Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

I

6 de enero de 2018.- Entre 1988 y 1997, poco más de 670 militantes del entonces reciente creado Partido de la Revolución Democrática (PRD) fueron asesinados por los gobiernos del PRI. En especial, el encabezado por Carlos Salinas de Gortari.

El PRD nació como una esperanza, como una lucha contra los poderosos, como una apuesta a un futuro distinto, a un futuro con futuro. De izquierda, con valores solidarios, persiguiendo la equidad, la justicia, el derecho a no ser pisoteado por los que se sentían y se sienten aún dueños del país.

Así nació el PRD. Y va a morir muy distinto a como vio su primera luz.

Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, fundadores del PRD. Foto: Especial

II

El PRD tuvo momentos de luz. Ganó la Ciudad de México, y la Ciudad de México fue distinta a como lo era. La capital del país, cuando gobernó Andrés Manuel López Obrador, dictó la forma en cómo se hacía política en todo el país: hubo un antes y un después de esa gestión. La ciudad cambió.

Pero el PRD se llenó de ambiciosos sin valores de izquierda y sin ética y persiguiendo cargos con la intención de estar en el cargo y no de cambiar las cosas para bien. También muchos de quienes lo integraban, comenzaron a corromperse, a sentirse como distintos, a actuar distintos, a ser distintos.

El PRD dejó de ser la esperanza que era. Y claro, viendo eso, muchos decidieron salirse, irse a fundar otra cosa, recargarse de energías y hacer algo distinto. El PRD estaba tan podrido que era imposible, completamente imposible rescatarlo.

Jesús Zambrano, Alejandra Barrales y Jesús Ortega. Foto: Especial

III

Quienes se quedaron en el PRD, viéndose débiles al extremo, comenzaron a aliarse con quien fuera, todo en aras de no perder privilegios, negocios, dinero, poder. Por eso se fueron con el PAN, y por eso, de ser posible, estarían hoy con el PRI o con el mismísimo Carlos Salinas de Gortari.

El PRD, claro está, ya no es lo que era. Ya no representa ni esperanza ni cambio ni futuro. Mucho menos dignidad. Y en términos prácticos, el PRD es un cadáver con un poquito de movimiento: donde tenía poca presencia, hoy ya no tiene nada; y donde era fuerte, hoy es débil.

El único bastión que guardaba para él solo, está a punto de irse, de esfumarse. Sí, el PRD pensaba que jamás perdería la Ciudad de México y hoy está a punto de perderla. Se le irá de las manos.

En el PRD saben que Morena los hará añicos, saben que las tranzas que en tiempos recientes han caracterizado a los miembros del sol azteca, sus negocios, sus ilegalidades, quedarán al descubierto. Saben que, perdiendo la Ciudad de México, no solamente perderán el control de la urbe, sino también incluso la libertad. Por eso están nerviosos, y por eso reaccionan como lo han hecho: con violencia. Porque el PRD se transformó en un partido de corruptos, hipócritas y cínicos.

Seguidores del perredista Mauricio Toledo irrumpieron violentamente en un evento de la precandidata de Morena a la Jefatura de Gobierno, Claudia Sheinbaum, los agresores aventaron sillas , jitomates y huevos. Foto: Especial

IV

Martha Patricia Reyes asistió a un mitin de Morena en la Delegación Coyoacán. Ella tenía esperanza de cambiar al gobierno de Miguel Ángel Mancera. Confiaba en Claudia Sheinbaum. Había perdido a sus dos nietos en el sismo de septiembre. Quería cambiar las cosas de este país. Por eso asistía a los mítines, por eso participaba en Morena.

Ese día, las huestes de varios dirigentes del PRD comenzaron a provocar violencia. Lanzaron sillas, lanzaron piedras. Golpearon. Martha Patricia entró en pánico ante lo que veía. Iba a un mitin, no a una guerra. De ahí, todo se puso mal. Su cuerpo, su cerebro, su corazón, su salud: su vida.

Martha Patricia murió ayer en la Ciudad de México. No la golpearon, no la mataron con golpes, pero aunque no la hubieran herido con una silla, con piedras o con unos puños, quienes provocaron y lanzaron objetos y amenazaron y amedrentaron durante el mitin, al fin y al cabo provocaron su muerte.

El PRD, que hasta hace poco continuaba pugnando porque se esclarecieran los asesinatos de sus militantes en las décadas de los ochentas y noventas, hoy se ha convertido en un partido asesino.

Martha Patricia Reyes. Foto: Especial

V

Para quienes dirigen la Ciudad de México, Martha Patricia murió de “causas naturales”. El Procurador dijo que no era culpa de militantes del PRD, que no era culpa de un zafarrancho provocado por gente del PRD, que no era culpa del gobierno de Miguel Ángel Mancera ni de quienes mandaron a los provocadores a un mitin de Morena.

Para las gentes del PRD que hoy gobiernan la capital del país, que haya muerto Martha fue culpa de ella y de nadie más.

Son cínicos y se parecen tanto a los asesinos del PRI que, hace ya casi veinte años, comenzaron a matar militantes del PRD.

Lo que queda es que, de una buena vez, la gente de la capital firme la sentencia de muerte electoral del PRD. Ya falta poco. Poco. Y así será.