Hoy, Jesús Silva-Herzog Márquez, uno de los “líderes ideológicos” de la actual oposición, tituló su artículo en Reforma así: “La lógica de la dictadura”. Y aunque menciona que no afirma que en México “se haya instaurado una dictadora”, sí menciona que la “lógica” de ésta se está aplicando. Una especie de no, pero en realidad sí.

No es extraño que Silva-Herzog escribiera hoy ese texto. En realidad, la oposición está haciendo su campaña electoral de este 2021 basado en eso: en mencionar que AMLO es un presidente autoritario, y que vamos rumbo a la dictadura.

La oposición observa varias discusiones legislativas, normales en cualquier país democrático, como si fueran elementos de que la dictadura ya se acerca. Miran las conferencias de prensa de AMLO y los debates que ahí se dan, como una “amenaza a la libertad de expresión”.

Sí, la oposición está tratando de imponer ese discurso: “AMLO es un dictador”, y por lo tanto, la gente que le apuesta a la democracia debe votar por los partidos que están en contra de AMLO y de Morena.

La cuestión es que, ese discurso, es muy poco creíble. ¿De verdad consideran un “dictador” a un presidente que tiene que luchar con los amparos de jueces? ¿De verdad consideran como “dictador” a un mandatario que ha seguido todos los ordenamientos legales? ¿De verdad consideran a AMLO un tipo que viola la libertad de expresión si, de lunes a viernes, tiene una conferencia y cualquier reportero le puede cuestionar cualquier cosa?

Es increíble. La gente no se traga esos engaños tan burdos.

La cuestión es que, mientras la oposición y sus intelectuales se enfocan en este debate, no hablan nada de un proyecto de país. No dan alternativas a lo planteado por Morena. No tienen propuestas.

No se han dado cuenta los de oposición que, para ser una oposición, deben primero superar la obsesión que tienen con AMLO y con su triunfo en 2018. Y pues parece ser que ni se lo han planteado.