En nuestro país, una de cada tres personas sufrirá algún trastorno mental a lo largo de su vida, padecimientos que han aumentado en la última década debido a la falta de oportunidades la pobreza y la violencia.

De acuerdo con un artículo en La Jornada, los efectos de este problema se reflejan principalmente en los suicidios de hombres de entre 15 y 34 años, quienes no tuvieron oportunidades de educación y empleo.

Según la directora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRFM), María Elena Medina Mora, dicho sector de la población representa más de la mitad de los 6 mil sujetos que cada año se quitan la vida, y sin embargo, siguen sin recibir atención en salud mental.

“Otro gran pendiente es el de las personas que buscan a sus familiares desaparecidos. Requieren apoyo para enfrentar el daño emocional, la depresión que les impide tomar decisiones. Faltan los recursos económicos para ir a donde están y no esperar a que vengan a los servicios de salud. Y esto, es adicional a la investigación de los casos para conocer la verdad”, indicó Medina Mora a La Jornada.

Además, desde 2003 no se realiza una encuesta sobre salud mental en el país, por lo que no se cuenta con estadísticas nacionales actuales. La información que se tiene por el momento se ha recuperado a través de otras encuestas, como la de adicciones, en la que se incorporaron preguntas sobre trastorno mental y otros estudios en poblaciones específicas.

Medina Mora también explicó que cuando se habla de trastornos psiquiátricos lo usual es pensar en niños, mujeres y adultos mayores, pues es donde se han concentrado los esfuerzos para el desarrollo de modelos de atención. No obstante, señaló que hay una “necesidad grande” de voltear a ver a los hombres jóvenes que se involucran más en adicciones, que están más expuestos a violencia y tienen más estrés. Añadió que este sector es donde se está reduciendo la esperanza de vida.

Algunas de las causas por la que los varones jóvenes sean quienes más se quitan la vida son que les cuesta más trabajo que a las mujeres reconocer que tienen un problema, o bien, que no expresan tristeza profunda, sino que se vuelven intolerantes o recurren al abuso de sustancias como alcohol o drogas ilícitas.

Además, Medina Mora contó a La Jornada cuáles son los retos que aún existen en materia de la salud mental. Uno de ellos, dijo, es la “brecha terrible” que hay entre la demanda de atención y la oferta de servicios, pues hay “mucha gente que necesita ayuda y no la recibe o la tiene muy tarde”, explicó.

Otro reto son las limitantes, sobre todo económicas, que existen para llegar a las comunidades con los modelos de atención desarrollados por los investigadores sociales. El INPRMF ha hecho 17, mismos que han probado ser eficaces para el control de los padecimientos.

Medina Mora explicó que “nos hemos quedado cortos” en el financiamiento de los esquemas que funcionan para atender los temas más relevantes, como el diseñado para rehabilitar enfermos crónicos que se encuentran aislados en hospitales siquiátricos.

Lo que hace falta, agregó, es dar el paso a la comunidad, generar modelos autosustentables, opciones de empleo y hogares protegidos para aquellos que no podrían regresar con sus familias.

De igual manera ocurre con el modelo de atención a familiares de personas desaparecidas, por lo que el Instituto ha llevado a expertos a las zonas de conflicto de Guerrero, donde se acompaña a las madres y otros familiares que buscan cuerpos en las fosas.

La directora explicó que se trata de “hablar de las heridas, de los desaparecidos”, y tratar que las personas aún con el dolor, recuperen su vida.