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Polemon | 22 mayo, 2018

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AMLO, más cerca de Bernie Sanders que de Trump

AMLO, más cerca de Bernie Sanders que de Trump

Por: Juan Patricio Riveroll (@jpriveroll)

A lo largo de estos meses de lanzamiento de candidaturas, precampañas, intercampañas y ahora en la campaña, varias veces se ha comparado a López Obrador con Donald Trump, de respetables medios de comunicación a innumerables sobremesas. Para los acérrimos críticos del tabasqueño es una analogía que les viene como anillo al dedo, aunque por varias razones esté increíblemente equivocada.

En primera Trump siempre ha sido parte de la élite oligárquica de su país, gran amigo de políticos de la clase dominante, como los Clinton, y con lazos a medios de comunicación y familias millonarias de Estados Unidos. AMLO es todo lo contrario. Se siente a gusto a ras de tierra, entre los sectores más relegados, y su origen es humilde.

Las políticas del magnate van todas hacia la derecha: proteger a los bancos y a fortunas como la suya, ignorar el cambio climático, endurecer las leyes migratorias y mantener los costos elitistas de la educación superior. López Obrador plantea programas sociales para los más necesitados, fuerte inversión en educación y energías renovables y un programa de austeridad para las esferas gubernamentales. La cuestión es que quienes hacen esa comparación confunden populismo con popular.

Aunque no hay una definición clara de “populismo”, sobre todo en su carácter político-peyorativo, podríamos decir que es “buscar el apoyo de las clases populares” sin estar en verdad de su lado, sólo para fines electorales. Precisamente lo que hace Trump. En cambio Andrés Manuel es un político realmente popular que desde joven ha luchado por los marginados y las clases bajas, que en México son mayoría, como quedó claro cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, creando el apoyo a adultos mayores y dando becas estudiantiles al por mayor, disminuyendo así la inseguridad urbana. Si la abuela tiene algo de dinero una familia puede comer, mientras los jóvenes pasan su tiempo en el aula en vez de en las calles. Eso salvó a la ciudad.

El político estadounidense a quien más se parece AMLO es a Bernie Sanders, y vale la pena ahondar en sus afinidades más allá de lo pregonado por Fox News, el programa televisivo de derecha que los emparentó políticamente y que afirmó que el tabasqueño es de “izquierda dura”, “ex radical”, “socialista” y que plantea “romper monopolios corporativos”, nada de lo cual es cierto.

Aunque López Obrador se define de izquierda, dentro del espectro político global su lugar está al centro. Cuando fue Jefe de Gobierno se alió con empresarios para revivir espacios públicos, en un rango en el que por “cada peso de inversión pública la iniciativa privada invirtió treinta”, con el sonado caso del Centro Histórico de la mano de Carlos Slim. Para la verdadera izquierda eso sería impensable. Por su parte Sanders se define como socialista, si bien Noam Chomsky lo pone como un “new dealer”, heredero de Franklin D. Roosevelt más que de la ideología que dice querer llevar a la práctica. Pero dentro de la situación política actual en ambos países los dos sí están a la izquierda, dada la extrema derecha que gobierna allá y acá, aunque creo que Sanders va un poco más lejos.

Puntos en común: combatir la desigualdad social, asistencia médica gratuita y de calidad para todos y educación hasta el nivel superior; elevar el salario mínimo e invertir en energías renovables. Hay otros temas menores en los que concuerdan dentro del amplio espectro de sus propuestas, pero estos son los más fuertes, los que unen su visión y hacen evidente su cercanía práctica e ideológica. Y todos están alejados del programa de Trump, quien hizo que su país rechazara el acuerdo de París para disminuir el calentamiento global y canceló el plan de asistencia médica de Obama, que no llegaba hasta donde Sanders quiere llevarlo, pero que era un paso en esa dirección.

Las propuestas de los dos son progresistas, la etiqueta más usada por la izquierda en Estados Unidos en relación a Sanders, además, ambos han sostenido las mismas ideas desde que eran jóvenes, en aras de la igualdad y del lado de los desfavorecidos. El lema “por el bien de todos, primero los pobres” viene de hace décadas por parte de López Obrador, en el mismo tenor de las ideas de Bernie, ambos creyentes de que para que haya paz y estabilidad es necesario atender los problemas de las clases más bajas.

Por último, es imposible dejar de lado la parte más espectacular: las masas de gente que ambos son capaces de reunir a donde quiera que van. Los mítines de Sanders, hasta hace poco desconocido en su país, rápidamente evolucionaron a esas multitudes durante las primarias a fines de 2015 y durante los siguientes meses, mientras que el tabasqueño ha pasado por todos los municipios del país al menos dos veces, una proeza cuyos frutos están quedando de manifiesto en esta campaña, ahora acaparando ya también el norte, zona en la que antes no tenía influencia.

Bernie Sanders y Andrés Manuel López Obrador son por mucho los políticos más populares de sus respectivos países, pero eso no los hace populistas. La gente los quiere porque hablan con la verdad y sus palabras se transforman en hechos, como las propuestas de Sanders en el senado y las escuelas que Morena financia desde antes de ganar sus primeras gobernaturas y la presidencia.

Difieren en un aspecto fundamental: Sanders propone partir en pedazos a los grandes bancos que controlan la economía y que fueron los causantes de la recesión de 2008. AMLO en ningún momento ha tocado un tema ni remotamente cercano, como tampoco ha amenazado con dividir monopolios o meterse con las grandes corporaciones que operan en México, como miente Fox News en el segmento arriba citado. De hecho en esta elección hay muchos empresarios que lo apoyan. Por eso creo que Sanders es un actor político que está más a la izquierda que su homólogo mexicano.

El otro ángulo en el que se diferencian es en el partidista. Mientras que Sanders fue independiente durante prácticamente toda su carrera, afiliándose al partido demócrata sólo para contender por la presidencia, López Obrador ha pasado por tres partidos, siendo uno de los fundadores de dos de ellos: el PRD y Morena.

Cuando en 2016 el Comité Nacional del partido demócrata hizo todo tipo de trampas para que Hillary Clinton fuera la candidata en vez de Sanders, sus seguidores le pidieron salirse de ese partido y formar uno nuevo, ya fuera para esa elección o para 2020, con el hashtag #DemExit. Sanders no lo hizo, aunque dejó un movimiento independiente llamado Our Revolution. En cambio el movimiento que encabeza AMLO sí rompió con el PRD y evolucionó hasta formar un nuevo partido, renovación que es muy probable que traiga varias victorias en las siguientes elecciones y en los años por venir, si siguen haciendo las cosas bien.

Hay un tema que me parece fundamental y que ninguno de los dos toca: la legalización primero del cannabis y paulatinamente de otras drogas más difíciles de controlar. Eso sería verdaderamente progresista, un paso que se tiene que dar para detener la violencia que aqueja a nuestro país y que si no cuenta con el apoyo de una prominente facción política no se discutirá a nivel legislativo. Quedará como una tarea para políticos más jóvenes.

Sanders tendrá 79 años de edad en la elección de 2020. Aunque parezca un escenario complicado, sigue siendo el favorito dentro de los posibles candidatos demócratas. López Obrador tiene 64 años de edad y está en perfecto estado de salud, llevando una agitada agenda que para cualquiera sería cansada, y que sus adversarios no han logrado igualar. Después de Peña y de Trump es necesario un viraje y un contrapeso: que gobiernen políticos comprometidos socialmente, que no pongan al gran capital como la única forma de medir el progreso. Queda la esperanza de pensar que, ahora sí, los tiempos están cambiando.

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