La estrategia es simple: inventar noticias falsas para hacer que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador parezca que es un desastre, y que va de “mal en peor”. Y después, cuando se descubre que todo era falso, quienes inventaron la noticia falsa aparecen como “salvadores”: como “los críticos que impiden los excesos de AMLO”.

Esta es la narrativa de muchos críticos (tanto los que se asumen de “izquierda verdadera” como los que son de derechas) de la actual administración: “miren, a seis meses de haber asumido como Presidente, el país es un caos, y no es más caos porque nosotros lo impedimos”.

El ejemplo más reciente es impresionante:

La (ahora ex) secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Josefa González-Blanco Ortiz-Mena, habló con directivos de Aeroméxico y les dijo que tenía boleto para un vuelo a Mexicali, pero que iba a retrasada y no podría tomarlo a la hora, que si detenían el avión unos minutos para que ella pudiera abordar.  

Los directivos de la aerolínea accedieron a la petición.

Esto es un ejemplo de prepotencia de la cual se busca escapar. Cualquier usuario vale lo mismo. Y un vuelo no se puede retrasar porque “la secretaria de estado” viene unos “minutitos” tarde.

La información comenzó a viralizarse.

Esto sucedió el viernes 24 de mayo. El sábado 25, Josefa González-Blanco habló en la mañana con el Presidente Andrés Manuel, y le planteó que se había equivocado. Trataron el tema de una posible renuncia. Y Josefa renunció. Y AMLO la aceptó.

El hecho es algo a lo cual no estamos acostumbrados en México: que un alto funcionario renuncie por un hecho de prepotencia. Antes, si se era alto funcionario, se podía robar, se era prepotente, se era grosero, se era cínico, y nada, absolutamente nada pasaba. La persona continuaba en el puesto como sin nada.

La renuncia de Josefa González-Blanco se comenzó a difundir, y la gente la aplaudió mucho. Y cómo no iba a ser así, pues eso no pasaba. De verdad que no pasaba.

Fue entonces que comenzó el operativo para transformar esta decisión positiva en algo “negativo” para el gobierno de AMLO.

Varios periodistas (en especial Joaquín López Dóriga) comenzaron a circular la información de que el sustituto de Josefa González-Blanco sería Manuel Velasco, el ex gobernador de Chiapas y quien es una figura política cuestionable que le hizo mucho daño al estado sureño.

Estaban haciendo un rumor.

A este rumor, que no tenía una fuente confiable más que “las fuentes” de López Dóriga, muchos críticos de AMLO lo trataron como cierta. Como si fuera ya verdad: le dieron el estatuto de un hecho consumado.

Y claro, las críticas comenzaron.

“Cómo es posible que AMLO haga algo así”, “no puede ser”, “eso indica que es de lo peor”, “AMLO es peor que el PRI y el PAN juntos”, “AMLO está haciendo añicos su bono democrático”, “es como cualquier otro político”, “son favores que está haciendo con la mafia del poder”, “es una mierda”….

La estrategia era maquiavélica. De una decisión enteramente positiva (la destitución de una secretaria que había cometido un acto de prepotencia) se convirtió en una “decisión” (que no era ni existía ni sería) negativa.

Golpearon a AMLO cuando se le debió reconocer una acción que pocas veces se había visto en el país por parte de un gobernante.

Hoy Andrés Manuel López Obrador nombró al reconocido académico, ecologista y luchador social Víctor Manuel Toledo como titular de la Semarnat, un perfil diametralmente opuesto al del ex gobernador de Chiapas.

Sin embargo, muchos se quedaron con la idea de que el gobierno actual había intentado poner a Manuel Velasco, y que la “sociedad civil independiente” (o sea, muchos de los críticos del actual gobierno que se asumen como de “izquierda” o “progresistas” y también los de derecha) lo había impedido.

Esta es la estrategia que van a seguir los críticos de AMLO: inventar noticias falsas para golpear cualquier decisión de AMLO, y si después son desmentidos, afirmar que fue gracias a ellos que se impidió un acto en contra de la sociedad mexicana.

Eso les da un poder imaginario (por sus críticas) que en realidad no tienen, pero que lo venden como si fuera real, y como si fueron los “diques” del “autoritarismo” de AMLO, un presidente que lo describen como una especie de Hugo Chávez.

Así pues, esta estrategia apenas comienza. Han mentido siempre, pero ahora lo hacen no solamente para desprestigiar a AMLO, sino para tener mayor visibilidad, como si fueran héroes en un país autoritario, el cual -no está de más decirlo- solamente existe en su imaginación.

Así jugarán. Así están jugando.