En la imagen, los dirgentes del PAN, PRD y MC, junto a un muy sonriente Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE.

Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

9 de diciembre de 2017. Al principio, dijeron que eran un frente “no electoral”: que se juntaban no porque fueran unos ambiciosos sin ideologías ni pruritos éticos, sino solamente para cambiar al “régimen” existente, porque el PRI no podría regresar al bla bla bla bla bla.

Se les cuestionó: ¿pero acaso no irán juntos para la presidencia, para ganar elecciones, para tener poder? Y ellos: no, no, no, eso no es lo importante, lo que nos une, lo que nos da cohesión, además de “escuchar” a la ciudadanía, es cambiar al “régimen” de este país, porque el PRI no puede regresar al bla bla bla bla bla.

Se nombraron “ciudadanos”, que porque en su alianza “no electoral” cabían todos: empresarios, de izquierdas, de derechas, de centros, pacifistas, de tomar armas, serios, alegres, introvertidos, extrovertidos, poderosos, pobres, explotadores de trabajadores, intelectuales, barrenderos, mozos, corruptos, chicas guapas, chicos musculosos, de trajes, con pantalones de mezclilla. Todos en un frente amplio donde la única unión se basara en cambiar al “régimen”, y es que, repetían, el PRI no debía por ningún motivo regresar al bla bla bla bla.

La iniciativa tuvo nada de ciudadana. Y la transformaron en un show mediático. Los tres presidentes de los partidos “del frente ciudadano” siempre juntitos, bien amigos. Organizaron foros dizque para “escuchar” a la ciudadanía. Se allegaron de “intelectuales” que siempre han estado con los que den más dinero. Circularon en redes sociales, y repitieron que no podían quedarse sin hacer nada ante un regreso del PRI porque bla bla bla bla bla.

Los que conformaron el Frente, desde un principio, vieron el tablero y planearon lo que les tocaría. Al PAN, la candidatura a la presidencia; al PRD, al del gobierno de la ciudad de México; a MC, además del registro, dejar que Enrique Alfaro fuera sólo (no contaminado por la alianza) al gobierno de Jalisco. La intención, clara está, no fue ni es cambiar al régimen, sino repartirse posiciones de poder.

Miguel Ángel Mancera se trató de insubordinar, pero no fue porque en realidad se quisiera cuestionar esa unión-agencia de colocación, sino más bien para ocupar más espacios ahí.

El Frente, pues, es la unión de ambiciones e intereses personales que, unidos, ciertos publicistas le tratan de dar un discurso medianamente coherente. Es eso.

¿Y qué quieren?

Simple: el poder. Pero más que el poder, porque son unos ambiciosos sin escrúpulo, desean impedir que Andrés Manuel López Obrador llegue a la presidencia de la República. Ése es su papel. Si ganan, si gobiernan, si les toca la presidencia, eso es importante, pero no lo más importante. Su objetivo es que Morena no gane.

Por eso, el abanderado del Frente rumbo a las elecciones presidenciales, Ricardo Anaya, hará la guerra a Andrés Manuel. Ya lo ha hecho, pero ahora lo hará con más ímpetu y con menos escrúpulos, y claro está, con el apoyo de dos organismos que se asumían como de izquierda y que ahora se alían no solamente a la derecha, sino al régimen de corrupción que impera y ha imperado en el país en los últimos años.

El Frente, pues, se consuma. El frente que “no era electoral” y sí “ciudadano” hoy se ha consumado en un Frente que es partidista, corrupto y que solamente quiere que en el país no cambie el régimen. Que en México, nada se tranforme, que sigan los mismos de siempre, los mismos abusos, las mismas prácticas, la misma pobreza, la misma desigualdad, el mismo fracaso: el mismo desastre.

Sí, eso representa la coalición “Por México al Frente”