Petróleos Mexicanos compró en 2016, mediante su subsidiaria Pemex Fertilizantes, al Grupo Fertinal por 255 millones de dólares, con el supuesto objetivo de sumar a su capacidad productiva cerca de 1.2 millones de toneladas de fertilizantes sólidos.

No obstante, ahora se ha denunciado que la compra fue hecha en medio de irregularidades en las que podría estar involucrado el ex presidente Enrique Peña Nieto, el ex secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell y el ex director de Pemex, Emilio Lozoya. Los tres han rechazado las acusaciones.

También se señala a los consejeros independientes Carlos Elizondo Mayer-Serra, Jaime Lomelín Guillén, Jorge José Borja Navarrete, Octavio Francisco Pastrana Pastrana y Alberto Tiburcio Celorio, así como el secretario de Pemex, Fernando Zendejas Reyes y el subsecretario Miguel Ángel Flores Ramírez.

Fertinal: “la empresa del diablo”

De acuerdo con testimonios de trabajadores de la industria y habitantes del puerto de Lázaro Cárdenas, Fertinal es “la empresa del diablo”, que ha sido vendida en cuatro ocasiones y ha enfrentado huelgas, escándalos y despidos masivos.

Desde 2001 la empresa ha estado envuelta en escándalos y problemas legales, lo que generó su primer paro y el cierre de su planta por seis años.

Actualmente la planta se ha convertido en un búnker al que sólo se accede bajo justificación laboral o comercial. De hecho, sus empleados deben atravesar por lo menos dos filtros de revisión para llegar a la zona de la Isla de En Medio, donde están las naves industriales.

Estos filtros son encabezados vía tierra y agua por la Marina Armada de México y la Administración Portuaria Integral Lázaro Cárdenas.

A decir de los obreros que ahí laboran, desde 2014, cuando empezó el proceso de compra por parte del Gobierno de Peña Nieto, todo el interior y su periferia “fue otro infierno, pero con diablo nuevo”.

Además, un trabajador que pidió permanecer anónimo dijo a El Universal que fue durante una negociación en el reparto de utilidades que se dieron cuenta que Fertinal ya pertenecía a Pemex.

“Esta empresa es del diablo. Esa ideología de privatizar las empresas es para enriquecer más a personas ajenas y a políticos”, dijo.

También añadió que desde que la paraestatal administra Fertinal, la empresa trabaja en lo oscurito.

“Las ganancias no sé en qué se las gasten. Lo poquito que llega es en refacciones, y a veces tardan dos, tres meses en comprar rodamientos para reparar los equipos”, señaló.

Dijo que tanto sus sueldos como prestaciones disminuyeron, que las piezas para la reparación de máquinas industriales son reciclados múltiples veces y que se les amenaza con ser despedidos, bajo el argumento de que “no hay dinero”.

“La mayoría de la gente traes esa incertidumbre de qué va a pasar por el escándalo que hay, que si van a cerrar y, más que nada, la gente de confianza [está preocupada]”, declaró a El Universal.

El trabajador aseguró que ni él ni sus compañeros entienden por qué les dicen que, desde que Pemex compró la empresa, ésta está en quiebra.

“Se vio que hubo mayor venta, hay más tráileres que llegan a cargar producto; pipas y pipas. Pero no se vio reflejado en el salario ni en la compra de suministro”, expuso.

Una planta plagada de problemas

Este jueves, varios jefes de área de Fertinal se reunieron para tratar temas relacionados con el escándalo que enfrenta la empresa. Todos coinciden en que “donde mete las manos el gobierno, todo lo destruye”.

Uno de los especialistas, con más de 30 años de experiencia laboral en la empresa, asegura que desde que ésta fue vendida en 1990 a la iniciativa privada, los procesos han estado llenos de irregularidades.

“A la base trabajadora nunca se le informo absolutamente nada de esos cambios; simplemente pasó de ser una empresa paraestatal a la iniciativa privada”, afirmó.

También dijo que gracias a ese cambio de dueños, la planta estuvo inactiva dos años, periodo en el cual toda la plantilla laboral fue despedida.

Luego, en 1992 la empresa retomó sus operaciones, ahora bajo el nombre de Grupo Empresarial del Bajío SA de CV, pero pronto los conflictos entre socios causaron la disolución del consejo de administración y, posteriormente, el cambio de nombre a Agroindustrias del Bajío.

Luego, ya como Fertinal, y bajo el mando de Fabio Massimo Covarrubias Piffer y Luis Fernando Rosal Ruffo, parecía que la empresa lograría la estabilidad que tanto necesitaba.

Pero no fue así. Conflictos entre ambos socios la llevaron a estallar en huelga en 2001, año en el que la empresa estuvo a punto de quebrar por deudas millonarias con bancos.

El desplome financiero de la empresa fue debido a que la aseguradora ING Comercial América no quiso pagar una póliza millonaria a Massimo Covarrubias por concepto de cobertura de desastres, luego de que el huracán Juliette dañara gravemente a la minera Rofomex, empresa pilar de su grupo empresarial.

Fertinal recibió el apoyo del gobierno de Michoacán, en ese entonces encabezado por Lázaro Cárdenas Batel. Por su parte, Vicente Fox se negó a apoyarla, sin importar que el Gobierno Federal fuera dueño de un porcentaje de las acciones.

En 2003 los trabajadores y la empresa llegaron a un acuerdo para que las instalaciones fueran liberadas, pero fue hasta 2007 que Fertinal reanudó sus operaciones.

Peña Nieto y sus adquisiciones chatarra

En días pasados, el Presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que no sólo fue Fertinal y la planta de Pajaritos de Petróleos Mexicanos (Pemex) los activos en condiciones de chatarra que compró Enrique Peña Nieto.

“El tema más conocido es el de la planta que se compró en Pajaritos, donde hay más elementos de que hubo irregularidades, por decir lo menos (…) Pero también se adquirieron plantas en Lázaro Cárdenas, incluso reservas en materia prima en Baja California Sur. Roca fosfórica. Estamos hablando de miles de hectáreas. Estamos hablando de otra materia prima para los fertilizantes y pues las plantes quedaron abandonadas desde hace 20 años, como la de Camargo”, dijo.

AMLO pidió recordar que la planta de Pajaritos no se entregó a Alonso Ancira, hoy detenido en España, sino a otra empresa, que a su vez se la vendió a Ancira.

“Ancira consideró que no era negocio poner a producir la planta y la dejó. Luego surgió la idea de adquirirla”, señaló y agregó que incluso hay una investigación del Poder Legislativo.