Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo) y César Octavio Huerta (@zorrotapatio)

I

07 de junio 2015.- Un auto, reciente modelo, blanco muy blanco, limpio muy limpio, pasa a gran velocidad por una de las avenidas principales de la ciudad de Guadalajara. Unas veinte personas esperan el camión en esa misma avenida y ven pasar el vehículo que va cual bólido en el cielo: nada más logran detectar su blancura, un poco de su limpieza y una calcomanía que lleva en el vidrio trasero.

El conductor del auto blanco muy blanco y limpio muy limpio llega a su casa, aprieta el botón que abre el cancel automático de la vivienda, estaciona su auto y se baja. Le dice (quizá grita) a su esposa, o a sus hijos, o a quien sea que esté en casa, que le traigan rápido un balde con agua, y también un poco de alcohol.

Ya con esos instrumentos comienza a despegar la calcomanía que lleva su auto en el vidrio trasero; va borrando las letras que dicen PRI y las que dicen Villanueva. Los colores del tricolor en el vidrio se van desluciendo, perdiendo fuerza, desvaneciéndose, exactamente igual que como sucedió ayer Guadalajara.

El candidato del PRI por Guadalajara, Ricardo Villanueva. Foto: Facebook de Ricardo Villanueva

El candidato del PRI por Guadalajara, Ricardo Villanueva. Foto: Facebook de Ricardo Villanueva

II

Ricardo Villanueva se sienta en una silla y enfrente de él un micrófono y decenas de cámaras fotográficas y grabadoras y reporteros lo observan. Hace poco más de cuatro meses le dijeron que él sería el candidato del PRI al gobierno municipal. Se lo comunicó Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, el gobernador de Jalisco. Él aceptó. Hoy, enfrente de ese micrófono y de esas cámaras y grabadoras y reporteros, Villanueva reconoce: perdimos, perdió el PRI, perdí yo.

El problema del tricolor en las elecciones para la presidencia municipal de Guadalajara de 2015 es que éstas estaban perdidas desde 2012, y se perdieron aún más cada día que pasó de esa fecha hasta ayer, 7 de junio.

El ganador en la contienda electoral se llama Enrique Alfaro, el abanderado de Movimiento Ciudadano. Superó con más de 20 puntos porcentuales a Villanueva. Una paliza. Un nocaut. Una humillación de esas que calan y que no se olvidan, que se sueñan, que se llevan hasta siempre y por siempre. Pero la explicación del triunfo alfarista es complicada y no se debe a un solo factor, sino a un conjunto de circunstancias.

El candidato de Movimiento Ciudadano por Guadalajara, Enrique Alfaro. Foto: Flickr de Enrique Alfaro

El candidato de Movimiento Ciudadano por Guadalajara, Enrique Alfaro. Foto: Flickr de Enrique Alfaro

III

En 2012 en Jalisco hubo elecciones para elegir al gobernador. Ganó el PRI, vía Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, pero lo hizo por una ínfima diferencia. Enrique Alfaro, el segundo lugar, aunque perdió la gubernatura, se granjeó simpatías entre los jaliscienses, y especialmente entre los tapatíos. Esas simpatías no disminuyeron durante tres años, al contrario, aumentaron.

Cuando Alfaro se presentó como candidato a presidente municipal de Guadalajara, lo hacía basado en ese “colchón” de simpatías, y además, aprovechó sagazmente las caóticas administraciones del PRI tanto en Guadalajara como en Jalisco y a nivel nacional

Ricardo Villanueva no podía competir con Alfaro. Desde un principio su fracaso era anunciado. Era real. Esto se agravó por las luchas internas del PRI, tanto a nivel estatal como las que se entablaron entre el grupo de Sandoval Díaz y el de Enrique Peña Nieto. El PRI llegaba perdiendo, con inestabilidad interna, y con un desprestigio provocado por la avaricia, las malas administraciones, la impunidad, el cinismo y una tendencia al robo, al saqueo.

El Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco y padre del gobernador, Leonel Sandoval, conversa con el candidato del PRI por Guadalajara, Ricardo Villanueva.

El Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco y padre del gobernador, Leonel Sandoval, conversa con el candidato del PRI por Guadalajara, Ricardo Villanueva.

IV

Aristóteles Sandoval pensó que Villanueva podía repuntar. Su papá, el magistrado Leonel Sandoval, quien fungía en los hechos como jefe de campaña de Villanueva, había prometido que ganarían, que remontarían, que harían lo imposible para hacerse con el triunfo. Y es que en parte, la carrera política de Sandoval Díaz dependía de si ganaba o no el PRI, “su” PRI, Guadalajara. Si lo hacía, podía presumir en el centro del país: “vean, Jalisco es mi feudo, yo soy dueño de estas tierras, y puedo ser presidente”. Pero las cosas le salieron mal. Muy mal.

Grabaciones filtradas (se entiende que por el mismo PRI) al grupo Reforma evidenciaron que el papá del gobernador era quien manejaba la campaña y que lo hacía violando la ley. Eso sepultó cualquier ilusión en remontar. Después vinieron los narcobloqueos. El PRI estaba acabado.

En la campaña de Villanueva intentó por todos lados golpear a Alfaro, pero nada surtió efecto. Quisieron desprestigiar, promover el voto nulo, el abstencionismo, decir que Alfaro era un alfil de Emilio González, ex gobernador panista de la entidad, que era una especie de Hitler que mataba en las mañanas a niños chiquitos y en las noches a ancianos. Compraron medios, comunicadores, hicieron pasquines que repartieron por toda la ciudad. Todo lo inimaginable lo hicieron. Nada les funcionó. Y fue tal la caricaturización que intentaron de su oponente, tanto el cinismo con que lo hacían, que todo se les revirtió. Pocos creyeron en lo que se decía de Alfaro. El electorado estaba enojado con el PRI, y el 7 de junio salió a votar para que se fuera.

Guillermo Cienfuegos mejor conocido como el payaso Lagrimita. Foto: Facebook  Lagrimita Presidente

Guillermo Cienfuegos mejor conocido como el payaso Lagrimita. Foto: Facebook Lagrimita Presidente

V

Aristóteles Sandoval y su camarilla sabían que era difícil. Sabían que era complicado derrotar a Alfaro. Idearon varias estrategias. Una de ellas era un “botón rojo”, una salida de último momento”: un golpe de estado electoral. Consistía en que cuando se vieran perdidos, hubiera algo que les diera una oportunidad más. Por eso lanzaron al payaso Lagrimita como candidato “independiente” a la presidencia municipal. Sin embargo, al PRI de Aristóteles le salió mal todo: la ventaja de Alfaro fue tan amplia que ahora, presentar una impugnación contra su victoria sería además de ridículo, patético.

El candidato de Movimiento Ciudadano por Guadalajara, Enrique Alfaro. Foto: Flickr de Enrique Alfaro

El candidato de Movimiento Ciudadano por Guadalajara, Enrique Alfaro. Foto: Flickr de Enrique Alfaro

VI

Enrique Alfaro será presidente municipal de Guadalajara. Villanueva seguramente regidor. El PRI perdió además dos municipios más de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Un fracaso para el tricolor. Sin duda el inicio de la debacle del grupo que regentea Aristóteles Sandoval y que manda su papá.

Ahora bien, la importancia del triunfo de Alfaro es que sienta un precedente: se puede derrotar al PRI y a la guerra sucia de éste, se puede derrotar al PRI y a su compra de votos y a sus movilizaciones. Se puede derrotar al PRI a pesar de que buena parte de los medios tradicionales esté vendidos y digan barrabasadas y echen campañas negras y pongan mentiras en sus portadas.

Se puede derrotar al PRI aunque se piense que no se puede. Ésa es la gran enseñanza que dejó en Jalisco este proceso electoral. Porque a pesar de la elección de estado, el PRI perdió. Habrá que aplaudirse, y habrá que hacer que en otras ciudades, en otras entidades, quede bien claro que el PRI no es invencible, y que con inteligencia se puede sacarlo, desterrarlo.

Sí, ayer se demostró de manera contundente que el PRI no es imbatible, que se le puede vencer con argumentos e inteligencia y que no hay dinero en el mundo que alcance para minar el hartazgo de una ciudadanía cansada de la corrupción y la insensibilidad de sus “gobernantes”.

El candidato del PRI por Guadalajara, Ricardo Villanueva, en una pega de calcamonias para autos. Foto: Internet

El candidato del PRI por Guadalajara, Ricardo Villanueva, en una pega de calcamonias para autos. Foto: Internet

VII

Después de veinte minutos, el hombre termina de quitar la calcomanía de Ricardo Villanueva que estaba en el vidrio trasero de su auto de reciente modelo blanco muy blanco y limpio muy limpio. En su frente hay sudor. Ingresa a su casa y se sienta enfrente de esa pantalla de más de sesenta pulgadas. La enciende con el control remoto. En las noticias se informe que Enrique Alfaro ganó la presidencia municipal de Guadalajara. Siente un dolor y una insatisfacción que no sabe cómo describirlas. Y lo más importante, que no sabe cuándo desaparecerán.