A las cinco y media de la mañana del pasado 25 de diciembre, un grupo de hombres armados entró en la casa de Francisco Paredes Ruiz, un defensor de derechos humanos que fue desaparecido por el ejército mexicano el 26 de septiembre de 2007 en Morelia.

¿Por qué ese grupo llegó disparando al aire y apuntó con pistolas a los tres hijos de Paredes Ruiz y a cuatro personas más, entre ellas dos niños? Porque los herederos del luchador social ahora también son defensores de derechos humanos.

Cuando los delincuentes se fueron minutos después, Janahuy Paredes llamó a la policía, “la operadora número 29 recogió su queja y su nombre pero el auxilio nunca llegó”, cuenta el portal Revolución 3.0 Michoacán en un reportaje publicado el 8 de enero. Y sigue:

“Tres horas después regresaron los mismos sujetos, acompañados por elementos de la Fuerza Ciudadana, policía creada por el ex comisionado Alfredo Castillo Cervantes para sustituir a la corrupta Policía Municipal. Sin embargo, ahora no lograron entrar. `¿Por qué llamaron a la policía?´, gritó desde la calle un hombre que ni en ausencia del sol se quitaba los lentes oscuros”.

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

Hasta aquí el relato. En la administración del perredista pripanista Silvano Aureoles Conejo es obvio que la Fuerza Ciudadana sigue controlada por el crimen organizado (bueno, con tal “gobernador”, esto es un pleonasmo) y los supuestos “guardianes de la ley y el orden” no han hecho más que reprimir a los profesores de la CNTE y a los ciudadanos inconformes por las promesas de campaña incumplidas por el sustituto de Castillo Cervantes.

El pelele de Peña Nieto (hablo de Alfredo Castillo en este caso, no de Aureoles) ocupó el cargo de “virrey” de Michoacán, el 15 de enero de 2014, y se dedicó a desmantelar los grupos de autodefensas encabezados por el doctor Juan Manuel Mireles, que la Marina, el Ejército y la Policía Federal habían dotado de armas de grueso calibre –incluso antiaéreas punto 30– desde el momento en que Peña Nieto asumió la Presidencia en diciembre de 2012.

Bajo la asesoría del general colombiano Óscar Naranjo, ex director de la Policía Nacional del asesino Álvaro Uribe Vélez –uno de los hombres más admirados por Felipe Calderón y Peña Nieto–, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, puso en marcha este proyecto para combatir al cártel de La Familia Michoacana y a su sucursal, Los Caballeros Templarios, con tal eficacia que el doctor Mireles y otros líderes empezaron a tomar los municipios de la Tierra Caliente dominados por los narcos.

A finales de 2013, cuando el experimento ya había sido rebasado por el entusiasmo popular que –confundido por demagogos como Luis Hernández Navarro– creía en el estallido de una nueva revolución que se extendería a todo el país, Peña Nieto dio marcha atrás, impuso a Alfredo Castillo como meta-gobernador y empezó a desmantelar las autodefensas, encarcelando a sus líderes y desarmando a los civiles “insurrectos”.

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

Luego de pactar con la Tuta, el líder de los Templarios (al que encarceló para salvarle la vida en premio por haber delatado a sus rivales y a los políticos que lo apoyaban), Castillo redistribuyó territorios entre nuevos grupos de narcos y culminó su gestión con la matanza del 24 de mayo de 2015 en Apatzingán, tras la cual Peña Nieto lo convirtió en comisionado nacional del deporte, cargo que aún detenta.

Preso desde el 27 de junio de 2014, en represalia por haber intentado denunciar públicamente la participación de Peña Nieto en lo que llamó “las irregularidades de Michoacán”, el doctor Mireles se acercó, a principios de 2013, a los comuneros del municipio de Cherán, para invitarlos a sumarse a “su” lucha. Éstos, con gran olfato político, rechazaron la oferta.

Hoy, la organización y la resistencia de Cherán sigue vigente, mientras el “gobierno” de Silvano Aureoles lame las botas de los narcos y de la oligarquía michoacana al tiempo que preserva el terror como forma de control de social.

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

Sembrar un pino y bendecirlo

Un mal día del año 2008, un priísta nefasto (valga la redundancia) llamado Roberto Bautista Chapina asumió la presidencia municipal de Cherán. “La gente recuerda que en ese año se hizo evidente la instalación del crimen organizado en la zona. Cientos de árboles eran talados de manera ilegal y llevados fuera de su territorio (…) No parecía haber manera de poner un alto a semejante despojo, pues era bien sabido que encarar esa situación era condenarse a muerte…

“El 15 de abril del año 2011, sin planearlo demasiado, hombres, mujeres, niños/as y personas mayores, pusieron sus corazones a arder instalando una fogata en cada esquina del pueblo (…) Fue un grito enrabiado y femenino el que dijo: `¡Basta1´ Las mujeres de la comunidad encabezaron el levantamiento que echaría fuera tanto al crimen organizado como a los partidos políticos”, recuerdan Sctott Brennan e Irene Bonilla Elvira, un fotógrafo estadunidense y una investigadora mexicana que trabajaron en Cherán de 2010 a 2015 documentando este proceso.

Tras la rebelión contra los talamontes, que se prolongó a lo largo de 2011, “el primero de enero de 2012 entró en vigor un gobierno de usos y costumbres, reconocido por el artículo segundo de la Constitución (…) liderado por un grupo de hombres y mujeres que forman el Consejo Mayor (…) para regular los acuerdos que se toman en la comunidad, siempre inspirados por las tradiciones y costumbres previas a la Conquista”, agregan los autores de Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia.

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

Cherán K´eri: un pueblo de la Meseta Purépecha en resistencia. Foto: Scott Brennan

La obra es un amplio ensayo fotográfico ilustrado con textos que recogen la vida íntima de los habitantes de Cherán en torno a su relación con la naturaleza.

“Durante todo el año se trabaja recolectando las semillas de los pinos, germinándolas y protegiéndolas para que cuando tengan un tamaño suficiente puedan ser transplantadas a donde pertenecen. Las jornadas de reforestación son un ritual que conmueve a cualquiera. Se comienza al amanecer, saliendo de la plaza principal [y], todavía entre la neblina se reciben las cajas de arbolitos y las instrucciones de cómo plantarlos”, y entonces ocurren cosas como esta: “Humberto Castro hunde sus manos sucias en la tierra húmeda, [la] presiona alrededor del retoño de pino recién plantado (y) le hace la señal de la cruz”.

Cherán es, en opinión de Irene y Scott un ejemplo de que se puede transformar la vida pública al margen de los partidos políticos y las instituciones corruptas, dos tenazas de la misma pinza que oprime a decenas de millones de mexicanos. ¿Alguien quiere un tener en su biblioteca un ejemplar de Cherán K´eri? Escríbanos…