña a la Presidencia Municipal de Puebla. Foto: Especial

De actos donde apenas iban unas cuantas personas, comenzó a asistir más gente, y más y más. Para cualquier analista y docto en eso de escribir en periódicos, la explicación es simple: el efecto Andrés Manuel. Y sí, seguramente hay razón en ello. Pero también habría que pensar en un efecto Claudia.

Claudia resumió las aspiraciones de la gente de Puebla, de la gente que estaba cansada y harta del PRI y del PAN. Claudia fue la opción. Era una forma distinta de pensar el futuro: un futuro de mujer, un futuro de izquierda y un futuro, especialmente, diferente. Por eso la gente eligió a Claudia, por eso hoy está siendo alcaldesa de Puebla, una de las ciudades más importante de todo el país.

Pero volvamos al discurso de Andrés Manuel: ¿cómo se le hace para ponerlo en lo local?

Claudia tuvo un curso intensivo de lopezobradorismo que duró más de 14 años. Por eso sabe que la apuesta de Andrés Manuel siempre ha sido el contacto con la gente, caminar, ir casa por casa, hablar, conocer.

Claudia Rivera y Andrés Manuel López Obrador durante la campaña. Foto: Especial

Claudia no es ninguna “arribista”, ninguna “nueva llegada”. Es una lopezobradorista convencida, de esas que leyó siempre de AMLO, que se informó de lo que hacía el hoy presidente electo cuando la prensa lo borraba, de las que nomás salir el libro de Jaime Avilés, AMLO. Vida privada de un hombre público, lo compró y lo leyó en unos cuantos días, de las que le apostaron a AMLO siempre, aunque dijeran lo que dijeran y aunque lo atacaran como lo han atacado siempre.

Claudia comenzó a ser conocida entre la gente de Morena, y la gente la comenzó a mirar con respeto, porque sabía que era de las que trabajaba, y donde estuviera, le ponía ganas a lo que hacía.

El camino a la candidatura a la alcaldía de Morena fue complicado. Hubo quienes no creyeron en ella, quienes la hicieron menos y también estuvieron “los recién llegados” que, con ínfulas de superioridad, le decían: “no, tú no vas a llegar, yo ya arreglé todo para ser la candidata (o el candidato)”.

Pero Claudia se mantuvo ahí y siempre le apostó a que “la militancia tuviera espacios”, a que la gente que había trabajado por Andrés Manuel y por Morena, sin ningún pago y con solamente las aspiraciones de tener un mejor país, tuviera el acceso a espacios de poder para cambiar las cosas.

Claudia Rivera, presidenta municipal de Puebla. Foto: Especial

IX

Hoy Claudia tomó posesión como alcaldesa de Puebla. Nadie pensaba que ella, que viene de abajo, de las bases de Morena, que es de izquierda, que sabe del “discurso de género”, que estuvo en las calles luchando contra la imposición de Felipe Calderón y contra el desastre de Enrique Peña Nieto, sea ahora presidenta municipal de una de las ciudades más importantes del país.

Pero ella se lo toma con calma. Y tiene claro que quiere cambiar la forma de hacer política en Puebla. No más un gobierno sin la gente. No más un gobierno corrupto. No más un gobierno lejano del pueblo.

Quizás Morena le debería apostar más a las bases, a esa gente que siempre ha estado ahí, trabajando en silencio, apoyando a Andrés Manuel López Obrador y soñando siempre en tener un país mejor.

Claudia Rivera, presidenta municipal de Puebla. Foto: Especial

Ahí hay mucha creatividad, mucha convicción, y también mucha fuerza. Esa fuerza que se precisa para comenzar a transformar esta tragedia que dejaron el PRI y el PAN.

Puebla será gobernada por una mujer, una mujer de izquierda, que viene de abajo, que le apuesta a la equidad y a la igualdad, y que desde un principio plantea su apuesta de gobierno: haremos de esta ciudad una ciudad incluyente.

Yo digo que esto ya es un cambio enorme. Y con tintes de radical.

Y es que, que Claudia hoy sea presidenta municipal de Puebla, nos trae eso tan importante para quienes han seguido a Andrés Manuel desde más de 15 años: esperanzas.