Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

12 de julio de 2018. No sorprendió a nadie. La victoria de Andrés Manuel López Obrador en las pasadas elecciones era esperada. Las encuestas, todas, lo colocaban arriba del 50% en las preferencias electorales. Las elecciones fueron una formalidad en una victoria inevitable.

Podría, eso sí, haber un fraude. Una cochinada del INE. Pero no la hubo. Los fraudes se dan cuando las ventajas son menores, cuando no pasan de un 10%. Si no es así, el fraude tiene dos problemas muy complicados, infranqueables: el costo económico y el costo político post-electoral.

Si el PRI y el PAN, y todos sus aliados (incluido el INE) hubieran querido hacer un mega fraude, tenían que hacerle frente a una costosísima compra de votos y a un impresionante efecto político. Era inviable, y por eso no lo hicieron. Que quede claro: no fueron demócratas, sino incapaces. Tan es así que, en donde sí pudieron operar, lo hicieron: ahí está el caso de Puebla.

Con la victoria de AMLO, se abre una esperanza enorme para transformar este país. Y se abre, a pesar de la tragedia en la que vivimos, con un optimismo claro y evidente, debido en parte a ciertos aspectos.

Veamos:

El bono democrático

Andrés Manuel llega con un bono democrático que ningún presidente ha tenido en toda la historia de México. Eso le permite actuar en verdadera representación de todos, del país entero. Esta cuestión le facilitará actuar, manejar y gobernar. Y ya lo está haciendo.

Nadie, como a los anteriores presidentes, le podrá decir: “es que hiciste fraude”, es que no eres “legítimo”. Nadie. Cada decisión que tome AMLO estará respaldada por 30 millones de votos. Y eso marca una diferencia con anteriores mandatarios.

Sin duda un bono democrático puede acabarse en unos cuantos meses. Así le pasó a Vicente Fox. Pero también puede ampliarse. En realidad ya está creciendo: un señor que votó por él porque “nos convertiríamos en Venezuela”, me buscó para más para decirme: “Híjole, nunca lo pensé, pero me está impresionando el señor: trabaja todo el día y todos los días hace cosas buenas. Ojalá le vaya bien y nos vaya bien”.

AMLO en el Consejo Nacional de Morena. Foto: Especial

Sin mandamases

Andrés Manuel tiene claridad en su gobierno y no tiene vínculos que lo aten con algún poder fáctico. Como su victoria fue más de la gente que de los poderosos y millonarios que se sienten aún dueños del país, el único compromiso visible para AMLO es con la gente y con el proyecto que promovió.

Por eso, podemos decir que, en muchos años, hay un presidente que no obedece a un grupo empresarial o mediático o económico. Eso es una ventaja porque se actúa a partir de un proyecto visible y público, y no a partir un conjunto de intereses nunca mencionado y siempre oculto.

Andrés Manuel, pues, tiene no solamente el apoyo (el bono democrático ganado en las urnas), sino una libertad para representar lo que propuso y por lo que la gente lo votó

Morena como valor de transformación

Morena es un partido político nuevo, que no tiene los vicios de los anteriores. Es un partido que nació de un movimiento social, y eso hace una gran diferencia con los demás organismos políticos.

Aunque la gente votó por AMLO como persona, como líder, con todo el carisma que representa, Morena también significa una alternativa ideológica, y eso es algo que arropa al proyecto en sí. Arropa la ruta que se debe seguir.

Morena no se debe convertir en una agencia de colocaciones, donde quienes están ahí lo hacen por tener “un hueso” y no por convicción. Morena no debe dejar nunca de ser un movimiento-partido-proyecto. No debe olvidar que nació con la indignación del fraude de 2006 y que se fue organizando. No debe olvidar que la gente de abajo lo creó y lo hizo fuerte.

Sí, ahora es un partido, y es un partido ganador, pero lo es por eso: por la gente. Nunca se debe alejar de eso.

Morena debe seguir siendo de la gente, debe continuar representando un vehículo para que la ciudadanía acceda a puestos de acción política para beneficiar al pueblo, no a un grupo de poder o a una camarilla.

Mientras haga eso, continuará siendo una alternativa.

Festejos de la victoria de AMLO en el Zócalo capitalino. Foto: Axel Rosas.

“Madurez política” colectiva

La gente votó en estas elecciones con un amplio sentido de algo que podríamos llamar “madurez política”. Ante la catástrofe de país, en lugar de votar por el PAN, o repetir al PRI, la gente optó por Morena y le dio a este partido mayoría. Es decir, envió el mensaje: ahí va este desastre de nación, si ustedes dicen que lo arreglan: arreglémoslo.

Esto es importante porque el voto se hizo en un contexto de guerra sucia contra AMLO y Morena. Que estas estrategias de desprestigio no hayan ganado (como lo hicieron en 2006), evidencia que la gente sabe distinguir ya. Por ello, Andrés Manuel no va a gobernar a un conjunto de personas que no sabe qué sucede, sino a un pueblo politizado y vigilante. Un pueblo que sabrá distinguir qué va bien y qué va mal, y que sabrá exigir.

Eso es alentador no solamente para AMLO, sino para el país.

Ahora bien, la gente también es consciente que los resultados no serán inmediatos y que no se cambiará todo de un día para otro. La gente ha madurado y entiende que el tamaño de la decadencia provocada por el PRIAN es tan grave, que recuperar al país precisa tiempo, esfuerzo colectivo y claridad de objetivos.

El triunfo de Andrés Manuel ya transformó muchas cosas en el país: llegó la izquierda a la presidencia, lo hizo con partido de nomás de 4 años de existencia, con una victoria contundente, impidiendo un mega fraude Eso, sin duda, ya es transformación.

Sigue lo siguiente, y la esperanza se vislumbra, sin duda, muy alentadora.

AMLO tiene todo para cambiar al país. No será fácil, pero por fin la luz de alegría para México se ve cercana: ya casi la estamos tocando.