Andrés Manuel ha sido el político más atacado en la historia reciente de México. Nadie como él ha recibido mentiras, injurias, burlas, chanzas, embestidas, ofensivas, insultos, ofensas, agravios, guerra sucia, etcétera. Nadie.

¿Por qué debíamos pensar que, siendo ya presidente, esta dinámica de ataque iba a cambiar?

En estas semanas que lleva de presidente ha recibido ataques él y los integrantes de su gabinete.

Por ejemplo, una reflexión de Irma Eréndira Sandoval Ballesteros (secretaría de la Función Pública) sobre los salarios, los críticos de AMLO la convirtieron en un “pedimento oficial” para que la incitativa privada redujera los salarios de los mexicanos. La tergiversación de las palabras de Irma Eréndira fue patética, pero así es su modus operandi.

Irma Eréndira Sandoval y otros integrantes del Gabinete en una de las conferencias matutinas de AMLO. Foto: Especial

A Irma Eréndira la atacan tanto porque ella es la encargada de combatir la corrupción, y claro, quieren desvirtuarla y desvirtuar su trabajo.

Ahora bien, los ataques vienen de varios espacios de poder: uno es la oposición partidista; otro son los medios de comunicación y el mundo cibernético; y uno más de los empresarios que no soportan a AMLO.

La oposición partidista es reducida, y todo indica que cada vez va a tener menos fuerza. El PRI está deshecho, el PAN igual, y los partidos pequeños no logran estructurar un discurso creíble de crítica.

Hay dos gobernadores que levantaron la mano para ser “los grandes críticos de AMLO”: Javier Corral, de Chihuahua, y Enrique Alfaro, de Jalisco. Sin embargo, ambos tienen un pequeño problema: sus estados están hechos una tragedia. Sus críticas, pues, pierden validez porque se hacen desde la podredumbre y la ineficacia. Carecen, pues, de calidad moral.

Javier Corral y Enrique Alfaro. Foto: Especial

Los medios son oposición, pero Andrés Manuel tiene experiencia para tratarlos. Su relación con los reporteros es muy estrecha, tanto que todas las mañanas los ve, los atiende, los escucha, les responde. Esto es algo que ningún otro gobernante hace. Por eso, aunque la intención de muchos dueños de medios sea atacar a AMLO, los reporteros de abajo le tienen un buen aprecio porque lo conocen y saben lo que hacen.

Así pues, la relación y los ataques son limitados.

Desde las redes sociales se ataca a AMLO, pero cada vez son menos fuertes sus embestidas. Cada vez tienen menos capacidad de acción. Su guerra sucia comienza a provocar risa.

Así pues, quedan los empresarios que odian (quizás por una cuestión de intereses, o de clase, o de ambas) a Andrés Manuel. Ellos invierten, e invertirán todo el dinero posible para atacarlos, pero saben que cada vez es más complicado hacerlo. Y cada vez resulta más caro. Por eso, en realidad, están doblando las manos. Sí, de repente estallarán, pero será cada vez menos común, y su fuerza más endeble.

Así pues, la oposición a AMLO está desestructurada, desperdigada: como perdida. Ante ello, se abre una gran oportunidad para transformar al país. Una oportunidad enorme, donde se deben establecer los cambios de forma profunda, para que después, pase lo que pase, no puedan revertirse.

Eso explica que, en dos semanas, AMLO haya establecido una contundencia enorme en las propuestas de cambios, en las apuestas hechas.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador en Coahuila. Foto: Especial

Estamos viviendo una época histórica. Hay un líder que sabe lo que hace, hay apoyo popular, y las fuerzas que siempre han mantenido a este país en la desigualdad, la inequidad y el fracaso consistente, hoy están desperdigados, golpeadas, en reestructuración.

Hoy es un tiempo para cambiar radicalmente nuestro presente. Habrá que confiar en el líder. Y apoyarlo.

Al menos así debe ser para quienes piensan que este país, por la vía en la que iba, ya no tenía futuro. Que son muchos. Miles. Millones.