En el Suroeste de México, aproximadamente a 140 kilómetros mar adentro al oeste de Campeche, existe una cadena de cayos rodeados por plataformas, barcos y estaciones donde se almacena buena parte del petróleo crudo que extrae Petróleo Mexicanos (Pemex).

Ahí, la petrolera mexicana mantiene un buque tanque anclado en las inmediaciones del arrecife, todos los días. También hay una plataforma de distribución que recibe petróleo y lo conduce, mediante ductos submarinos, 72 kilómetros al sur.

La periodista Ana Lilia Pérez, en el portal Newsweek México detalla que ahí únicamente ingresan buques petroleros en los que, hombres con overol y casco, se desplazan para hacer que Pemex extraiga petróleo para exportar y abastecer al mercado nacional.

El petróleo que se extrae es transportado a través de ductos, y después procesado para obtener gas y aceite que se almacenan de manera independiente.

Luego se distribuye a distintos centros de producción -tanto de exportación como de consumo interno- por medio de monobayas, es decir, instalaciones marítimas con mangueras que se conectan a tuberías submarinas que transportan el petróleo a los tanques de un buque.

Esta transferencia se hace principalmente para la Terminal Marítima de Dos Bocas, el puerto petrolero, industrial, comercial e internacional ubicado a 160 kilómetros de Ciudad del Carmen, en Tabasco, que Pemex comenzó a operan en los años 80, convirtiéndolo en un puerto clave para la recepción de crudo.

Más de la mitad de lo que Pemex produce es exportado al mercado internacional a través del puerto de Dos Bocas, por lo que a diario salen por ese puerto cerca de un millón de barriles, según indican los datos oficiales.

El petróleo también es llevado a las terminales de Veracruz -en Tuxpan o Pajaritos- y Tamaulipas -en Ciudad Madero-, desde donde se redistribuye a refinerías o se reembarca para exportación.

Aún con toda esta coordinación, Pemex no tiene una adecuada concordancia entre la recepción y el procesamiento de crudo, la producción de gasolinas ni en el almacenamiento, la distribución y comercialización de productos petrolíferos, lo que permite su fácil sustracción.

¿Cómo se roba el combustible dentro de Pemex?

Durante muchos años, en Pemex ha operado ese mismo sistema de robo, mismo que se heredó a la nueva administración federal, que ahora enfrenta el reto de corregir.

Newsweek México habló con un ingeniero experto en la sonda de Campeche quien accedió a explicar lo que ocurre ahí.

“El activo Ku-Maloob Zapa tiene 14 plataformas productoras y de perforación. En cada una se registra lo que va saliendo de los pozos y se usan medidores de flujo básico. El crudo de las plataformas se va midiendo desde que sale del pozo. A la salida del pozo hay unos ‘árboles de navidad’ (válvulas y carretos ensamblados en el tope de un pozo que sirven para controlar el flujo de crudo) y arriba, en la plataforma, hay tanques de separación donde ese crudo se separa del gas y agua”, dijo.

“Cada plataforma satélite envía la producción, se concentra y se va por un ducto que llega a Dos Bocas o Frontera, pero se concentra lo que llega de cuatro complejos y no se hace un cruce de información para confirmar que se recibe lo mismo que se extrajo de los pozos”, añadió.

Indicó que en la práctica tampoco hay un cruce de lo recibido con lo almacenado, ya que los medidores de flujo básico sólo reflejan flujo y los medidores de la terminal con los que se reflejan los inventarios son medidores de nivel, “y son incluso de otro tipo o de otro nivel de tolerancia”.

El experto asegura que existe incompatibilidad en los sistemas de medición del que transporta con el que recibe y almacena, así como en el volumen movilizado mediante cabotaje para las terminales.

“Estamos hablando de mundos diferentes. Es prácticamente imposible conciliar cifras”, explica.

Newsweek México indica que, efectivamente, en las terminales se maneja un informe diario de movimientos de existencia, donde simplemente se escribe que determinado busque se reportó con cierto volumen, pero que a causa de “evaporaciones” mermó en proporciones que van del 10 al 12 por ciento.

Éste es el porcentaje de tolerancia permitido, pese a que la mayor parte del petróleo se transfiere en tanques cerrados y sellados con cúpula flotante, que evitan que el vapor se difumine o se disperse.

Luego, en la recepción, los embarques se marcan con el volumen que se recibe, pero las cifras no coinciden.

Así, es en altamar donde se realiza el traslado ilegal de petróleo: se emparejan los barcos, colocan mangueras, bombas sumergibles y jalan una parte de la carga para luego llevarla a distintos destinos.

Además, la investigación de Newsweek México reporta que esos barcos que transportan el petróleo sustraído de forma ilegal, utilizan facturas apócrifas para sacar el producto de mares mexicanos y colocarlo en el mercado internacional.

Robo desmesurado

Newsweek México también indicó en octubre pasado que la sustracción ilegal de refinados, como la gasolina y el diésel, había aumentado vía marítima, con barcos que en cabotaje transportan el producto, usando también facturas apócrifas.

Refinería en Salamanca. Foto: Especial.

Además, las más de 80 terminales terrestres y marítimas de almacenamiento con las que cuenta Pemex, también forman parte de la cadena de suministro entre los centros productores, los puntos de importación y los canales de comercialización de productos petrolíferos. En ellos también se normalizó el robo, como “merma”.

Según la investigación publicada, uno de los problemas es que no hay un procedimiento para cruzar las cifras exactas con las que el barco sale y entra entre terminales, pues sólo se registra con lo que llega y, en caso de haber diferencia, sólo se registra como “merma”.

Un caso de este tipo se dio en la Terminal de Almacenamiento y Despacho en Veracruz, conocida como El Sandinero, una instalación que suministra gasolina y diésel a 17 municipios de Veracruz.

Ahí, uno de los encargados comenzó a sustraer dichas “mermas” y sacarlas mediante pipas, hasta que un día recibió la visita de policías que llegaron a indicarle que, a partir de ese día, por cada mercancía de contrabando que extrajera, una sería para ellos. La exigencia fue subiendo de proporción, hasta que llegaron a pedirle tres pipas por cada una que él sacara.

“El funcionario calculó que la ‘merma’ no le daba para tanto y comenzó a negarse. Primero le fracturaron un brazo, y él hizo rendir más la ‘merma’. Luego le exigieron una pipa por día y, como los barcos llegan cada semana, ya eran siete pipas por barco. Pero la ‘merma’ no le alcanzó y, tras ser advertido de que no pasaría de ese día, acudió a denunciarse ante los auditores internos a cambio de protección”, explica Newsweek México.

Registros controlados

Al pasar petróleo de área en área, cada una registra sus propios volúmenes sin que se someta a un cruce de datos. Así, los controles pueden ser manipulados por el personal que los opera, debido también a la división interna dentro de Pemex.

Además, durante muchos años la petrolera ha operado con disparidad en sus números en el control de los volúmenes de gasolinas producidos, importados, distribuidos, almacenados y vendidos, lo que facilita la sustracción.

Esto permite que desde hace mucho, los contralores internos hayan advertido esa disparidad en registros del manejo volumétrico de crudo, pero sus observaciones no fueron escuchados por las autoridades de Pemex.

Sin embargo, la Auditoría Superior de la Federación (ASF), decidió auditar una parte de este proceso en su revisión a la Cuenta Pública 2011.

Así encontró que Pemex no manejaba cifras fidedignas de su producción y que esa disparidad en sus registros no permitía identificar claramente la magnitud de los riesgos, principalmente los relacionados con la sustracción mediante tomas clandestinas.

En esa ocasión, la ASF concluyó que:

“De la aplicación de pruebas de cumplimiento, se concluye que… [Pemex] no mantiene un ambiente de control que propicie el logro de los objetivos y meas institucionales respecto del procesamiento de crudo, producción de gasolinas y control de los procesos de producción, almacenamiento, distribución y comercialización de productos petrolíferos, que produce e importa Pemex; tampoco cuenta con un sistema de información integral y automatizado que, de manera oportuna, económica, suficiente y confiable, resuelva las necesidades de seguimiento y toma de decisiones y no se tiene establecido un proceso para la identificación, evaluación y mitigación de riesgos, principalmente relacionados con el cumplimiento de los objetivos y metas de producción y de eventos que afectan la operación de la entidad, como los ilícitos por tomas clandestinas de gasolinas”.

En 2011, Pemex reportó una cifra de producción de gasolinas (Magna y Premium) de 399 mil 500 barriles diarios, sin embargo, de manera interna la Gerencia de Control de Producción había reportado 425 mil 300, dando un volumen de diferencia de 25 mil 800 barriles diarios.

Sobre esto, la ASF indicó que “la información reportada no es confiable en cuanto al volumen de producción de gasolinas”, pero el problema no se corrigió.

“Mermas” millonarias

Newsweek México señala que la producción de gasolinas para el mercado interno se fue deteriorando por la subutilización de las refinerías y las fallas en las reconfiguraciones, y a la par, crecía el volumen de importaciones, pese a que esto resultara más caro para el país y para los consumidores.

En la actualidad, México importa 75 por ciento de las gasolinas que consume el mercado interno, que promedia los 800 mil barriles diarios.

Asimismo, el hecho de que Pemex maquillara los volúmenes de sustracción que se hacían mediante toma clandestina, registrándolos como pérdida por merma derivada del “proceso técnico”, favorecía al mercado negro.

Un ejemplo al respecto es que en la auditoría de la ASF, se auditó únicamente el flujo en un par de ductos y se encontró que, tan sólo en 2011, la entonces subsidiaria de Pemex dedicada a la refinación de gasolinas, incurrió en mermas o faltantes en los inventarios de gasolinas por 2 mil 800 barriles diarios, en el ámbito nacional.

Esto fue registrado como una ‘merma’ en los procesos técnicos, aunque ya había sido sustraigo por toma clandestina.

Los auditores indicaron en su dictamen que, al compararse con la realidad operativa, “se observó que no se corresponde con la merma o faltante real, ya que dicha cifra es equivalente al volumen sustraído por tomas clandestinas del poliducto, 12-10 Cadereyta-Reynosa-Brownsville, sin contemplar los faltantes en que se incurrió en los restantes 48 poliductos que conforman el Sistema Nacional de Ductos ni los que se generaron en las refinerías, TAR y otros sistemas de distribución.

La ASF también señaló que Pemex no había dado información real ni detallada sobre los faltantes y las mermas que se dieron en los diversos procesos de operación, y que tampoco había manera de evaluar “la problemática real para la detección y mitigación de riesgos y la toma de decisiones”.

Por estas sustracciones las cifras ya eran preocupantes: la merma ascendía a 28.5 mbd, es decir, 10 millones 402 mil 500 barriles al año, con un valor estimado de 16 mil 089 millones 556 mil 700 pesos.

En ese entonces, cuando Felipe Calderón aún gobernaba al país, de los 49 poliductos que conforman el Sistema Nacional de Ductos, al de Cadereyta-Reynosa-Brownsville se le ordeñaba, mediante toma clandestina, el 8.3 por ciento de todo el volumen que éste transportaba, es decir, unos 995 mil 148.8 barriles al año, con un valor estimado de 1,551 millones 200 mil 100 pesos.

Pero el robo de hidrocarburos, en menor o mayor proporción, ya ocurría en toda la red. Por ejemplo, en el poliducto Tula-Toluca se transferían diariamente 27 mil 400 barriles y sólo se “recibían” 27 mil; en el poliducto Minatitlán-Refinería Salina Cruz se transferían diariamente 19 mil barriles de crudo, pero se “recibían” sólo 18 mil 900.

Eso también hizo más fácil la sustracción ilegal. Desde ese año, la ASF reportó que Pemex no daba seguimiento operativo, jurídico y contable a los volúmenes robados de combustible, “en virtud de que carece de información consolidada, periódica y sistematizada que le permita tomar decisiones y dar seguimiento a las acciones emprendidas por cada baja de presión en los ductos por tomas clandestinas, verificaciones físicas, tomas clandestinas clausuradas, denuncias penales efectuadas por Pemex y el registro contable del volumen sustraído”.

Pemex no ha actuado al respecto

También en el eslabón de reparto a las terminales de almacenamiento se facilitaba el robo de hidrocarburos.

Para controlar los volúmenes entregados a la Subdirección de Almacenamiento y Reparto se tenía instalado un Sistema Integral de Información Comercial (SIIC), en donde se registran, por Terminal de Almacenamiento, los siguientes datos:

  • La clave del producto recibido
  • la existencia inicial y final en los tanques de almacenamiento
  • los tipos de recibos (por distribución, devolución, importación, excepción, traspaso y reclasificación)
  • los tipos de salidas (por devolución, traspaso, entrega, consumo, excepción, venta, exportación, mermas, etc).
  • Faltantes y sobrantes en inventarios

La ASF encontró que los documentos de Pemex no estaban actualizados y que tampoco se registraban de forma adecuada los inventarios de los productos ni sus variaciones, lo que impedía identificar, cuantificar y registrar mensualmente el detalle de los diferenciales.

Tampoco las mermas, los faltantes, las diferencias de medición, los sobrantes, las sustracciones ilícitas entre otros.

De igual manera, la empresa P.M.I Trading Ltd, la intermediaria que compra las gasolinas en el extranjero para Pemex, notificaba con dos años de retraso las notas de cargo y crédito de cada compra, sin que Pemex hiciera la conciliación contable correspondiente de los volúmenes y precios, ni exigiera tampoco a dicha empresa el realizarlo.

Desde ese entonces, la ASF le había solicitado a Pemex generar información real y detallada sobre el volumen de gasolinas producido, importado y distribuido, almacenado y vendido, así como del volumen de mermas y faltantes incurrimos en cada uno de los procesos.

Lo anterior “con la finalidad de que sirva como referencia para la evaluación y mitigación de riesgos y toma de decisiones encaminadas a establecer estrategias para la disminución de las pérdidas”.

También le había pedido dar seguimiento operativo, jurídico y contable periódico y sistematizado de las tomas clandestinas detectadas, para tener información consolidada sobre los resultados alcanzados en las actividades encaminadas a desalentar la comisión de delitos y así favorecer la toma de decisiones.

Al respecto, Pemex únicamente se limitó a seguir registrando las tomas clandestinas externas, particularmente las que se detectaban cuando ocurrían derrames o incendios.

De ahí en más, el Pemex del gobierno de Enrique Peña Nieto se limitó a ver cómo aumentaba el número de tomas clandestinas, pasando de 1,635 tomas en el último año de Felipe Calderón (2012) a más de 12 mil 500 al cierre de 2018.