Durante muchos años, quienes han apoyado a Andrés Manuel López Obrador, han buscado un cambio radical. De fondo. Una transformación que haga de este país un país más justo, más igualitario, donde quepan todos y no se haga menos a más de la mitad de la población.

Ha habido muchas personas que han apostado por el movimiento en varios momentos. Que dieron tiempo, conocimiento y fuerza. Hay quienes apoyaron siempre. Quienes dejaron de hacerlo. Quienes recién comenzaron a apoyar y quienes apoyan a medias.

Este movimiento se ha construido con todos. Y sin todos, no hubiera ganado la presidencia de la República. Sin duda la figura principal es Andrés Manuel López Obrador, un liderazgo excepcional que ha logrado darle coherencia, forma y fuerza a millones de personas que solamente tenían las ganas de cambiarlo todo.

Hoy renunció Carlos Urzúa, quien fungía como Secretario de Hacienda y Crédito Público. Puesto importante. Fundamental.

Escribió una carta donde acusó que en la actual administración “se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”. Además, dijo que se le “imponían” funcionarios “que no tienen cocimiento de la Hacienda Pública”, o que incluso “personajes influyentes” lo hacían, resultando eso en un “conflicto de interés”.

La carta es sin duda fuerte. Era el Secretario de Hacienda. No cualquier personaje. Sin embargo, es una carta llena de mala leche que más que un posible llamado a la “autocrítica”, fue un acto, me parece, indigno.

Nunca hay que olvidar que la presidencia de Andrés Manuel López Obrador no nace de una campaña de marketing, o de meterle “dinero” al “candidato puntero”. No, lo que representa Andrés Manuel López Obrador es la búsqueda de la justicia de millones de personas que con su sufrimiento cotidiano y de toda la vida un día decidieron decir “ya no” y apostar todo a transformar el país de raíz.

Por eso se les exige tanto a los actuales funcionarios. Por eso se les critica tanto. Porque están ahí, en donde están, no porque “tienen amigos” o porque se lo merecen “por ser muy buenos” (que evidentemente influye esto último). No, están ahí porque el compromiso es con el cambio, es con la transformación, es con hacer de este país un país justo cuando lleva años estando sumido en las injusticias.

Andrés Manuel es un presidente exigente. Ningún mandatario en el mundo se levanta todos los días a informar a la población. Ninguno trabaja como lo está haciendo AMLO. Y la apuesta es reducir esa brecha tan amplia entre ricos y pobres. Porque durante años se hizo enorme, y él quiere, en poco tiempo, hacerla pequeña. Desaparecerla lo más posible.

Carlos Urzúa tendrá sus razones para haber renunciado, y quizá muy válidas. Pero no puede ni tiene el derecho de, con una carta, dar a entender que ese cambio por el cual luchó muchísima gente es un cambio con rumbo a la corrupción y al fracaso porque “no hay coincidencias” o porque su voz “no tiene el “eco” que él piensa que debería tener.

Eso no es justo.

La derecha ha tomado la renuncia de Carlos Urzúa como la debacle del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Nada más alejado de la realidad: la actual administración tiene finanzas sanas, y va con rumbo. Un rumbo que no es el que quisieran los que hicieron del país una tragedia.

Va por otro camino: al bienestar, a la equidad, a la igualdad de oportunidades.

Eso no lo soportan los opositores, y por eso harán de todo lo que suceda la “debacle” de AMLO.

Este cambio, por el cual se luchó tanto y con tanto ahínco, no se detiene porque un secretario haya renunciado. Este cambio depende de todos. Y si alguien no quiere apoyarlo. Muy bien. Pero no se detiene. No se para. Porque el pueblo lo pidió, y en eso se está trabajando. Y mucho.