Durante esta semana se difundieron diversas encuestas donde se señaló una caída en la aprobación de López Obrador. Desde hace tiempo no veíamos consenso en los resultados de quienes siguen el trabajo del Presidente.

En lo personal me esperé a que se publicara la encuesta de Alejandro Moreno en El Financiero, pues es uno de los encuestadores más reconocidos en el ámbito académico. En dicha encuesta, Andrés Manuel descendió ocho puntos porcentuales, su aprobación pasó de 71% a 63% de enero a febrero de 2020.

Aunque el descenso es relevante, López Obrador sigue teniendo un respaldo envidiable frente a otros presidentes y presidentas en Latinoamérica. Además, la oposición en México sigue sin hacerle sombra al tabasqueño. De tal forma que lo que pierda el Presidente no lo capta ninguna otra opción política.

En dicho contexto, podríamos decir que el descenso de Andrés Manuel es sólo un raspón en su aprobación. Pero ésta se podría convertir en una herida que de no tratarse podría infectarse.

Como se ha observado, el principal error que ha cometido el Presidente es menospreciar las demandas feministas. No ha tenido ningún acierto en el tema, no ha dialogado, ni ha sido empático con las mujeres. Esto se observó en la encuesta de El Financiero, pues el 80 % de las personas encuestadas señaló que López Obrador está tratando muy mal el problema de los feminicidios y la violencia contra las mujeres.

Lamentablemente y por sus declaraciones, Andrés Manuel no se ha dado cuenta que nos encontramos en un cambio civilizatorio. Un cambio cultural de gran calado en el que el orden de género se está discutiendo y trastocando. Frente a la violencia contra las mujeres se necesitan acciones contundentes, y aunque sin duda las hay en distintas dependencias del actual Gobierno Federal, son opacadas cada vez que el Presidente menosprecia las movilizaciones y señala que hay mano negra.

López Obrador necesita extender la mano y dialogar con las mujeres, mientras da un paso atrás para que no sea él quien hable del tema en las mañaneras. Dentro del Gobierno hay muchas mujeres feministas y especialistas que podían hablar; tal y como sucede cuando el Presidente deja que Marcelo Ebrard hable sobre política exterior o cuando deja que Santiago Nieto hable sobre corrupción. Algunas de ellas son: Olga Sánchez Cordero, Nadine Gasman o Candelaria Ochoa.

Finalmente, en términos electorales, el descenso de López Obrador se entiende porque las mujeres no han votado históricamente a favor del tabasqueño.

Por ejemplo, en la elección de 2006 sólo el 31 % votó por él, en 2012 sólo el 28 % y en 2018 esta preferencia subió hasta alcanzar 51 por ciento. Esto nos quiere decir que las mujeres son un segmento del electorado que no está totalmente afianzado a la propuesta lopezobradorista, al contrario, su voto es cambiante y por lo tanto están dispuestas a cambiar de opinión.