Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

19 de abril de 2017.- Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz, es uno de los muchos gobernadores salidos de las filas del PAN y del PRI que han sido corruptos hasta lo indecible: enriquecimiento ilícito, nexos con el narcotráfico, asesinatos de periodistas, lujosas casas y departamentos y ranchos en México, en Estados Unidos y en muchas partes del mundo, vida de millonario, ineficacia administrativa, robos, matanzas, etcétera.

Es decir, Javier Duarte no se diferencia de mucho gobernador y ex gobernadores (y también de muchos ex secretarios y ex diputados y ex senadores y ex presidentes). ¿Qué lo hace, pues, diferente?

La respuesta es simple: ha sido elegido como una pieza fundamental en el golpeteo que ha comenzado ya en contra de Andrés Manuel López Obrador, todo con la intención de impedir su triunfo en 2018.

Andrés Manuel López Obrador en un mitin en Cuautitlán, Estado de México. Foto: Especial

La estrategia es simple: a Javier Duarte lo eligieron para ser convertido en el peor político mexicano de estos años, para hacerlo el malo por antonomasia. Entre tanto corrupto, ¿por qué a él lo hicieron despuntar? Porque así lo quisieron y lo decidieron las cúpulas del PRI y del PAN. Todo con la intención de atacar al puntero en todas las encuestas: López Obrador.

Lo básico en este tipo de campañas de desprestigio es relacionar al candidato que va arriba en los sondeos con un personaje desprestigiado. Así sucedió en 2006: en esa época, el PAN trató, por todos los medios posibles, de establecer una relación directa entre AMLO y Hugo Chávez. Hugo Chávez, claro está, no tenía nada que ver con AMLO, pero construyeron, vía una campaña publicitaria, al “demonio Chávez”. Y así, lograron establecer con mentiras irrisorias un vínculo entre el chavismo y López Obrador.

Hoy, la estrategia es la misma, aunque algunos personajes sean distintos. Establecer hoy un vínculo entre AMLO y Venezuela (léase, el locuaz de Nicolás Maduro) parece una apuesta errónea. Por eso decidieron desprestigiar (y miren que Duarte se lo ganó a pulso) a un gobernador corrupto y cínico para después, atrapado éste, “hacerlo cantar” y decir que AMLO tenía vínculos con él. Es decir, el PRI planea acusar a Andrés Manuel de tener vínculos con el mismo PRI: sí, así de absurdo.

Miguel Angel Yunes Linares con Felipe Calderón. Foto: Cuartoscuro

El inicio de esta campaña lo dio el corrupto (otro más) del actual gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, quien hace unas semanas, en un tono bravucón, dijo que AMLO recibía dinero de Duarte. Una mentira del tamaño del cinismo del mismo Yunes. Crearon, pues, un antecedente que fue explotado por varios medios de comunicación y por muchas páginas web antilopezobradoristas.

Hoy, con Duarte pronto a ser extraditado a México, la estrategia es simple: “hacerlo cantar” en contra de AMLO. ¿Qué peso tendrá una grabación en la que, Javier Duarte, mencione que él le otorgaba recursos a AMLO cada mes? Ésa es la apuesta del PAN, del PRI y de Peña Nieto para impedir que López Obrador llegue a la presidencia de la República.

Pero, ¿qué gana Duarte con esto? Simple: una liberación a futuro y la garantía de que a su familia (igual de corrupta que él) no se le tocará. Es decir, Duarte aspira a que gane el PAN y con ello salir libre unos meses después de un supuesto triunfo de Margarita Zavala.

Javier Duarte y su esposa Karime Macías con Margarita Zavala. Foto: Especial

Sí, hay un pacto entre el PAN (Calderón, Zavala, Anaya), el PRI (Peña, Chong), y Javier Duarte. Todo para impedir que Andrés Manuel López Obrador se convierta en presidente de México.

Ahora bien, la apuesta de este pacto es arriesgada: las mentiras de Miguel Ángel Yunes no causaron el efecto deseado. Si eso que están prontos a sacar los del PRI-PAN vía declaraciones de Javier Duarte no les funciona, significará, sin duda, el triunfo anticipado de López Obrador.

Lo que son las cosas: el pacto PAN-PRI-Duarte es la única estrategia que les queda para detener a AMLO… Y eso que aún no comienzan las pre-campañas presidenciales.