Históricamente, las dos naciones que se han disputado el liderazgo de América Latina son México y Brasil.

Ambos países tienen un peso considerable en la región por los tamaños de sus economías y territorios, y desde luego por el papel que han desempeñado en el concierto de las naciones.

México y Brasil fueron escenario en 2018 de procesos electorales que generaron cambios sustantivos en sus regímenes políticos; no obstante, los proyectos políticos que salieron triunfantes en los dos países son diametralmente distintos.

Por un lado, en México ganó el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), partido de izquierda, bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien ya había participado en dos ocasiones en la contienda presidencial, sin embargo, debido a los límites de la democracia mexicana no se le permitió llegar al poder en aquellas ocasiones.

En Brasil, quien tomó posesión el 1 de enero de 2019 es Jair Bolsonaro, un exmilitar y controvertido político que es caracterizado por ser ultraliberal en lo económico y ultraconservador en lo político.

La biografía y el proyecto de cada personaje no podría parecerse menos. Bolsonaro representa el punto culminante del giro hacia la derecha en América Latina. En cambio, México, que pareciera que se alinea a los tiempos de su propio reloj histórico, desempeñará con AMLO una suerte de faro de la izquierda en América Latina.

A finales de los 90 y hasta mediados del segundo decenio del 2000, los países latinoamericanos fueron escenario del fenómeno conocido como la “marea rosa”. Ésta consistió en la llegada de la izquierda al poder en múltiples naciones del subcontinente latinoamericano.

Sin embargo, parte importante de estas naciones han visto el regreso de la derecha al poder. De éstas destaca el caso de Brasil, donde tras los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff llegó la derecha al poder, primero con un golpe de Estado, y después con el mandato de las urnas.

A no dudar, los nuevos liderazgos de ambas naciones cambian considerablemente el tablero latinoamericano. Las similitudes entre el mandatario estadounidense, Donald Trump, y Jair Bolsonaro sugieren que Brasil se convertirá en el centro de influencia estadounidense en la región, papel que antes desempeñaba Colombia, con la diferencia de que Brasil es un actor con mucho mayor peso regional e internacional.

En sentido opuesto, el giro hacia la izquierda en México finaliza un periodo en el que la Política Exterior de México (PEM) estuvo alineada a los intereses de Washington, y recupera los principios rectores de la PEM; tales como la no intervención y el respeto a la autodeterminación de los pueblos, así como la célebre Doctrina Estrada.

La posición que adoptaron ambos países frente a la crisis en Venezuela sirve como botón de muestra de esta reconfiguración regional.

Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela. Foto: Especial

Mientras que la nación brasileña propuso al Grupo de Lima instar a Nicolás Maduro a no asumir la presidencia el 10 de enero, México hizo gala de su soberanía y de su histórica tradición diplomática al establecer una posición digna de los mejores momentos de la PEM

Con esta decisión, México consigue tres objetivos al mismo tiempo:

  1. Demuestra ser un actor que desempeña alta diplomacia.
  2. Se coloca como un gran candidato para mediar la crisis venezolana.
  3. Se posiciona en América Latina como un nuevo referente de la izquierda que se desmarca de los países alineados a Estados Unidos, hoy encabezados por Brasil.

A no dudar, existe una grave crisis política en Venezuela. Sin embargo, ésta debe ser resuelta por los venezolanos.

La declaración del Grupo de Lima, más que velar por la salida del conflicto, complica la situación en un contexto en el que la oposición venezolana, además de solicitar la intervención de la comunidad internacional, pide a los militares que se levanten en armas contra el gobierno de Maduro. Por eso, la posición de México no podría ser más oportunidad.

Simpatizante de Jair Bolsonaro. Foto: Nicolás Cabrera

En suma, los cambios políticos en Brasil y México sugieren una nueva dinámica regional en América Latina. La ideología neoliberal del nuevo presidente brasileño lo postulan como un aliado natural de Estados Unidos en la región.

Por su lado, la decisión del Gobierno de AMLO de no suscribir la declaración del Grupo de Lima con respecto a la crisis de Venezuela, presentan al nuevo gobierno de México frente a la comunidad internacional como un actor que desempeñará un papel clave en América Latina durante los próximos años.