Subió a un taxi. Cuando iba en camino a su casa, le escribió a su mamá que el conductor se veía “sospechoso”. No llegó a su hogar.

Es el miedo que millones de mujeres experimentan al salir de sus casas: que alguien las violente, que alguien las secuestre, que al hacer algo que no debería implicar ningún peligro como es tomar un taxi, alguien, un hombre, les haga daño.

El caso lo dio a conocer su hermano, Daniel Espíndola, vía Twitter. Fue hoy a las doce de la madrugada cuando puso el siguiente mensaje:

“AMIGOS NECESITO DE SU AYUDA. Mi hermana está perdida, venía sobre Tlalpan, por el metro General Anaya, ahí abordó un taxi y alrededor de las 9 pm fue su último mensaje, diciendo que el taxista se veía sospechoso. No le entran las llamadas, ni los whats”.

Acompañó a este mensaje la foto de  Laura Karen Espíndola Fabián, y una captura de pantalla de una conversación que tuvo la chica con su madre, donde le indicó que estaba por General Anaya y que el taxista “se ve bien sospechoso y grosero”.

La mamá le recomendó bajarse del taxi y le pidió que le enviara la ubicación en tiempo real, pero estos mensajes ya no fueron leídos por la chica, pues la doble palomita no se puso en color azul.

El hermano de Karen indicó además que “sólo sabemos que prendieron y apagaron el celular. Ella iba vestida como en esta foto, con leggings, mide 1.65-1.70. Se llama Laura Karen Espíndola Fabián y se suponía iba en dirección taxqueña”.

Se está compartiendo vía el hastag #tebuscamoskaren.

La jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, se ha comprometido para eliminar la inseguridad y evitar que más mujeres en la capital del país sean ultrajadas.

Sobre el caso, hoy a las siete y media de la mañana escribió en su cuenta de Twitter que se encuentra al pendiente y atenta de los hechos, y que se están “aplicando todos los protocolos para estos casos, de forma responsable”.

En la Ciudad de México miles de mujeres se han manifestado en contra de la inseguridad que viven y han realizado marchas donde han pintado monumentos históricos. Ciertos sectores sociales, en lugar de mostrar empatía por las mujeres y la inseguridad que experimentan cotidianamemnte, recriminan a las manifestantes que pinten edificios y rompan cristales.