El triunfo del movimiento lopezobradorista en 2018 marca, sin duda, un antes y un después en la historia de nuestro país. Este gobierno inicia con la declaratoria lapidaria de la muerte del neoliberalismo. Este es un primer paso, muy importante, porque marca el rumbo hacia donde se habrá de dirigir nuestro país.

No obstante, todavía no surge una imagen clara de la reconfiguración histórica. No existe porque no hay recetas pre-fabricadas sino que se trata de un modelo por construirse, activamente, por todos los poderes actuantes del Estado, no solo por parte del poder político (gobierno) y el poder económico (capitalistas nacionales) sino también con la necesaria participación activa del poder social.

Esta división tripartita es necesaria para evitar la común confusión entre Estado y gobierno. Salir del neoliberalismo no significa solamente cambiar las políticas públicas sino renovar las relaciones existentes entre los elementos que conforman nuestra comunalidad nacional. Es necesario no olvidar que a estos tres elementos se tiene que adherir el poder geopolítico, es decir, las condiciones de fuerza económica que ejerce el país hegemónico y los términos de lucha entre las distintas potencias.

En el sistema global económico todos los países mantienen un peso específico y sus economías funcionan de acuerdo a lo que sucede entre los intercambios financieros, comerciales, pero también en los pesos militares de cada contendiente. China y EUA, los dos países que se disputan el control del mercado mundial significan la mitad del gasto mundial en armas. La regla es muy clara: si tienes fuerza militar entonces eres menos vulnerable al sistema de sanciones y amenazas del país hegemónico.

El neoliberalismo es el nombre que toman las políticas mundiales para la aplicación de la agenda fondomonetarista. De lo que se trató este periodo fue la de permitir que la política de desarrollo se ajustara a los intereses estratégicos de los Estados Unidos. El llamado Consenso de Washington ordenó entonces para los países periféricos una financiarización de todos los activos de sus mercados internos y fue así que se vino una oleada de privatizaciones con el fin de que el capital financiero global accediera a nuevos activos para reactivar su mecanismo de especulación de títulos. El correlato de esta liberación se compone de la necesaria pauperización de la calidad de vida de la población, configurando así una sociedad endeudada y en franca descomposición.

Enunciar el fin del neoliberalismo no se trata de un acto de magia, pues la realidad no se transforma de la noche a la mañana, sino de una declaración geopolítica. Cualquier país que necesite reactivar su mercado interno para funcionar socialmente necesita recuperar su sector energético (PEMEX y CFE) y asumir la planificación regional del país (Tren Maya). Estos hechos son suficientes para anunciar con toda claridad que México ha abandonado el marasmo neoliberal de entreguismo y corrupción.

Nuevos retos vienen. Como hemos señalado en esta columna, el modelo que ha de continuar necesita plantearse un tema con mucha claridad. La independencia política formal no sirve de nada si esta no viene acompañada de la independencia económica. México no ha logrado conseguir este anhelado estatus en gran medida por la gran herencia extractiva de la colonia (y por sus continuadores conservadores). El mercado interno mexicano quedó totalmente desarticulado del sur, a pesar de ser la zona petrolera de donde se ha podido industrializar el centro y el norte, esta presenta los rezagos más importantes.

Por todo lo anterior es que el Tren Maya es el proyecto de mayor importancia no sólo para el sur sino para el funcionamiento de la economía nacional, pues junto con el corredor inter-oceánico significará la posibilidad de encender un nuevo motor para nuestra economía. Con el establecimiento de una senda de desarrollo para el sur podremos hablar de nuevas dimensiones para la inversión y los encadenamientos entre pequeñas, medianas y grandes empresas. Me parece que este es un comienzo de lo que podemos denominar como la reestructuración del Estado Post-Neoliberal (ver Cuadro 1).

Etapas propuestas para visualizar periodos históricos económicos del país
¡México
Primera Explosión Industrial 1876-1911
Reestructuración del Estado Post-revolución mexicana 1911-1940
Segunda Explosión Industrial 1940-1982
Recolonización Neoliberal del Estado 1982-2018
Reestructuración del Estado Post-neoliberal 2018- ¿?

Los retos están por venir, habrá que imaginar y convencer sobre un nuevo tipo de desarrollo, pues  durante el periodo neoliberal sólo se le apostó a los megaproyectos, obras que en lugar de beneficiar a la población, únicamente fueron grandes entes de corrupción y contaminación.

Nadie debe olvidar que este problema se suscita justo cuando el poder político se vuelve permisivo con la vorágine acumuladora del poder económico (tanto interno como externo). El crecimiento sin ecocidio es posible, el desarrollo respetando las distintas autonomías sociales también es viable. Se puede superar la destrucción neoliberal y avanzar en el camino de una construcción social de conjunto, pero para ello habrá que vaciar todos los contenidos que creíamos inamovibles de la economía para renovar nuestro imaginario político.