Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

2 de julio de 2018. La victoria fue contundente: más de 31 puntos de diferencia del segundo lugar. La alegría desbordante: una plancha del zócalo completamente llena. Gritos del ya clásico “presidente / presidente/ presidente”, pero con más fuerza, más sentidos, más llenos de esperanza.

Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente de México y llegará a dicho cargo con tres calidades que ningún otro presidente ha tenido: calidad ética, calidad democrática y calidad popular.

Su victoria tan contundente le da un bono democrático que ni Vicente Fox poseyó en 2000, cuando por primera vez perdió el PRI la presidencia de la República. Y esa victoria contundente lo distancia de los dos anteriores mandatarios: Felipe Calderón, quien llegó ilegítimamente al poder, y Enrique Peña Nieto, quien fue rechazado por amplios sectores sociales que vieron en las elecciones de 2012 un proceso de fraude acumulado.

AMLO llega limpio, sin máculas en la forma en como la gente lo hizo presidente.

Así pues, Andrés Manuel se convierte en el mandatario que mayor grado de solvencia democrática ha poseído en México: y es el hombre por el cual más persona en toda la historia de México han votado.

La labor que tiene enfrente Andrés Manuel no es fácil: recibe un país hecho añicos. Comenzar a transformarlo será una hazaña. Pero, ¿por qué confiar en él?

Celebración en el zócalo del triunfo de Andrés Manuel López Obrador / Foto: Santiago Arau.

Andrés Manuel ha sido un dirigente excepcional. Desde joven, cuando estaba en Tabasco, pasando por la presidencia del PRD, ha mostrado una capacidad de trabajo y de acción que ningún otro político y/o funcionario público ha tenido.

No solamente es un buen político, sino también es un excelente administrador. Mira al futuro, se adelanta, sabe idear proyectos y llevarlos a cabo.

Cuando llegó al gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel hizo algo que pocos hacen: dejar huella en todo el país de la forma en cómo se gobierna. Políticos de muchos signos partidistas, aunque lo criticaban, comenzaron a copiar sus programas y terminaron implementándolos en muchas otras partes (con menor éxito, claro está).

Hay quienes dicen, muy ufanos, con un tono de superioridad ramplona, que AMLO no era el mejor candidato a la presidencia, sino el “menos peor”. Eso es un absurdo. El tabasqueño ha demostrado a lo largo de su vida que sabe enfrentar grandes retos y salir victorioso, y que es un político de esos que hay pocos: así fue en Tabasco, así fue en la Ciudad de México y así fue en las dos “derrotas” (habría que analizar los fraudes en ambas) presidenciales (2006 y 2012).

Andrés Manuel López Obrador votando e 1 de julio de 2018 / Foto: especial.

En 2012 Andrés Manuel comenzó a crear una ruta distinta para ganar la presidencia: creó Morena, un partido que en cuatro años de existencia, sí, en cuatro años (hay que repetirlo porque parece que se olvida) ganó la presidencia de la República.

Eso es un logro impresionante: impactante.

¿Por qué no pensar que, como lo hizo con Morena, Andrés Manuel hará maravillas con el país? ¿Por qué no apostarle de lleno y apoyar desde ya, con mucha fuerza, su proyecto?

Es decir, un hombre que en cuatro años crear un partido político y logra con él ganarle la presidencia de la República a dos partidos que parecían invencibles, ¿acaso no debe hacernos pensar que tendrá éxito en manejar un país?

Festejos por el triunfo de AMLO / Foto: Axel Rosas.

Votar por AMLO fue una primera apuesta que estableció una voz ciudadana que se escuchó fuerte y nítida. Pero no todo queda ahí: ahora se debe defender el proyecto de Andrés Manuel. Y es que, cambiar de raíz al país molestará a muchos, y las reacciones de ésos que quieren que todo siga igual serán constante y virulentas.

Hay que cuidar a nuestro próximo gobierno: lo elegimos porque queremos que tenga éxito, no porque lo queramos ver derrotado.

Hay líder, claro que lo hay. Habrá que confiar en él y apostarle a su experiencia para convertir esta tragedia de país en un lugar digno para vivir.