Sí, los medios cambiaron. Sí, el internet y las redes sociales ahora son importantísimos y ya casi nada se puede hacer sin ellos. Sí, la televisión, digamos, “tradicional”, cada vez pierde más fuerza. O presencia. O impacto. Sí, todo lo anterior es verdad y, sin embargo, qué gusto que comience la televisión a tener programas como el que ayer martes se estrenó en Canal Once, a las diez de la noche: John&Sabina.

Hay una pregunta que me he hecho varias veces: ¿la televisión mexicana, en especial Televisa y TV Azteca, comenzaron a perder presencia a partir de la revolución tecnológica o a partir de sus contenidos decadentes y su incapacidad para entender que la sociedad estaba o había ya cambiado?

No cabe duda que la introducción del internet y de los teléfonos móviles nos ha transformado como sociedad: en nuestras prácticas, en las formas en cómo interactuamos, cómo concebimos al mundo y cómo vivimos. La revolución de los aparatejos con pantallas táctiles y “datos” es algo avanza todos los días y que no sabemos hacia dónde nos va a llevar, y es algo complejo con un montón de aristas (desde las económicas hasta las culturales).

#MarchaYoSoy132‬ en contra de la manipulación mediática de Televisa. Foto: Javier Armas/Flickr

Uno de los impactos más evidentes de esta revolución ha sido la forma en cómo nos informamos. Ha cambiado todo radicalmente. La gente tiene mayor capacidad para elegir qué ver, qué escuchar, cómo hacerlo y dónde. Estas transformaciones han impactado a los “medios tradicionales” (la radio, la tele y la televisión), quienes han debido innovar, renovarse, y ser parte de ese mundo donde antes ellos eran los amos y señores y ahora compiten con miles y miles de personas.

Por ello, que cada vez Televisa y TV Azteca tengan menos impacto, no solamente es por la revolución tecnológica que los impactó y a la cual no han sabido “aclimatarse” de forma adecuada, sino que también sus contenidos no han podido estar a la altura de los cambios que la sociedad mexicana ha experimentado.

Durante años, los canales públicos estuvieron sujetados a la preponderancia de las televisiones privadas. Poco presupuesto. Poca iniciativa. Nada de competencia. Todo se dictada desde las televisoras “comerciales”. Ellas competían por “el gran pastel” y dejaban las “sobras” a los canales públicos. Había esfuerzos de las estaciones no comerciales, y eran muy loables, pero nunca fueron suficientes.

Los Presidentes de Televisa y Tv Azteca, Emilio Azcarraga Jean y Ricardo Salinas Pliego. Foto: Miguel Dimayuga/Proceso

Hoy, a cinco meses de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia del país, parece ser que las cosas han comenzado a cambiar, y que ese duopolio que formaron en materia de contenidos Televisa y TV Azteca, ha comenzado a romperse desde los canales públicos.

Y si no, basta ver el programa de John Ackerman y Sabina Berman ayer en Canal Once. El contenido: impecable. La calidad: excelente.

El estreno de este programa, que tuvo un impacto en redes sociales importante (llegó a ser una de las cinco tendencias en Twitter más fuertes a partir de medio día), significa una ruptura a las voces y temas homogéneas que han impuesto las televisoras comerciales.

Me imagino que los programas de la “barra política” del duopolio (Televisa y TV Azteca) están comenzando a ponerse nerviosas. ¿Cómo van a competir con programas de tan buena calidad como el que ayer presentaron Sabine Berman y John Ackerman?

Da gusto que Canal Once, una televisión pública que tiene todas las posibilidades de competirle a TV Azteca y Televisa, apueste por este tipo de programas.

De verdad, da gusto.

Durante años, la homogeneidad mediática fue la norma en el país: uno encendía la televisión, y los mismos de siempre decían lo mismo de siempre. Uno apretaba el “on” de la radio, y los mismos de siempre afirmaban lo de siempre. Uno leía la mayoría de los periódicos y los de siempre decían, cosas de la vida, lo de siempre.

Esta tendencia se fue rompiendo lentamente, pero nunca se ha roto del todo. Televisa y TV Azteca, y buena parte de los medios, continúan siendo dirigidos por los mismos de siempre que dicen lo de siempre.

Por eso, el programa de John (que el sexenio pasado estuvo censurado en radio y en televisión) y de Sabina es importante: porque rompe esa homogeneidad de quienes se piensan los únicos capaces de decir y de discutir frente a las cámaras de televisión.

Y algo que también es muy significativo es que esa fisura que se le ha hecho a la homogeneidad discursiva de los medios preponderantes venga de la televisión pública.

John Ackerman y Sabina Berman en su programa de televisión en Canal Once. Foto: Especial

Yo sueño un momento en que, por fin, la televisión pública, en completa libertad, sea competencia a las televisoras comerciales.

Un gusto que se haga televisión de calidad, crítica, reflexiva e interesante. Los tiempos están cambiando. Los medios urgen que también lo hagan. A veces pienso que Televisa y TV Azteca habitan un país que ya no existe.

El programa ayer de John y Sabina está hecho para un país que existe, real, que vivimos. No a uno que dejamos de habitar hace ya tiempo.

Sí, los medios cambiaron. Sí, el internet y las redes sociales ahora son importantísimos y ya casi nada se puede hacer sin ellos. Sí, la televisión, digamos, “tradicional”, cada vez pierde más fuerza. O presencia. O impacto. Sí, todo lo anterior es verdad, y sin embargo, la televisión sigue y seguirá siendo importante y no podemos dejarle a Televisa ni a TV Azteca imponernos su homogeneidad discursiva e informativa.

Eso nos ha hecho mucho daño. Mucho.