I

Yo nunca me imaginé que Carlos Lomelí fuera Carlos Lomelí. Sabía poco de él: que había participado en dos elecciones rumbo al senado de la República, que fue diputado por Movimiento Ciudadano en San Lázaro, que se salió de esa bancada y se integró a Morena y que es empresario.

Eso sabía.

A partir de que quiso ser candidato a la gubernatura de Jalisco, extrañamente, me llegó mucha información: que es súper malo, que es súper mafioso, que vende medicinas a sobreprecio, que se come a los niños crudos en las mañanas y que no va a ganar no va a ganar no va a ganar porque Carlos Lomelí es malo y es súper mafioso y vende medicinas a sobreprecio y…

El doctor Carlos Lomelí, candidato a la gubernatura de Jalisco por Morena. Foto: César Octavio Huerta

II

Estoy enfrente de Carlos Lomelí. Me cuenta su pasado. Es una entrevista de esas en las que no se plantean preguntas como “¿y cuáles son sus propuestas?” Quiero que sea distinta. Decir qué se va a hacer es fácil, hacer dos propuestas, tres, cien, cualquiera con facilidad de palabra lo puede estructurar. Lo importante son las reacciones, los pasados, lo que piensa quien habla: cómo actúa.

La historia de Carlos Lomelí no me la esperaba: nació en Mascota pero lo registraron en Guadalajara. A su papá lo invitaron a un empleo a la capital de Jalisco cuando Carlos estaba recién nacido, y le dijo a su esposa: “me afianzo y luego vengo por ustedes”. Pasaron varios meses y el papá no volvía. Fue entonces que su mamá, con siete niños (Carlos incluido), decidió irse a Guadalajara desde Mascota para buscar al esposo. Lo hicieron en la camioneta de un tío que trasportaba víveres, caballos y vacas. Echaron unas cobijas, pusieron unas tablas, y a viajar.

Ya en Guadalajara, la mamá de Carlos encontró después de una semana al papá. La vida familiar volvió a su normalidad. Primero vivieron por la 64, que en ese tiempo eran las afueras de la ciudad; después por la 68. Más tarde se establecieron para el sur, en la Unidad Clemente Orozco: “era la última colonia, nada más estaba la Ferrocarril, que estaba muy lejos, y luego la correccional, y luego la Unidad Clemente Orozco”. Era pura zona verde: todo era cerro y sembradíos. El campo.

Yo observo lo que cuenta Carlos Lomelí, y la forma de contarlo. Describe lo que vivió nítidamente, con precisión, con detalles. Una buena memoria. Usa los términos exactos. Me lleva a ese pedazo de vida que no es mi vida: la vida de campo, de campesino. Cuenta que ordeñaba a una vaca que se llamaba “la Magalona”, que se comía las guayabas que cortaba en los árboles, que siempre cuando salía de casa a pasear por el campo llevaba un puño de sal porque siempre había frutos que cortar.

Me cuenta (y cuando lo hace se le forma en su rostro una expresión de niñez) que trabajó en la pizca, con “un señor que se llamaba don Tereso, que tenía cinco o seis canastos, que te daba chance de pizcar, y cuando llenaras el canasto, te daba veinte centavos por llenarse el canasto y ayudarle a pizcar. Había que levantarse temprano si querías alcanzar canasto”. Se detiene en la descripción de su pasado, y reflexivo, menciona: “así crecí, y no lo cambio absolutamente por nada”.

A Carlos Lomelí se le pone la mirada como si estuviera en otro lugar cuando su mente se llena de recuerdos. Piensa en lo que vivió, en su mamá y en los frijoles en la mesa, los huevitos en la mañana y la nata que usaban como si fuera crema. Me dice que él miró desde su casa la forma en cómo los sembradíos se fueron haciendo concreto: de cómo el campo se transformó ciudad.

El doctor Carlos Lomelí, candidato a la gubernatura de Jalisco por Morena. Foto: César Octavio Huerta

III

Carlos Lomelí quería estudiar. Ya había terminado la primaria que estaba cerca de su casa, y se fue al barrio de Analco a cursar la secundaria: era la más cercana. Se levantaba a las cinco y media, a las seis tomaba el camión, y a las siete comenzaban las clases. Cuando llegó a la escuela vio que a la fachada le habían puesto unas vigas, porque se estaba cayendo.

En la familia estaban contentos de que Carlos estudiara; era el único integrante que comenzaba a hacer carrera: ninguno había cursado la secundaria. Cuando el papá se enteró que el más chico de sus hijos iba a seguirle en eso de estudiar, de tan emocionado que se puso, se quitó el reloj que llevaba y se lo dio a su hijo. Para que le echara ganas. Para que le fuera bien.

El primer día de clases siempre es excitante: conocer gente, aprender, ver a los maestros. Pero a veces hay algo que sale mal. Carlos Lomelí me cuenta: “el primer día me robaron. Me pusieron una navaja y me dijeron ‘échame los cuadernos, échame el reloj’. Se llevaron también mis tenis. Me senté y me puse a llorar ahí afuera de la iglesia de Analco”. Se queda callado. Después de unos segundos de reflexión, continúa: “me di cuenta que la vida iba a ser muy dura, y que había que tener carácter. Y empecé a tener carácter”.

Carlos Lomelí en la primaria (izquierda) y en los tiempos que era estudiante en la Vocacional (derecha). Foto: Especial

IV

¿Usted sabía que Carlos Lomelí desde los 13 años comenzó a trabajar en la paquetería Tres Estrellas y se iba caminando por todo el centro de la ciudad como repartidor? ¿Usted sabía que trabajaba ahí mientras estudiaba la secundaria y la preparatoria? ¿Usted sabía que Carlos Lomelí estudió medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Guadalajara? ¿Usted sabía que fue presidente de esa facultad? ¿Usted sabía que desde que estaba en los primeros semestres comenzó a dar clases en la preparatoria número seis? ¿Usted sabía que Carlos Lomelí hizo dos especialidades: ginecología y pediatría? ¿Usted sabía que Carlos Lomelí fue un académico de la Universidad de Guadalajara?

Seguramente no.

Yo no lo sabía: yo nunca me imaginé que Carlos Lomelí fuera Carlos Lomelí.

En la Facultad de Medicina Lomelí fue presidente. Cuenta que cuando cursaba el sexto semestre, “me hacen candidato, y fui candidato en contra de Raúl Padilla, en contra de Álvaro Ramírez Ladewig, en contra de Trino Padilla, y seguimos siendo contras de toda la vida”.

Tiempo después de terminar medicina Carlos ya había conseguido un trabajo de oficial mayor en la preparatoria 2 y laboraba además en los Hospitales Civiles. Y fue que se le metió que la Universidad debía mejorar. Me cuenta que a finales de la década de los ochenta intentaron “correr” a Raúl Padilla de la Universidad. Junto con David Mercado, quien era el director de la prepa 2, “lo denunciamos por 33 mil millones [33 millones de pesos actualmente] de desvíos”.

Enfrentarse a Raúl Padilla a Lomelí le costó caro: querían que se desistiera de su denuncia. Le pidieron que se retractara públicamente, que ofreciera disculpas, que se quedara sin dignidad. A cambio, le ofrecieron dinero y cargos universitarios. Decir no a esta “propuesta” le costó mucho. Él mismo lo cuenta: “le paramos como mes y medio la universidad completa, le tomamos rectoría, los sacamos, lo exhibimos, y él se trajo al grupo halcones de México para que nos mataran. Estuvimos David y yo como tres semanas escondidos en un cuartito porque quería darnos piso”.

A Carlos Lomelí lo habían borrado de la nómina y ya no lo dejaban ir a trabajar: fue entonces que renunció a la Universidad de Guadalajara. Su carrera como académico y administrador universitario se terminó drásticamente: “me dije: ahora sí Carlos, tienes que demostrar de qué estás hecho”.

Carlos Lomelí (de amarillo) en la época que era estudiante en la Facultad de Medicina de la UdeG. Foto: Especial

V

Lomelí era doctor. Después de renunciar a la Universidad, echó a andar un pequeño consultorio: “pongo unas camitas que iba a tirar un señor, y comencé a poner sueros y atender partos en la clínica Santa Rosa”. Al principio todo fue complicado: “yo no podía pagar empleados: yo era el que trapeaba, el que acomodaba, el que canalizaba, el que ponía el pato, el que daba la consulta, el que surtía la receta. Yo era el que hacía todo”.

El tiempo, sin embargo, trajo sorpresas en corto tiempo: Carlos Lomelí comenzó a crear su propia empresa. Primero se inició en la distribución de medicinas. Menciona con orgullo: “y cómo yo venía de la cultura del esfuerzo, y vivía con tan poco, todo lo que salía lo reinvertía y lo reinvertía”.

Así comenzó su carrera empresarial. Y pronto se diversificó: “transformé la clínica, hice una clínica increíble, luego hice oficinas, me hice joyero, luego vendí las joyerías y construí una bodega”.

Yo nunca he estado tan cerca de un empresario: al menos no platicando. No es mi espacio de acción. No suelo involucrarme con ellos. Vengo de otros círculos. Pero me impresiona la forma en cómo, de la nada, Carlos Lomelí comenzó a crecer, a hacerse fuerte, a entrar en ese mundo donde no suelen aceptar a un señor que recién renunció de una universidad pública.

Noto emocionado a Carlos Lomelí: le gusta contar la historia de cómo se hizo empresario: comenzó a producir medicinas y más tarde ideó un sistema para que en los hospitales públicos hubiera mayor eficacia. Lo nombró Administración de bienes de consumo para la salud. Y es que él, que conocía los vericuetos de los sistemas de salud, planeó y puso en marcha una fórmula para evitar “robo, pérdida, caducidad, estivamiento, llantas, gastos”.

Fue un sistema interesantísimo, donde se mezclaba conocimiento de la realidad y tecnología: en tiempo real se pudo ver quién recetaba, a quién, cada cuánto, qué medicamentos, etcétera: “te desnudaba el sistema de salud”.

Carlos Lomelí me lo cuenta ufano: a su inventó le fue muy bien, pues lo desarrolló y lo implementó con éxito en Jalisco. Pero no fue fácil: al principio muchos no creían en él. Lo desechaban. Sin embargo, se abrió un pequeño resquicio, y le permitieron implantarlo en solamente cuatro hospitalitos. Y ¡Bingo!, funcionó: Carlos Lomelí y su empresa llegaron a tener 804 puntos de distribución en 12 años en todo el territorio de Jalisco. Su nómina pasó de poco más de 50 trabajadores a más de 3 mil 500: “crecimos exponencialmente al desarrollar un sistema que se puso de moda, hasta que llegaron los priístas, porque el orden para ellos deja de ser negocio. Ellos crearon anarquismo para saquear el erario como ellos lo han saqueado”.

Sus empresas han vendido muchas medicinas, y también muchos servicios. Entre invento e invento, Carlos Lomelì ya tiene varias patentes. Pero también ha recibido muchas críticas.

¿Se imaginan que una pequeña empresa comience a competirle a los grandes monstruos de la venta, producción y distribución de medicinas? ¿Se imaginan que un pequeño empresario llegue y con iniciativa se ponga a pegarle en lo económico a los grandes tiburones de la medicina?

No ha sido fácil para Carlos: ha recibido muchos ataques. Tanto del mundo empresarial como del político.

Lomelí conoce, por su experiencia en la medicina y en las licitaciones con gobiernos, que hay mucha corrupción. Y por el rubro donde es empresario, también conoce y entiende muchas de las carencias existentes en el país. Sus empresas, me dice, siempre están tratando de innovar, de hacer que haya menos pérdidas, de ahorrar dinero, y que el dinero público rinda más.

El doctor Carlos Lomelí, candidato de Morena al Gobierno de Jalisco. Foto: César Octavio Huerta

VI

Morena, hace poco menos de tres años era nada en Jalisco. Había perdido el registro. Movimiento Ciudadano y Enrique Alfaro habían arrasado en las elecciones municipales. Se habían hecho casi de toda el Área Metropolitana de Guadalajara y municipios importantes del interior de la entidad, como Puerto Vallarta y Ciudad Guzmán.

¿Cómo competir con un monstro que, además, había creado una narrativa de “imbatibilidad”? Todos se repetían, especialmente los cercanos a Movimiento Ciudadano: nadie puede ganarle a Enrique Alfaro. Es invencible en Jalisco.

Estoy en Yahualica. En la placita hay un toldo, y abajo, resguardados de un calor verdaderamente insoportable, hay varias personas. Están esperando a que llegue Carlos Lomelí. La zona, hasta hace unos años, no era apta ni para gente de izquierda ni para gente progresista ni para gente que anduviera con Andrés Manuel López Obrador.

Pero algo ha cambiado. Cuando Carlos Lomelí llega, la gente lo aplaude. Y lo más interesante: pone atención a su discurso. Verdadera atención. Es Yahualica, los Altos de Jalisco, una de las zonas más conservadoras del país, más panistas, más llenas de ideas de derechas. Y en esa placita y con la gente metida abajo del toldo, ahí está Carlos Lomelí intentando convencer a las personas de que, el cambio verdadero, es el de Morena.

Dos horas después, estoy en Cuquío. Aquí hay mucha gente. Muchísima. Un pueblo pequeño de no más de 17 mil habitantes, y una plaza llena. Montón de gente.

¿Esto sucede en Jalisco realmente? ¿Morena tiene presencia? ¿Acaso Carlos Lomelí se está posicionando? ¿Acaso Lomelí comienza a causar miedo en ciertas personas que se pensaban invencibles?

Mitin del doctor Carlos Lomelí en Yahualica. Foto: César Octavio Huerta

VII

En 2004 Carlos Lomelí estaba viendo noticias en la televisión sobre el desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Apagó el aparato y se dijo: “yo necesito hacer algo”. Y fue así que se hizo seguidor de Andrés, y que comenzó a participar en actividades políticas. ¿Un empresario de Jalisco, tierra conservadora, que decide apoyar a Andrés Manuel López Obrador? Sí, él es Carlos Lomelí.

Conoció a finales de 2004 al entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, y de ahí la amistad comenzó a florecer. Participó en la campaña de 2006 en todo Jalisco. Y siempre estuvo, desde ese entonces, apoyando a Andrés Manuel. Quiso en ese año ser candidato al gobierno de Jalisco, pero en su lugar estuvo Enrique Ibarra. Dice ufano: él sacó como 200 mil votos, yo más de 340 mil.

En 2012 Ricardo Monreal le pidió a Carlos Lomelí que fuera candidato al senado. Lo hizo con poquito tiempo, casi cerrando los registros.

Había preocupación, y es que los círculos cercanos a Andrés Manuel observaban que, aunque fueran unidos con Enrique Alfaro, a él solamente le interesaba él. La elección presidencial les importaba poco a los alfaristas: ni se acordaban. No la apoyaban. Incluso había gente que jugaba abiertamente con la panista Josefina Vázquez Mota. Todo era Alfaro y nada más. Fue el antecedente del rompimiento que ambos personajes tendrían meses después.

Después de hablar con Ricardo Monreal, me dice Lomelí, charló con Enrique Alfaro. Éste le dijo “sí, véngase, encantado de que se venga un rockstar empresario con nosotros”. Y continúa el hoy candidato de Morena a la gubernatura de Jalisco: “y es que en esa época le acababa de quitar el contrato a Pisa”.

Lomelí se integraría a la campaña de Enrique Alfaro. Al día siguiente “me subí al templete, llegué a las once de la mañana a la Ferrocarril, presentó a todos menos a mí. ‘Discúlpame, se me olvidó, doctor’. Ah, está bien, no se preocupe. Al rato, en El Salto, ‘ah, otra vez doctor, se me olvidó presentarlo, es que estoy atareado”.

Carlos Lomelí entendió bien el mensaje y supo que no iba a poder hacer campaña con Alfaro: “agarré a tres muchachos, y comencé a recorrer los 125 municipios de Jalisco. Venía Andrés, nos íbamos Andrés y yo juntos a hacer campaña. Estábamos Andrés y yo en Vallarta, y Alfaro en los Altos, nos íbamos a los Altos, y él se iba a Vallarta. Nos daba la vuelta”.

En esa elección, con poquísimo tiempo para hacer campaña, Carlos Lomelí recibió 770 mil votos para ser senador. Enrique Alfaro un millón 160 mil para el gobierno de Jalisco.

Carlos Lomelí, Enrique Alfaro y AMLO en 2012. Foto: Especial

VIII

En las elecciones de 2015, Carlos Lomelí quiso ser candidato a presidente municipal de Zapopan. Le llevaba muchos puntos, según encuestas internas, a Pablo Lemus y a Macedonio Tamez. Pero Alfaro no lo quiso ahí: lo mandó al distrito 4, que nunca había perdido el PRI. Y ese distrito, en el recuento, lo ganó Lomelí, aunque se lo dieron al PRI porque no metieron recurso de impugnación. Entonces, entró al Congreso de la Unión por la vía plurinominal.

En 2017, Andrés le dijo: “ya vente y deja a Movimiento Ciudadano”. Carlos Lomelí no se lo pensó dos veces.

Alfaro, me dice Lomelí, es un tipo que cambia de discurso a cada rato: según sea el auditorio. Me cuenta que cuando lo acompañaba, si iba con gente de la alta sociedad, decía que él no tenía nada que ver con Andrés Manuel. Si iba con la gente más de barrio, enarbolaba a Andrés Manuel. Eso sí, a él, a Carlos Lomelí, nunca lo presentaba.

El hoy candidato a la gubernatura de Jalisco tiene muy clara su visión de Alfaro: “no es un hombre que honre su palabra, va pisando cabezas importándole poco los demás con tal de llegar al poder”. Y alerta que no se puede dejar que Jalisco se convierta en un búnker de panistas y perredistas: “¿te imaginas que acá en Jalisco recalaran todos los Chuchos, todos los Anaya, todos los Padilla?”.

Mitin de Carlos Lomelí en Cuquio. Foto: César Octavio Huerta

IX

En una o dos horas de estar ahí platicando con Carlos Lomelí, escuchando lo que dice y la forma en cómo lo dice, noto que tiene una constante: le gusta apoyar a la gente. A la cercana y a la lejana. Lomelí cuenta que ha ayudado a varios jóvenes con estudios en universidades privadas: “me gusta hacerlo”, me lo comenta casi silenciosamente.

Lomelí no me lo cuenta, pero sé que tiene una asociación civil llamada “México Me uno”, la cual apoya a gente de zonas donde la pobreza es la realidad constante y persistente: les proporcionan despensas, consultorio, medicinas y juegos. No se arregla el mundo así, pero se hace un poco más llevadero.

Por eso, cuando Carlos Lomelí fue diputado, no recibió un peso de salario: todo fue donado a habitantes de colonias marginadas de Zapopan, donde las mismas personas decidieron en qué se invertiría el recurso. Durante la charla no me presume eso: que no cobró en el Congreso. Eso yo ya lo sabía.

El doctor Carlos Lomelí, candidato a la gubernatura de Jalisco por Morena. Foto: Especial

X

Termino de hablar con Carlos Lomelí. Nos despedimos. Yo nunca pensé que Lomelí fuera lo que me acaba de contar. La guerra sucia en su contra ha sido brutal, enorme. Pero es una guerra sucia que no solamente implica política, sino también racismo y discriminación hacia su persona. A mí me impresionó que Enrique Alfaro lo llamara “alcancía”, “equipal”, que lo comparara con “Paquita la del barrio”. Esa no es una cuestión de campaña, de lucha de propuestas, es una cuestión que va más allá de eso, que implica racismo, que implica discriminación, y que describe de cuerpo entero a Enrique Alfaro.

En los tres debates entre candidatos al gobierno de Jalisco todos atacaron a Carlos Lomelí. Todos. ¿Por qué? ¿Acaso no ocupa un lejano segundo lugar? ¿Acaso el puntero no es Enrique Alfaro? ¿Por qué lo atacan siempre a él y con tanta saña? ¿Por qué tanta preocupación por él?

Es entonces que recuerdo un pasaje del libro de José Agustín Ortiz Pinchetti, el nuevo, el que acaba de salir que se llama AMLO, con los pies en la tierra.

Ahí cuenta Ortiz Pinchetti que Andrés Manuel, en 2000, cuando competía con Santiago Creel por la jefatura de gobierno del Distrito Federal, vivía “en una angustia atroz los últimos días, rogando por que llegara el día de las elecciones; si éstas hubieran sido tres semanas después, seguramente el empuje de Vicente Fox hubiera llevado a Santiago Creel a la jefatura de Gobierno, AMLO a la derrota y al PRD probablemente al desmoronamiento”.

Me imagino que Enrique Alfaro está sintiendo una angustia parecida. La diferencia es que, de hoy a las elecciones, faltan tres semanas.