¿De verdad pensaron que Andrés Manuel no iba a ir contra el aberrante robo de gasolina que ha habido en Petróleos Mexicanos (Pemex)?

¿De verdad creyeron que AMLO dejaría que la sangría continuara, que se robaran millones y millones y millones y millones de pesos de la riqueza energética del país?

¿De verdad lo asumieron así?

Petróleos Mexicanos (PEMEX), todo ciudadano que habite en el país lo sabe, ha sido una de las empresas más saqueadas. Y esto ha sido así especialmente a partir de que los presidentes del país se comenzaron a hincar ante las políticas neoliberales.

Saquearon a Pemex durante lustros, para después decir, como lo dijeron, que la paraestatal ya no era “tan productiva”, que tenía pérdidas, que no era bueno mantenerla ya y que habría que comenzarla a vender, o compartir “las riquezas”.

Dejaron a Peme, y a toda la industria energética mexicana casi inservible. Desmantelaron las instalaciones. Dejaron de invertir en investigación. Pararon lo que pudieron parar. Callaron a los críticos y llenaron de corrupción todo.

La intención siempre fue una: destruir a Pemex para, al final, vender la riqueza energética mexicana como si fuera chatarra. Es decir, un robo.

Pero esos gobiernos neoliberales pensaron que serían eternos. Y no lo fueron. Al menos no en México.

A partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia del país, las cosas han comenzado a cambiar.

El actual Presidente del país sabe que lo primero que se precisa realizar es sanear a Pemex. Y lo ha comenzado a hacer.

Andrés Manuel sabía, y lo sabe ahora más, que el robo de gasolina es enorme, y asciende a millones y millones de dólares. Los gobiernos neoliberales inventaron, en parte, el cuento de que “no lo combatían” porque “los narcos” se habían apoderado de él, y como los narcos eran muy fuertes, pues el Estado no podía.

Esto es una estafa que algunos supuestos expertos en “energía” (con su tono petulante que busca esconder su ignorancia o cinismo)  aún repiten.

La sangría de Pemex no está tanto afuera de la paraestatal (que sin duda la hay), sino adentro, en la corrupción, en los directivos que permitieron todo el saqueo, en los grupos que se crearon para hacer un negocio redondo donde ganaban a costa de la riquezas de la nación.

Esto está terminando con el arribo de AMLO a la presidencia.

Resulta muy interesante cómo primero se cerraron ductos y después llegaron elementos del ejército a refinerías y demás instalaciones.

Hay un plan, y parece ser que marcha bien. Quizás en ese plan provocó cierto desabasto en algunas regiones del país, que evidentemente molesta a los ciudadanos, pero lo importante es erradicar el robo de gasolina.

Es el primer paso para recuperar la industria petrolera mexicana. Habrá, sin duda, muchos más.