Empresarios, entre los más pudientes de México recibieron una “muy interesante” propuesta del Presidente Andrés Manuel López Obrador -que les hizo bajo el amparo del poder económico y político estadounidenses-, que no han podido rechazar, lo cual cambiará drásticamente las reglas del juego político en México.

Los invitó a echarse a cuestas sobre sus hombros la tarea de relanzar la economía de México bajo el T-MEC, con compromisos muy sólidos, sin temer a que factores electorales afecten el intercambio de negocios al más alto nivel.

El Tête-à-tête tan cercano entre AMLO y el presidente Donald Trump, en el que se puso muy en alto a la diplomacia, la política y la historia en las actuales relaciones entre los dos países, ha propiciado que ya no sea un desafío cuesta arriba aprovechar todas las posibilidades que plantea ese tratado trilateral.

AMLO les está dando su aval, ya reconocido y aceptado mundialmente, al mostrar su sabiduría, con veteranía y cordura, para abrir el picaporte más difícil en el juego de la política mundial, muy desaprovechado por ciento por Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá que se negó a acudir a la cita.

Los empresarios que acompañaron al presidente no tuvieron más remedio que reconocer la gran equivocación en que habían incurrido al intentar desdeñar a la actual figura presidencial, que espera de ellos dejar de lado cualquier acto de corrupción, empezando por el impago de sus impuestos.

Esas son las reglas del nuevo juego político y económico, bajo las cuales se puede jugar durante el gobierno de López Obrador, y la clase empresarial ya está enterada y al parecer conforme.

El Presidente López Obrador fue “absolutamente serio” cuando dijo que el único propósito de su viaje era la puesta en marcha del nuevo tratado de libre comercio, el T-MEC, entre México, Estados Unidos y Canadá.

Con la ayuda de Trump, que ahora ha demostrado ser amigo de México, independientemente de lo que pasó ayer o pasará mañana, AMLO generó el escenario propició –en la meca del poder mundial-, y puso frente a frente a grandes empresarios estadounidenses y mexicanos. Falta ver si como AMLO, ellos capitalizan esa cercanía.

El encuentro entre ambos mandatarios, el primero que tiene lugar en su calidad de jefes de Estado, fue perfectamente planeado para ofrecerle una gran recepción al T-MEC, “un acuerdo histórico”, como lo ha calificado el propio López Obrador, al percibir y poder apreciar que con ese tratado la economía mexicana puede repuntar a tasas muy altas, como él lo prometió durante su campaña presidencial.

Entre otras cosas, algo de suma importancia que promueve el T-MEC es la participación de las Pequeñas y Medianas Empresas, que son las que más número de empleos genera en una economía, e impulsa la cooperación entre las tres naciones para combatir delitos como la corrupción, sobornos y desvíos de recursos, que son los dos temas más atractivos para un presidente que enfrenta el desafío de abatir la corrupción en México y darle positivas respuestas en ese tema al pueblo de México.

Empresarios mexicanos con Marcelo Ebrard y funcionarios de la SRE. Foto: Patricia Armendáriz.

Antes de partir a Washington, López Obrador fue objeto de fuertes presiones por parte de los voceros de la derecha, por lo que tuvo que salir al paso y aclarar que su viaje no obedecía a “fines electorales”.

Desde que se tuvo conocimiento de que López Obrador iría a Washington para encontrarse con el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, líderes de opinión, analistas políticos y supuestos expertos en temas internacionales –quienes están al servicio de la derecha- empezaron a manejar el encuentro de manera que ponían en tela de juicio la “honorabilidad” del presidente mexicano, por irse a entrevistar con que el “no honorable” presidente estadounidense, que tanto había ofendido a México.

Era cómico ver a estos “honorables” comentaristas ponerse con sus opiniones totalmente fuera del cuadro de la realidad como los hechos finalmente vinieron a demostrarlo, mostrando lo desinformados que están y quedando ya como voces desautorizadas, a las que no hay que brindarles ni la más mínima atención.

Sacaron a relucir todo aquello que pudiera molestar a Trump de AMLO, como su libro: “Oye, Trump”, en el que según León Krauze comparó la retórica fascista de Trump con la de Hitler, en su artículo que publicó en el diario El Universal, el 6 de julio.

Enrique Krauze, por su parte, quien se toma muy en serio su papel de “principal intelectual orgánico” –como es presentado- de la derecha mexicana, publicó un amplio artículo en The New York Times el domingo anterior al viaje del Presidente, donde se presenta como demócrata para llamar a una ruptura política en la democracia de México, en contra de López Obrador.

La sola mención del encuentro, en días pasados, dejó sin aliento a la oposición -entre partidos, clase empresarial y medios-, que no ocultaron su deseo de desplegar un ataque abierto contra el Presidente por atreverse a viajar a Washington.

La reacción fue inmediata y lanzaron un ataque bien planeado para desacreditar el encuentro, curiosamente utilizando todos los involucrados los mismos argumentos, con la intención de ofrecer a la opinión pública mundial la sensación de que la verdad estaba de su lado.

En efecto, la prensa mundial destacó que la primera salida de AMLO al exterior para reunirse con Trump, estaba generando duras críticas en México y había creado un ambiente de rechazo, recordando que el presidente estadounidense ha utilizado a México con frecuencia como “un saco de boxeo”.

Washington, DC, Estados Unidos. 8 de julio de 2020. Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México durante la reunión de trabajo con el presidente Trump. Foto: Presidencia

El mensaje de fondo que han querido transmitir es que la contraparte mexicana de Estados Unidos en la cima del poder no era confiable en absoluto, al tiempo que han intentado ganar para su causa las simpatías de Joseph Biden, a quien ya consideran el vencedor de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, por ir 14 puntos arriba en las encuestas, aun cuando faltan más de cuatro meses y la campaña todavía no ha arrancado.

Ése es el ambiente creado mediáticamente por la derecha mexicana, pero la verdad de las cosas es que por primera vez en la historia de las relaciones entre ambos países un presidente de México ha establecido una asociación estratégica con su contraparte de los Estados Unidos, que si bien apenas se han puesto unas cuantas bases, avanza a paso muy firme, lo cual por el propio interés mutuo, ya sentadas las bases está obligado a retomarlo por quien sea presidente de los Estados Unidos, el próximo 3 de noviembre.

Algo que puede ilustrar perfectamente esto es el regreso a la política de Barack Obama, quien realizará el papel de ofrecerle una ruta a Josep Badin, para ganar la Presidencia de los Estados Unidos, y una de las primeras cosas que el ex presidente le ha aconsejado al candidato demócrata fue: “No te confrontes con AMLO para ganar terreno en el voto latino”.

El Presidente López Obrador tiene ya muy allanado el camino de la colaboración económica con el presidente Donald Trump, a quién le hizo llegar el mensaje, por medio de su embajadora Martha Bárcena Coqui, que México ayudaría a Estados Unidos, pero sólo a cambio de que ayude a México.

Cómo ya demostró AMLO ser muy eficaz en las maniobras para resolver problemas, se ha ganado el respeto y la confianza del difícil Trump.

El presidente López Obrador, puede afirmarse, ha avanzado en sentar las bases para lograr cifras se crecimiento económico en México y salga de su estancamiento, apoyándose del T-MEC, y bajo los auspicios de su buena amistad con Trump, algo que por supuesto inspira gran confianza en la gran empresa mexicana, que deberá dejar de lado ser timorata y miope.