El periodista Carlos Marín despotricó en contra de Polemón, después de que este medio digital difundiera que dos activistas se hicieron pasar por periodistas y entraron a la conferencia mañanera del Presidente Andrés Manuel López Obrador para exigirle respeto a la prensa el pasado 6 de noviembre.

Marín escribió en su columna de este viernes para el diario  Milenio que Polemón, es un “portal de fanáticos”, y lo hizo tomando una cita de la nota informativa que este medio digital publicó. 

“Según difundió el portal de fanáticos Polemón, en la conferencia ‘se colaron dos activistas que se identificaron como Silvia Chocarro, representante de una coalición de organizaciones de defensa de la libertad de expresión, y Jan-Albert Hootsen, representante en México del Comité para la Protección de Periodistas. Ambos le preguntaron al mandatario si estaría dispuesto a comprometerse con un “sí o un no’ a no utilizar un lenguaje que presuntamente estigmatiza el ejercicio periodístico…”.

De acuerdo con Marín, la mujer que interpeló a López Obrador, es Silvia Chocarro Marcesse, quien en conjunto con Ana Cristina Ruelas publicó en el diario  El País el artículo No se mata la verdad matando periodistas, y que por ello era sensata la inquietud de la activista.

Sin embargo, dice, “se gestó el hashtag #PrensaChillona donde miles de ignorantes xenófobos pusieron el grito en el cielo por la participación de activistas y comunicadores españoles en la mañanera presidencial de ese día”.

Carlos Marín es uno de los periodistas más repudiados en México por sus manifiestas simpatías a los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, pero más allá de eso, por convertir al periodismo en una mercancía para el usufructo personal.

Son varias las referencias en redes sociales, y distintos medios de comunicación del periodismo por encargo que suele hacer el exdirector de Milenio. 

Esta empresa, en la que escribe actualmente sus libelos, obtuvo 822 millones de pesos durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, según lo difundido en junio pasado por el comisionado del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), Oscar Guerra Ford.

En noviembre del 2017, mientras el “periodista” comía en un restaurante de la Ciudad de México, se acercó hacia él un ciudadano para dejarle un chayote en su mesa. 

En junio del 2012, un grupo de personas confrontó a Carlos Marín en pleno centro de la Ciudad de México, y el periodista recibió varios reclamos airados de “vendido”, “corrupto”, “provocador” y hasta  un escupitajo.

El periodista aseguró que nunca había mentido en sus noticieros y que hasta gozaba de una relación honorable con Andrés Manuel López Obrador.   

Después de lo sucedido, la llamada “comentocracia” mexicana en la que se encuentran periodistas como Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Adela Micha, Carlos Loret de Mola, entre otros, salieron a defenderlo y trataron de equiparar los reclamos que recibió Marín, con una agresión física, por lo que varios reporteros que sí han sido agredidos y despedidos de sus medios de comunicación, hicieron pronunciamientos.

Y aunque ese grupo se sintió indignado por lo sucedido con su colega, Carlos Marín no tuvo empacho en burlarse de Rubén Espinosa, —fotógrafo de Proceso que fue asesinado en la Colonia Narvarte de la Ciudad de México— durante un debate con el periodista Julio Hernández en un programa de Adela Micha.

El periodista Témoris Grecko escribió al respecto:

“…porque un fotógrafo desconocido estaba en una piquera”. Así describe Marín, muerto de la risa y como se fuera de sentido común, los brutales asesinatos de Rubén Espinosa y cuatro personas más. Rubén, fotógrafo desconocido. Desconocido, para Marín. Igual: para que su muerte importe, tiene que ser conocido, dice Marín. Y el hecho de que con él hayan torturado y matado a cuatro mujeres, Alejandra, Mile, Nadia y Yesenia, convierte su departamento “en una piquera”. Con ese lenguaje, en televisión nacional.

Carlos Marín es un periodista que suele amoldarse  a las versiones oficiales y tan es así, que defendió a capa y espada la “verdad histórica” de los 43 normalistas de Ayotzinapa. A propósito de esto, el fundador de Polemón, el periodista Jaime Avilés, escribió lo siguiente:

“Carlos Marín, director de Milenio, en su comentario de primera plana, se preguntó con el candor de un párvulo: ‘¿Qué razón pudo tener la PGR para fabricar la versión del basurero?” Rafael Pérez-Gay, íntimo de Héctor de Mauleón, en la página 3 del mismo rotativo, opinó que “una tendencia amplia e influyente de los comentaristas” quiere “arrastrar la verdad histórica por el lodo y, en consecuencia, al gobierno de Peña”.

Por estos días, el columnista de Milenio presume la reedición de su Manual de Periodismo. En una entrevista que concedió al diario El Universal, asegura que “López Obrador y su gobierno constituyen una mina de diamantes para el ejercicio periodístico, porque no sólo todos los días, sino varias veces en un mismo día incitan y excitan el oficio periodístico”.

Respecto a lo ocurrido con los hashtags #PrensaVendida, #PrensaSicaria, que se volvieron tendencia la semana pasada, Marín refirió que “quizás hay medios prostituidos, sicarios o lo que les dijeran, pero yo necesitaría ser muy pendejo para ponerme el saco”.

Ese, es el manual que ofrece Marín para ser un “buen periodista”, pero el que le ha dado la posibilidad de codearse con los Jefes de Estado y el que ejerce gustosamente se encuentra resumido en un artículo que escribió el experiodista de Proceso Jenaro Villamil, actual presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano. 

Carlos Marín o el manual del periodismo abyecto