Por: María Gabriela Celaya, corresponsal en Washington

18 de abril 2015.- La ciudad de Reynosa, Tamaulipas, volvió a convertirse ayer en sucursal del infierno. Vehículos de transporte de personal incendiados en la vía pública, bloqueos, balaceras interminables, crisis de pánico en niños y adultos, muertos, heridos, caos. Pero, ¿qué hay detrás del terror?

Según informantes protegidos por el anonimato, batallas urbanas entre narcos, policías y soldados, como la que ayer se registró en Reynosa, “muchas veces son cortinas de humo para facilitar el paso de cargamentos de goma de opio al otro lado de la frontera”.

Reynosa es uno de los puntos fronterizos por donde entra a Estados Unidos la goma de opio, precursora de la heroína, que se cosecha en la Tierra Caliente de Guerrero y Michoacán, y viaje desde Iguala hacia Texas, pasando por Morelos, el Distrito Federal, Hidalgo y Tamaulipas.

Una investigación reveló que el coronel José Rodríguez Pérez, jefe del 27 batallón de infantería con sede en Iguala, Guerrero, a partir de enero de 2013, estuvo adscrito antes a la octava zona militar, asentada precisamente en Reynosa, Tamaulipas.

Balazo en establecimiento de Reynosa Tamaulipas. Foto: Facebook

Balazo en establecimiento de Reynosa Tamaulipas. Foto: Facebook

Anteriores jefes del cuartel de Iguala también estuvieron, previamente, en ciudades de la frontera norte, que tienen altos índices de homicidios, feminicidios, desapariciones forzadas y tráfico de goma de opio y otros estupefacientes.

El general Juan Antonio Aranda Flores, antes de Iguala, estuvo destacamentado en Nuevo Laredo, Tamaulipas. El también general Alfredo Aponte Carranza, tuvo mando de tropas, primero, en la zona amapolera de Michoacán, y luego en Ciudad Juárez, Chihuahua, de donde lo trasladaron a Iguala.

Salvador García Soto, columnista de El Universal, escribió que la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando fueron asesinados tres y desaparecidos 43 normalistas en Iguala, uno de los autobuses tomado por los estudiantes contenía un cargamento de goma de opio con destino a Reynosa. Ésta, hipotéticamente, habría sido la chispa que provocó la violencia.

Para el ex procurador Jesús Murillo Karam, quienes desaparecieron a los 43 muchachos fueron integrantes del cartel “Guerreros Rojos”. Sin embargo, fuentes que piden no ser citadas, aseguran que los “Guerreros Rojos”, en realidad, son militares del 27 batallón de Infantería.

Camión incendiado en Reynosa Tamaulipas. Foto: Facebook

Camión incendiado en Reynosa Tamaulipas. Foto: Facebook

“Poco antes de la media noche del primero de marzo de 2010 –denunció Juan Veledíaz en el blog www.estadomayor.mx el 28 de noviembre de 2014–, dos cámaras de seguridad localizadas frente al disco bar Cherrys sobre el boulevard Colegio Militar de Iguala, captaron el momento en que tres autos sin identificar se estacionaron en la acera.

“De los vehículos se observa cuando un grupo de individuos bajan para ingresar al club. Mientras, al otro lado de la calle se aprecia una camioneta militar que se estaciona en espera. Poco después los sujetos salen [del club] con unas personas que suben a sus unidades y arrancan. Entonces una señal con las luces de la camioneta militar aparcada sirve de señal (sic) al convoy de vehículos que se alejan seguidos de otras tres unidades castrenses.

“Aquella fue una operación realizada por soldados del 27 batallón de Infantería, en aparente coordinación con sujetos vestidos de civil, quienes se llevaron a seis jóvenes que momentos antes habían llegado a dejar unos equipos de sonido que usaron en la feria de Iguala. Desde ese día no se volvió a saber de ellos”, precisa Veledíaz, antes de recordar cómo los padres de los jóvenes también fueron a buscarlos en el cuartel, donde les negaron que los tuvieran.

Meses más tarde, un miembro del ejército reconoció que los muchachos, efectivamente, habían estado ahí. Lo mismo ocurrió cuando, luego de negar por meses la participación del ejército en el asesinato y la desaparición de los 43 normalistas, Jesús Murillo Karam renunció a la PGR cuando fotos filtradas no sé sabe por quién comprobaron que soldados del 27 de Infantería estuvieron con los muchachos en una clínica de Iguala, antes que desaparecieran.

Auto quemándose en Reynosa Tamaulipas. Foto: Facebook

Auto quemándose en Reynosa Tamaulipas. Foto: Facebook

Pero el modelo de terror que vincula en México a militares, productores de goma de opio y traficantes, parece copiado del que implantaron la DEA y el gobierno de Estados Unidos en los años de la guerra de Vietnam, cuando Tailandia era el parque de diversiones y descanso de los marines que peleaban en el sureste asiático.

Manuel Vázquez Montalbán, escritor y periodista (Barcelona 1939 – Bangkok 2003), en su última novela relata un viaje al Triángulo del Oro en Asia y, pese a que su texto data de 2002, parece que describiera la actualidad de la tierra caliente de México.

El “llamado Triángulo del Oro o del Opio, un territorio tan probable como invisible, como un aura tendida por encima de las fronteras de Birmania, Tailandia y Laos, era el enunciado de lo prohibido, como si el opio, la morfina o la heroína fueran fantasmas, sueños o tópicos.

“Detrás de cada corrupción había una trama en la que participaban militares, los verdaderos vertebradores del reino de Tailandia”, destaca el autor de Asesinato en el Comité Central y tantas otras aventuras del detective glotón Pepe Carvalho. En Milenio Carvalho, su novela póstuma, cuenta:

“Las familias trabajaban unidas en la recolección del opio, en hacer las incisiones requeridas [al bulbo de la amapola, ndr] para que soltara su savia; luego hervían la cosecha en agua para eliminar impurezas y formaban paquetes de kilo de [goma de] opio que pasaban a los chinos”.

Esta descripción es idéntica a la que Federico Campbell hizo en su libro La era de la criminalidad* al hablar de la producción de goma de opio en Sinaloa, un negocio que, volviendo a Vázquez Montalbán, congrega agentes de la DEA, generales corruptos y un alto número de personas desaparecidas. En pocas palabras, un modelo de dominación y de negocio que opera por igual en Tailandia, Afganistán y México.