Por: Harold Folder

06 de julio 2015.- Las sociedades en donde impera el modo de producción capitalista se caracterizan por una incesante circulación de mercancías, decía el viejo alemán, pero ¿qué pasa cuando los bancos cierran sus puertas?

Los consumidores compran lo más indispensable y cuando los productos se agotan, los anaqueles de las tiendas se convierten en huesos de un monstruoso esqueleto. Esto, precisamente, es lo que ocurrió en Grecia durante la semana previa al referéndum. Los almacenes de Atenas se ven como los de La Habana en 1991.

Ahora, tras rechazar por fin las medicinas amargas e inútiles de siempre, que el FMI, la Comisión Europea y al Banco Central Europeo exigían para conceder nuevos créditos con el único fin de que Grecia pague los intereses de los intereses de su deuda eterna, un pueblo de sólo 11 millones de personas aguarda con el corazón henchido de orgullo la respuesta de Alemania y de Francia.

Grecia requiere nuevos financiamientos para reflotar su economía, revertir el daño social que el austericidio causó a los trabajadores y a los jubilados, mejorar las condiciones de vida de los sectores más castigados por la usura; al mismo tiempo necesita la solidaridad y la comprensión de sus parientes ricos, es decir, que le urge un crédito pagadero dentro de 40 años para invertirlo en el bienestar de la gente y en actividades productivas. De lo contrario…

¿Qué va a pasar? ¿Alemania castigará al pequeño y pobre país que en 1953 le perdonó el 60 por ciento de su deuda para que pudiera salir del hoyo en que la había hundido Hitler? ¿La señora Merkel dirá: al demonio, que se rasquen con sus uñas? No es tan sencillo. Abandonar a los griegos a su suerte equivaldría a despreciar un valor que no se cotizan en Bolsa, como es el de la democracia.

Reprimir a Grecia por su referéndum impecable, convertiría en enemigo a quien todavía, para usar un eufemismo, es un “socio”. Un socio que ha sido tratado como esclavo, igual que el resto de los países del sur de Europa.

¿Abandonará Merkel a Grecia para enviar un mensaje terrorífico a España, a Italia, a Portugal? No, la señora no puede ametrallarse los pies. Alexis Tsipras y la coalición izquierdista Siryza, que llegaron al poder en febrero, la han derrotado con el plebiscito de este domingo.

Según el plan trazado por el ministro de Economía, Yanis Varoufakis, los bancos griegos reabrirán el martes. Como en un plazo tan breve todavía no habrá acuerdo, es de suponer que volverán a implantar límites para que la gente saque dinero a cuentagotas y, por otra parte, Grecia empezará a buscar –si es que todavía no lo hizo– créditos alternativos en Rusia y en China, para presionar aun más a Alemania.

Vladimir Putin ya dijo que está puestísimo para intervenir en cuanto se lo pidan. Sí, ¿pero a cambio de qué? Merkell, como guardiana del imperio artificial llamado Unión Europea, que fue creado en respuesta al vacío causado por la desaparición de la URSS, no simpatizará seguramente con la idea de que el zar postsoviético “invada” con rublos la frontera más frágil de la zona del euro.

Llevemos la especulación hasta extremos que no caigan en el tremendismo que tortura la mente febril de Jalife. Supongamos: Merkell no cede, Grecia se va. ¿Primera medida? Resucitará su moneda: el dracma. Ésta volverá a circular manteniendo, por horas o minutos, la paridad que ahora mismo tiene ante el dólar, pero se depreciará rápidamente, cayendo a niveles que provocarán hiperinflación.

De la crisis económica a la crisis política, a la ingobernabilidad y al caos, no hay muchos pasos de distancia. ¿Merkell permitirá que en la península que colinda con Turquía y los conflictos de los balcanes y el Medio Oriente se materialice el fantasma de una guerra civil? Tendría que estar loca esa señora.

Por donde quiere que se vea, la estrategia política de la izquierda griega ha sido de una audacia, de una valentía y de una inteligencia deslumbrantes. El gobierno de Siryza ha boxeado como Mohamed Alí durante aquella célebre pelea en África, esto es, abriendo los brazos, agarrando las cuerdas y diciéndole a su oponente: pégame hasta que te canses, porque cada golpe les hará más daño a ustedes que a nosotros.

Y sin embargo, la pregunta que mantendrá la atención del mundo sobre Atenas y Bruselas, a lo largo de la nueva semana, seguirá siendo: ¿y ahora qué va a pasar? Los desequilibrios financieros, en un sistema global condicionado por el “efecto mariposa”, repercutirán en América Latina y por lo tanto en México.

Con el dólar y el euro volando a través de las turbulencias internacionales, el peso tendrá que abrocharse el cinturón de seguridad pues el bailoteo será angustioso, y con el equipo de retrasados mentales encabezado por Luis Videgaray bajo la oscura batuta de Pedro Aspe en Hacienda, los mexicanos a la mejor descubrirán motivos más poderosos para preocuparse que los de los propios griegos.