¿Se imaginan que a diez días de anunciar que formarás un partido político, aparece una petición con miles y miles de firmas que te piden, que te exigen, que te solicitan que no formes uno, y que si lo llegas a formar, lo elimines?

Eso no le debió hacer mucha gracia a Felipe Calderón, él, que es tan dado a estallar.

Su esposa y él, por más que han querido emprender la tarea de formar su nuevo partido, se han topado con el desdén y el odio de muchísima gente. Están ambos preocupados. Saben que pueden llegar a ser un gran ridículo. Uno enorme. Y saben que el Instituto Nacional Electoral (INE) no volverá a hacerles “el favorcito”, como se lo hicieron cuando Margarita Zavala presentó miles de firmas falsas y los consejeros se las valieron como verdaderas.

La preocupación de los Calderón es real.

Por ello, Felipe Calderón ha buscado hacer lo único que le ha dado ciertos resultados en toda su vida: emprender campañas de odio y desprestigio contra Andrés Manuel López Obrador.

La mayoría de los expresidentes, en cualquier país, saben que tuvieron su momento y que es tiempo de que otra persona lo tenga. Estos exmandatarios deciden retirarse de la arena política. Eso hacen los líderes. Los estadistas. Los verdaderamente democráticos. Y Felipe Calderón no tiene ninguna de estas características.

Por eso hoy busca ser el “contra” de AMLO. Pretende colocarse como “la oposición”. Tiene un plan para hacerlo. Está gastando en eso.

Cada vez que puede, Calderón critica al nuevo gobierno. Si se siente aludido, se lanza contra el nuevo gobierno. Es su estrategia: brillar como la “oposición” a AMLO.

Un vistazo a sus tuits de hoy evidencia claramente el discurso de “mírenme, yo soy el verdadero opositor de AMLO”:

 

 

Felipe Calderón busca denodadamente que alguien lo voltee a ver, que lo haga “presente”: un actor político. Sabe que su esposa no da una, ni para atrás ni para adelante, y que en términos políticos es un “cadáver político”. Por eso él ha tomado la batuta. Piensa que él es “competitivo”. Está seguro de ello. La gente a la cual le paga le dicen eso.

Los ex presidente, Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón.

Su estrategia es simple: ser quien lidere a la oposición a AMLO. Pienso que con eso le alcanzará para sacar las firmas de su partido político. Le apuesta a que eso lo hará “viable” a él y al organismo político que aún no crea.

La cuestión es que Felipe Calderón piensa que él es un ex presidente “que se salva” del desprestigio. Ve a Vicente Fox y a Enrique Peña Nieto como ceros a la izquierda, y él, con su petulancia acostumbrada, se siente el único con “potencial”, el que “está limpio”.

La realidad le dará más golpes a este señor que, sin duda, en lugar de estar tuiteando desde Estados Unidos, debería estar bajo proceso. O al menos callado: con un poco de vergüenza por todo el mal que le hizo al país. El enorme mal que le provocó.