Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

01 de abril de 2018.- En 2006, cuando inició la campaña con rumbo a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador tenía ventaja. Una ventaja cómoda. Sin embargo, en los meses siguientes una guerra sucia nunca antes vista en México se vino encima y afectó la elección.

Andrés Manuel fue considerado un peligro para México, un Hugo Chávez nacional, un monstruo. Un hombre que iba a dejar a México en la miseria. Con él, se dijo, habría violencia y muerte y sangre, y la gente perdería sus bienes, sus autos. Actuaría tan mal como presidente de México que, decía la promoción en contra de AMLO, cualquier acción era viable para detenerlo.

Describían un infierno si llegaba AMLO a la presidencia.

López Obrador en 2006. Foto: Cuartoscuro

Además, cada palabra que salía de la boca de AMLO, era descontextualizada. Cuando le dijo a Vicente Fox, entonces presidente de México, “cállate chachalaca” (¿quién hoy no le diría una frase parecida a Vicente Fox?), la malinterpretación y el uso nocivo de dicha frase afectó de una forma u otra a AMLO.

En 2006 la guerra sucia en contra de AMLO (aunque nunca se ha detenido durante los últimos 12 años) fue brutal. Verdaderamente brutal. Y sí, tuvieron éxito. El PAN, Vicente Fox y Felipe Calderón ganaron la presidencia. Por la mala, sí, pero la ganaron.

En dicho proceso electoral, la supuesta victoria de Felipe Calderón fue por unos cuantos votos. La elección, además de manchada por la guerra sucia, estuvo manchada por el fraude. Las irregularidades fueron amplísimas, y a pesar de ser evidentes, el entonces IFE y el tribunal electoral no hicieron nada. No jugaron con la legalidad, sino con la trampa (¿Alguien recuerdan a Luis Carlos Ugalde, presidente del IFE en ese entonces, y que ya desde esa época pasó de inmediato a ser uno de los personajes más detestables para la historia de México?)

Simpatizantes de López Obrador protestan por el fraude electoral. Foto: Nelly Salas/Cuartoscuro

Así pues, en 2006, aunque no ganaron por la buena, el PAN y Felipe Calderón se robaron la presidencia. Y lo hicieron porque pudieron.

Hoy, algunos dicen que AMLO, quien encabeza las encuestas y por mucho, se “desinflará” pronto, que le volverá a pasar lo mismo que hace 12 años, que cometerá “los mismos errores”, que el “peor enemigo de AMLO es el propio AMLO”….

Cierre de campaña de López Obrador en 2006. Foto: Nelly Salas/Cuartoscuro

Pero esos son solamente discursos torpes y frases huecas que buscan hacer aunque sea un poco competitiva la elección. El 2018 es distinto y no será como el 2006. Aquí algunos puntos:

La tecnología

El primer Iphone fue lanzado en 2007, un año después de las elecciones de 2006. Este teléfono revolucionó la comunicación, no solamente porque permitió que una persona llevara una computadora pequeñita en su bolsillo (en movimiento), sino porque la información fue más fácil de encontrar. Antes, en 2006, se tenía que “buscar” la información. Hoy, la información nos encuentre a nosotros. Y lo hace en cualquier momento. Después del Iphone, llegaron muchísimos teléfonos inteligentes, y cada vez bajaron más de precio. Esto hace que el actual proceso electoral, y la forma en cómo nos enteramos de ellos, sea muy distinto hoy que hace doce años.

#MarchaYoSoy132‬ en contra de la manipulación mediática de Televisa. Foto: Javier Armas/Flickr

Las redes sociales

Facebook fue lanzado, en español, en 2007. Antes de esa fecha, había muy poca gente en el orbe que usara dicha red social. Había otras, sí, pero eran limitadas y no tan inmediatas. Facebook llegó y de forma rapidísima se fue haciendo de miles y miles de usuarios que pronto fueron millones. A la par que Facebook se fue generalizando entre los mexicanos, nuestros hábitos de consumo de la información fueron cambiando. Cada vez pasamos más y más tiempo en dicha red social: conociendo de nuestros amigos, de nuestros familiares, y también de lo que sucede a nuestro alrededor.

En 2006 no había Facebook ni tampoco Twitter ni mucho menos WhatsApp o Instagram. Por eso, hoy, en 2018, la forma en cómo nos enteramos de lo que sucede es muy diferente a 2006. Pero no solamente eso, estas redes sociales no son “algo nuevo”, sino que ya las hemos naturalizado, y muchos han aprendido a distinguir entre información falsa y verdadera. No es que esto sea fácil de distinguir ni que todos lo hagan, pero hay más experiencia en eso del uso de las redes sociales.

Estas tecnologías han permitido, en muchos lados, levantamientos y movimientos sociales. La información es mucho más fácil de trasmitir.

Redes sociales y teléfonos inteligentes hace que este 2018 sea muy pero muy distinto al 2006, cuando, los grandes medios de comunicación y los correos electrónicos eran las vías más fuertes de comunicación e interacción comunicativa.

Una joven protesta contra Televisa en una manifestación del YoSoy132. Foto: LaRobinJud/Flickr

Los medios tradicionales tienen competencia

Antes, un anuncio en contra de AMLO en la tele, o en la radio, o en un medio, tenía un impacto fuerte. Una aseveración en un noticiero, también. Pero los medios tradicionales hoy tienen competencia: muchos otros medios de comunicación han nacido en la web, e incluso tienen muchísima más penetración que muchos medios tradicionales.

Sí, la tele tiene aún mucha presencia, pero ya no está sola. Televisa está en crisis, y esto es gracias al internet, y a que su credibilidad ha quedado destrozada. Estas elecciones, pues, no van a ser las de la Tele mentirosa, sino las del internet. Que sí, puede haber muchísimas mentiras, pero hay espacio para combatirlas. Hay formas. En 2006, era complicado. Era imposible.

¿Y ahora con qué asustar?

En 2006 dijeron que AMLO era malísimo y que nos iba a llevar a la catástrofe. No dejaron que AMLO llegara a la presidencia, y a pesar de ello, vivimos una catástrofe. Primero vino la violencia (y la sangre) cotidiana, encabezada por Felipe Calderón, y después la catástrofe económica, encabezada por el propio Calderón y por Enrique Peña Nieto. Es decir, el PAN primero y después el PRI, transformaron la narrativa de la guerra sucia en contra de AMLO en una realidad: sangre, crisis económicas, devaluaciones, coste de vida altísimo, etcétera.

Ahora, ¿con qué nos van a asustar? Además, para asustar, se precisaba toda la maquinaria comunicativa (la tele, la radio y los periódicos), pero ahora, esa maquinaria está en crisis, y las redes sociales tiene impacto y puede ser rebatida esa guerra socia de forma más fácil. Así pues, 2018 será muy distinto a 2006.

López Obrador en 2006. Foto: Nelly Salas/Cuartoscuro

Confianzas que no había

En 2006, muchos miembros de la clase media pauperizada se creyeron todas las mentiras que se decían en contra de AMLO. Hoy, esa clase media pauperizada (una ya convertida en pobre) votará por AMLO porque entendió que ni con el PAN ni con el PRI hay futuro con bienestar.

Simpatizantes de Morena y Andrés Manuel López Obrador en Guadalajara. Foto: Fernando Carranza/Cuartoscuro

El efecto Morena

 En 2006, AMLO participó como una coalición de partidos, en el cual, el PRD era el más fuerte. Pero el PRD ya estaba desde 2006 en una crisis ética. Muchos miembros de ese organismo político no creían en AMLO ni en la izquierda ni en la justicia social, y a la primera, traicionaron principios y lealtades y se llenaron de ambiciones por los cargos, la buena vida y los excesos. AMLO no tenía un organismo político confiable. Hoy sí lo tiene, se llama Morena y tiene un efecto político impresionante, pues a poco de existir, ha tenido grandes victorias y ganó el Estado de México al PRI (algo que ningún otro partido había hecho), aunque el triunfo no se lo respetaron las autoridades electorales.

Así pues, Morena es un vehículo mucho más sano, más fuerte y más competitivo que el PRD. Además, ahora sí, se espera que Morena pueda organizar una mejor defensa del voto (antes, durante y después de la elección), algo que el PRD nunca pudo hacer.

Anaya y Meade en un encuentro cordial. Foto: Especial.

Candidatos con olor a corrupción

En 2006, Felipe Calderón era un candidato limitado, maquiavélico y avaricioso, sin embargo, no estaba embarcado en grandes escándalos de corrupción. Hoy, los dos candidatos que le compiten a AMLO, están involucrados en corrupción. Ricardo Anaya y José Antonio Meade tienen colas enormes para pisar.

Por ello, el contraste entre AMLO y ellos dos es muy nítido, y fácil de identificar. Además, aunque a AMLO le puedan inventar “algo”, han intentado tanto con tantas mentiras, que ya esa estrategia tiene cada vez menos efecto.

Sí, habrá guerra sucia, habrá golpeteo, habrá muchas puercadas, y además, las autoridades electorales, como en 2006, no son confiables. Pero algo ha cambiado, y todo indica que ese algo que cambió ha afectado profundamente a los mexicanos y, por fin, le darán la oportunidad al país de que lo gobierne AMLO. Y no solamente le darán la oportunidad, sino que defenderán su triunfo.