Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

20 de mayo de 2018.- Anunciaron este debate como muy ágil, como algo que iba a tener mayor fluidez: más entretenido. Pero, la verdad es que los del Instituto Nacional Electoral fallaron. El segundo debate fue aburrido, y los moderadores tuvieron un papel protagónico que no debieron poseer.

Si no hubiera sido porque Andrés Manuel López Obrador le dijo a Anaya, cuando el panista se le acercó en una actitud agresiva, “voy a cuidar mi cartera porque se está acercando mucho”, el debate hubiera sido más aburrido.

Con esas palabras, Andrés Manuel dejó en la lona a Ricardo Anaya, y ya éste no se pudo levantar. Quedó noqueado.

Sí, el ganador del debate fue Andrés Manuel. Se le vio bien, sagaz, yendo a los puntos centrales, y cuando recibió ataques, los supo sortear con facilidad. Respondió a las invectivas.

¿Querían que respondiera en el debate pasado? Pues lo hizo, y dejó a sus adversarios tumbados.

Ahora bien, el mayor perdedor del debate fue Ricardo Anaya. Para él, este segundo debate era importantísimo. Y le fue mal. Muy mal. No sé si Anaya leyó el reportaje de Álvaro Delgado hoy en la mañana en la revista Proceso, y por eso llegó como desatrampado, como fuera de sus casillas.

AMLO y Ricardo Anaya en el debate presidencial. Foto: Especial

Se le paró en tono agresivo a Andrés Manuel, como si quisiera golpearlo. Le dijo que era ignorante, que no conocía el mundo, que estaba atrapado en el pasado. Se vio mal, prepotente, clasista, desorientado, y especialmente preocupado.

Sí, Anaya fue el que más perdió: el perdedor.

José Antonio Meade se vio como lo que es: un comercial constante. Habla como si estuviera filmando un spot de televisión. Y de ahí, nadie los sacó. No pegó fuerte, y por más que dijo que él era el más preparado, no supo establecer ni desarrollar bien los temas que le plantearon.

Los candidatos presidenciales y el consejero del INE, Lorenzo Cordova, antes del debate presidencial. Foto: Especial

Incluso, hubo un momento en que Meade y Anaya se enfrascaron en un conjunto de acusaciones, como si ambos estuvieran tratando de hacerse del lugar del más corrupto.

Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, de pena. Sus intervenciones no decían nada, y su discurso de independiendo es tan superficial que ni él mismo se lo cree.

Así pues, Andrés Manuel fue ganador. A Meade le fue bien porque no le fue tan mal. Y Anaya se desquició, perdió.

Todo indica que estas elecciones cada día están más decididas.