El 28 de junio de 2009, al presidente de Honduras, Manuel Zelaya, lo despertó un fusil. Una asonada golpista lo deponía del poder ejecutivo ganado en las urnas, y lo secuestraba al subirlo a un avión con rumbo a Costa Rica; así se perdía la democracia en ese país.

Hoy, gracias a un juicio que se lleva en Estados Unidos, sabemos que un hermano del actual presidente recibió financiamiento del Cártel de Sinaloa para su campaña electoral. La historia de golpes de estado en América Latina nunca se fue de la región. Y lo que vino después de Zelaya fue una degradación de la vida económica, social y política sin precedentes.

En México, en el siglo pasado, no hubo necesidad de golpes de estado militares como los típicos que se erigían en todo el continente, las urnas eran despreciadas, y el sistema democrático se ciñó a presuntas razones de Estado, en donde los fraudes patrióticos o aquellos que se realizaban en nombre de la modernización de nuestra nación eran una realidad innegable.

El régimen de partido de estado mantuvo un control autoritario. Después de que la tecnocracia neoliberal pudo hacerse del poder: el PRI ante un mundo “globalizado” era un estorbo.

Aquellos que perdieron sus privilegios en las urnas en julio de 2018 siguen sin poder recuperar el control del aparato del estado, buena parte de su poder se desvaneció, y sus negocios a partir de la crisis del COVID-19 han sucumbido debido a que las pérdidas las han tenido que absorber ellos, con la agravante que además sus empresas deben empezar a pagar impuestos, cosa que raramente hacían durante el régimen neoliberal.

Al no endeudarse de forma indiscriminada para realizar un rescate a los más ricos del país, se detuvo una forma de despojo en donde las pérdidas se socializaban y las ganancias se privatizaban.

La democracia en México ha sido un simulacro. La llegada a la presidencia de la república por parte de Andrés Manuel López Obrador fue gracias a un movimiento social que desbordó cualquier tentación de fraude, ya que, si este se hubiera realizado, la conflictividad social hubiera sido sumamente costosa.

AMLO durante un evento en el Zócalo en septiembre del 2012. Foto: Especial

Ha habido sendas cartas dirigidas al presidente de Estados Unidos por parte del Frente Nacional Anti AMLO, una organización fachada de antiguos funcionarios panistas, intentando manipular a la sociedad tanto del país vecino como del nuestro, presentando a este gobierno como una dictadura. Aún cuando el presidente reformó la constitución para la revocación del mandato, hay algunos sectores interesados en descarrilar este proceso histórico de desmontaje de la corrupción institucionalizada. Para ellos las urnas sólo son válidas cuando los resultados los controlan de forma fraudulenta.

Alguien como Manlio Fabio Beltrones, ha llamado públicamente a su partido a alejarse de este sector por lo rancio de sus intenciones. Las posibilidades de un golpe de estado blando son reales.

La crisis derivada del coronavirus vino a profundizar los síntomas de una recesión económica de la región en medio de una guerra comercial entre nuestro principal socio y China: el T-MEC debe pensarse en esta clave.

Recuperar la capacidad productiva de PEMEX es una prioridad para este gobierno, los ingresos derivados del petróleo y gas serán importantes para echar andar la recuperación económica y mantener las finanzas públicas sin deuda. Además, enfrentamos una situación inédita, en unos meses más necesitaremos acceder al mercado de las vacunas contra el COVID-19. Al mismo tiempo que los ataques del narcotráfico no cesan, al contrario, se han intensificado debido a las operaciones contra sus recursos financieros.

El presidente Andrés Manuel visita Washington esta semana. Suele decir que la mejor política interior es la exterior. Se ha dedicado, en este año y medio de gobierno, a limpiar la corrupción que existía entre la clase política y los grandes empresarios. Asimismo, ha combatido con fuerza a los grupos de la delincuencia organizada.

Hay quienes han querido comparar la visita de Salinas de Gortari a George Bush, pero no recuerdan que la falta de legitimidad política del primero hacía que la relación entre pares se viera afectada. No es el caso, el actual ocupante de Palacio Nacional cuenta con una legitimidad que ninguno de sus antecesores en esta vuelta de siglo. Eso se ve reflejado por la reciente incorporación de México al Consejo de Seguridad de la ONU.

Hay sectores, pues, muy interesados en desestabilizar la relación con el ocupante de la Oficina Oval. Habría que apuntar que, en estos momentos, los intereses de México no permiten vacíos.