A lo largo de la historia las epidemias han estado relacionadas con el poder y el control social. No sólo son un problema biológico o médico, también, como señalan algunas investigaciones, involucran una serie de factores sociales y políticos.

Por ejemplo, en el libro Epidemias y Poder, Sheldon Watts menciona que las epidemias han influido sobre la relación de poder entre la minoría dominante y la mayoría dominada, pues eran los gobernantes quienes determinaban la respuesta oficial a la enfermedad.

En otra investigación, Walter Ledermann, menciona que la Peste Negra además de terminar con la Guerra de Cien años, promovió “una exaltación de ciertas prácticas religiosas y al mismo tiempo una exaltación de los placeres mundanos”.

Los trabajos de Michel Foucault han sido claves para comprender que detrás de los discursos entorno a la salud pública hay una dimensión de poder y control sobre las sociedades. Es decir, las epidemias son eventos sociales que pueden llegar a trastocar el orden social y cultural.

En ese marco, el Coronavirus se presenta como una epidemia que por sus alcances globales está comenzando a generar cambios en las prácticas, las emociones y en la forma en la que pensamos la vida y el mundo.

Con el coronavirus se están detonando una serie de temores sociales y ansiedades que ponen en el centro la vulnerabilidad de la humanidad. Frente al temor y la incertidumbre, las sociedades tienden a levantar fronteras y a rechazar al otro que se percibe como una amenaza.

Además, comienza a operar el pánico como fenómeno social y en palabras del sociólogo francés Jean-Pierre Dupuy, las masas se individualizan y el orden social se fragmenta.

Por ejemplo, en Estados Unidos y en Bolivia se han prohibido los vuelos que llegan desde Europa y en Nueva York se ha decretado estado de emergencia, en Italia se han cerrado los bares, restaurantes, iglesias, cines y al igual que en España y otros países, se han suspendido las actividades escolares.

Estos momentos de crisis pueden ser aprovechados por los gobiernos y grupos de poder para justificar actitudes xenofóbicas bajo el discurso de la salud pública.

O, como está sucediendo en México con la oposición, utilizar la epidemia para golpear al gobierno.

Incluso han llegado a utilizar noticias falsas para culpabilizarlo de una supuesta incapacidad. No les importa que la Organización Mundial de la Salud haya reconocido el trabajo del Gobierno Mexicano para esta grave situación.

Frente a esta epidemia es necesario que la oposición actúe con esa responsabilidad que tanto le exigen al gobierno de López Obrador. Es lamentable que estén impulsando estrategias de desinformación sólo porque no tienen un programa político y una agenda propia.

Finalmente, es muy probable que en los próximos días nuestro país entre en una siguiente fase de contingencia a causa del Coronavirus.

Pongamos atención a la información oficial, esa que provee la Secretaría de Salud y no dejemos que en nuestras redes y en nuestras conversaciones se difundan aquellas campañas hechas con mentiras y noticias falsas que sólo buscan desestabilizar al gobierno a costa de la salud del pueblo de México.