Desde que sale de su casa de campaña en la colonia Roma en su modesto automóvil blanco rumbo a la reunión con Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional, Andrés Manuel López Obrador recibe el apoyo de la gente. Una muchedumbre lo espera pacientemente afuera de la finca y a su salida, le da mensajes de apoyo, lo saluda, se toma selfies con él.

Durante su trayecto, un hombre que conduce un coche adelante del suyo, al percatarse de que detrás de él viaja el próximo presidente, se baja por unos segundos del vehículo y le da unas palabras de aliento.

AMLO sale de su casa de campaña. Foto: Milenio

Andrés Manuel llega a Palacio Nacional y hay personas que lo esperan: gente humilde, de a pie. Ahí están y se mezclan con los periodistas. Cuando AMLO entra a Palacio, los humildes, los de a pie, rompen el cerco del Estado Mayor presidencial y sucede lo que no sucede nunca: esas personas que no pertenecen a la cúpula del poder ni tienen cargos ni empresas súper millonarias ingresan al recinto. Es un rompimiento simbólico de algo. Es un cambio: una transformación.

Óscar Martínez Vélez, una de las personas que entró a Palacio Nacional, cuenta que AMLO al verlo le preguntó: “Y tú qué haces aquí”. Óscar le contestó: “me colé”. Lo que vino después fue para conservar en la memoria por siempre, pues AMLO se rió y le dijo: “Yo también me colé, y con nosotros toda una nación”.

Adentro de Palacio Nacional, entre apretujones de los periodistas que lo presionan para que dé alguna declaración, López Obrador es abordado por una mujer que le pide ayuda. Le dice que a pesar de haber estudiado una maestría no tiene trabajo, que es viuda, que tiene 53 años, y que su vida, como las de millones de mexicanos, cada vez le es más difícil. Sereno, Andrés Manuel la escucha: promete apoyarla.

Después hace una pausa en el camino y ante la insistencia de los periodistas, les pide que lo dejen caminar tranquilo, prometiéndoles dar una rueda de prensa al final de la reunión.

“Yo no quiero tener guardaespaldas. Eso significa que los ciudadanos me van a cuidar, me van a proteger y los medios que siempre van a estar cerca de nosotros, lo mismo, van a actuar con orden para que de esta manera yo no esté rodeado de guardaespaldas, porque eso no me gusta. No debemos actuar así, pero luego me apachurran”.

AMLO, la muchedumbre y su Jetta Blanco. Foto: Especial

Logra su cometido: López Obrador cruza el patio principal y entra a una de las salas de Palacio Nacional, custodiada por decenas de guaruras que no son suyos sino los que custodian a Enrique Peña Nieto y forman parte del Estado Mayor Presidencial.

Detrás de los muros, AMLO se encuentra con el todavía Presidente de México, Enrique Peña Nieto. Caminan juntos por los pasillos y entran al Salón de los Presidentes hasta llegar al despacho destinado al mandatario en turno. Ahí, sentados, conversan sobre algunos temas: la negociación del Tratado de Libre Comercio, la construcción del Nuevo Aeropuerto, la Reforma Energética y la seguridad.

Peña y AMLO llegan a algunos acuerdos sobre el presupuesto para el 2019, en los cuales se incluyen ajustes al salario de los altos funcionarios, aumento a la pensión de los adultos mayores y viabilidad al programa de apoyo a los jóvenes para que no se queden sin estudiar o trabajar. Es decir, inician los trabajos para la transición.

Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional. Foto: Especial

Al salir de la reunión, en el salón de la Tesorería de Palacio Nacional, López Obrador da un breve mensaje. Informa los puntos esenciales de la reunión pero se queda insatisfecho. Entonces, sucede lo impensable: AMLO se sale del guion establecido y propone una sesión de preguntas y respuestas, lo que nunca hizo Peña Nieto ni ninguno de los últimos presidentes durante en su sexenio.

Interrogado sobre si cambiará los protocolos de su seguridad personal, López Obrador responde que todavía no tiene nada definido sobre ese tema pero deja en claro que no necesita que lo protejan guardaespaldas, pues a él lo cuida la gente.

“Me cuida la gente, me cuida el pueblo, el que lucha por la justicia no tiene nada que temer”, expresa el ganador de la pasada elección presidencial.

AMLO en la rueda de prensa en Palacio Nacional. Foto: Especial

Momentos después, en voz de López Obrador, los nombres de Demetrio Vallejo y Valentín Campa retumban en Palacio Nacional. Ambos líderes sociales se enfrentaron al monstruoso régimen priista de los cincuentas y protagonizaron uno de los episodios más valientes: iniciar en 1958 una huelga del sindicato ferrocarrilero que paralizó al país. Ambos fueron encarcelados, por órdenes del presidente Adolfo López Mateos durante más de una década en el Palacio de Lecumberri. AMLO les rinde un modesto homenaje por haber iniciado el camino que lo llevó a ganar la elección presidencial.

“[Agradecer] a Demetrio Vallejo, Valentín Campa, y a muchos dirigentes y muchos mexicanos que han contribuido a esta nueva situación política del país que nos va a permitir llevar a cabo la cuarta transformación del país. No les vamos a fallar, no vamos a traicionar al pueblo de México”.

Valentin Campa y Demetrio Vallejo. Fotos: Especial

Luego, ante la insistencia de la prensa, AMLO vuelve a comprometerse a no utilizar el avión presidencial y en lugar de vivir en Los Pinos, anuncia que convertirá la actual residencia del Presidente en un espacio para las artes y la cultura.

Posteriormente, López Obrador informa que durante los próximos dos meses se dedicará a trabajar en su oficina junto a los miembros de su gabinete para iniciar la planeación de los programas y proyectos con el que gobernará durante su sexenio.

A mediados de septiembre y hasta finales de noviembre, recorrerá el país para presentar el Plan de Desarrollo Integral en cada una de las regiones de México.

AMLO en la rueda de prensa en Palacio Nacional. Foto: Especial

Al final de la insólita rueda de prensa, López Obrador señala que su plan es hacer un “cambio por el camino de la concordia” y agradece las muestras de solidaridad y las felicitaciones, incluidas las de los ex presidentes. Remata diciendo que él no tiene enemigos sino adversarios.

Se despide con un saludo entre los flash de los fotógrafos y el barullo de los reporteros.

Afuera, una multitud que ya es más grande que cuando entró, lo vitorea y le dice que no está solo, que muchos lo apoyan, que muchos lo quieren. Andrés Manuel saluda y se sube a su auto blanco de modelo no reciente.

Simpatizantes de AMLO afuera de Palacio Nacional. Foto: Lupita Juárez/Twitter

Poco a poco, el modesto automóvil blanco arranca y toma su camino de regreso a la casa de campaña. En ella, día y noche, los periodistas mantienen una férrea guardia para mantener informado a todo un país que no deja de observar con una inusitada sorpresa al presidente de izquierda que eligió. Ese presidente que deberá transformar a un país sin crecimiento económico, con la deuda externa más alta de la historia, sumido en la corrupción e impunidad, con más de 200 mil muertos, 50 mil desaparecidos y un modelo neoliberal que tiene 53 millones personas condenados a ser miserables por el resto de sus días.

A su paso por las calles del centro histórico, los transeúntes al observar el auto donde va AMLO, se emocionan y le muestran su apoyo.

Nunca antes en la historia reciente del país se había visto a un candidato presidencial tan libre, tan cercano al pueblo. Todavía no es presidente electo y López Obrador ya está cambiando mucho las formas autoritarias de ejercer el poder.