Andrés Manuel López Obrador ha sido, de eso no hay la menos duda, el político mexicano más atacado en toda la historia de México. Lo han atacado los del PRI, los del PAN, los del PRD, los de MC, los de Nueva Alianza, los del Verde, los empresarios, los medios de comunicación, los que están desinformados, los que se creen las mentiras, los que no se las creen pero aún así lo atacan.

Han dicho de él que es autoritario, que vive en una súper mansión, que es un corrupto, que será como Hugo Chávez o como Maduro o como Castro, que miente, que llevará al país al desastre, que bla bla bla.

La guerra sucia contra AMLO es brutal y así lo ha sido por lo menos los últimos 15 años.

Andrés Manuel López Obrador. Foto: Especial

Y a pesar de todo, a pesar de las mentiras miles y miles de veces repetidas, Andrés Manuel, con el apoyo de la gente y con su admirable persistencia, ganó la presidencia de la República y lo hizo de forma contundente. Nadie nunca lo había hecho con tanta legalidad, con tanta legitimidad, con tanto apoyo ciudadano y popular.

El triunfo de AMLO acarreará muchas transformaciones, pero ¿cambiará la guerra sucia contra él?, ¿se detendrá ésta siendo él el presidente del país?

Los medios de comunicación, para nadie es un misterio, viven de la publicidad. Todos. Con el vaivén de las redes sociales, esa publicidad ha ido mudándose: ya no se va a la tele ni a la radio ni a la prensa escrita, sino que ahora está en Facebook y en Twitter y especialmente en Google. Por eso los medios de comunicación “tradicionales” están en crisis.

Hay unos que sobreviven con la publicidad “privada”, pero hay otros que no, que lo hacen solamente de la publicidad oficial.

Andrés Manuel López Obrador. Foto: Especial

Por eso, los gobiernos tienen una participación fuerte en la forma en cómo se hace periodismo, y es que hasta ahora han distribuido su publicidad de forma en que benefician a periodistas “aliados” y castigan a los críticos.

Todos podrían pensar que, teniendo AMLO el gobierno federal, es decir, los recursos de la publicidad oficial, los medios de comunicación que dependen de ésta serán más dóciles y se volverán “aplaudidores”. Sin embargo, esto es un poco impreciso.

Andrés Manuel López Obrador siempre ha tenido adversarios políticos, es decir, dentro de la política tradicional. Pero sus adversarios más fuertes han sido los que están fuera de esta área, es decir, empresarios que, si bien es cierto se benefician del estado, no dependen de éste.

Como es claro, AMLO irá no contra esos empresarios, pero sí contra la corrupción que hasta ahora ha existido entre ese grupo empresarial y las autoridades. Por eso, las acciones de AMLO comenzarán a molestar a muchos personajes. Y es que se establecerá una nueva realidad donde ya no mandarán los intereses de esos empresarios que se han beneficiado siempre de los gobiernos venales del PRI y del PAN, sino que lo importante será la gente, el pueblo, los que han sido marginados durante años.

Conferencia de Andrés Manuel López Obrador. Foto: Especial

Por ello, los medios de comunicación y los periodistas que se identifican como “chayoteros”, no perderán todo su poder ni su capital, en caso de que desde el Gobierno Federal se decida disminuir el alto gasto publicitario. Es decir, la guerra sucia, los periodistas críticos hacia AMLO, los que son mentirosos, los que inventan, no dejarán de hacerlo, porque aunque ahora muchos se hacen ricos de al publicidad oficial, seguirán teniendo ingresos de esos empresarios y personajes que se sienten dueños del país y que se verán afectados por la administración de Andrés Manuel.

Y esto está siendo claro ahora: ¿acaso han terminado los ataques, la guerra sucia? ¿Acaso no lo vimos ayer con la información tergiversada que hicieron del caso René Bejarano?

Quien piense que AMLO vivirá una luna de miel con empresarios y medios de comunicación que siempre fueron agresivos con él, está equivocado.

Es más, las críticas, y la propia guerra sucia, será más y más fuerte nada más tome posesión AMLO como presidente. La apuesta de ellos es tumbarlo lo más pronto posible: descarrilarlo.

Así que, nada de luna de miel.

Lo fácil se logró, que fue ganar y lograr que el triunfo, de tan contundente, fuera imposible de negar. Ahora viene lo complicado: transformar al país.