Uno acude en estos días a cualquier librería, y en las novedades está el libro de Ciro Murayama, que lleva un rimbombante y casi interminable título: La democracia a prueba. Elecciones en la era de la posverdad. A las democracias les acechan a la vuelta de la esquina el peligro de los retrocesos autoritarios.

Lo primero que piensa uno es: el consejero del Instituto Nacional Electoral, Ciro Murayama, escribió un libro de autoría única. Y es que, si en la portada de cualquier libro aparece sólo el nombre de una persona, eso quiere decir que el libro es de ese persona y de nadie más. No se trata, pues, de alguien que es coordinador de varios textos o algo así. No, es autor único. Punto.

Y claro, uno se pone a reflexionar: después de un año tan tremendamente cansado y lleno de elecciones, el consejero Ciro tuvo el tiempo de hacer un libro de casi 400 páginas y que la editorial CAl y Arena se lo publicó.

Esta idea es reafirmada si uno se mete a la cuenta de Twitter del respetado consejero, pues el tuit fijado es éste:

Ahí, en esas pocas palabras, el consejero Murayama lo deja claro: “Es lo que explico en este libro en cuya portada…”

“Lo que explico” es yo y nadie más. Singular. Una sola persona, punto. Autor único.

Cuando uno abre el libro, se da cuenta que la portada miente: el libro no es de Ciro Murayama, o no sólo es de él, sino de un montón de autores más a los cuales no se les da el crédito en la portada ni se menciona en ésta que Murayama en realidad es como el coordinador de la obra de otras personas.

Así pues, el título es engañoso. Y eso como que no concuerda con quien, se supone, labora en una institución que se encarga de que los procesos electorales no sean engañosos y no se haga trampa (como podría ser ponerse uno en la portada de un libro como autor único cuando el libro es, en realidad, obra de más personas).

Cuando uno comienza a leer el texto pues todo parece que el libro es de Ciro Murayama y de nadie más, pero cunado va a concluir la introducción, uno se da cuenta que el libro no es de él, sino de un montón de personas más.

Y el autor, al final de esa introducción, lo medio reconoce: “Los capítulos que conforman este volumen se nutrieron de las conversaciones con quienes han sido en distintos momentos mis colaboradores en el Instituto, quienes participaron en la elaboración de los primeros borradores”.

¿Se nutrieron de las “conservaciones”?, ¿”participaron en la eleboración”?, ¿”de los primeros borradores”? Todas estas palabras nos hacen sospechar: ¿quién escribió el libro?

Y en un acto de una bondad enorme, Murayama reconoce la labor de esos colaboradores y hasta les hacer el favor de que sus nombres sean mencionados: “y a quienes se otorga el respectivo y merecido crédito en cada texto”.

Cuando uno ve eso, pues piensa: bien, aunque no salen otros autores en la portada del libro y sólo se menciona el de Murayama, al menos estarán los créditos de quienes “conversaron” con Murayama para que éste pudiera “escribir” a partir de “primeros borradores” sus textos.

Pero cuál es la sorpresa que, cuando uno pasa a los capítulos, el crédito de las personas que “colaboraron” no aparece como en cualquier libro, abajito del título. No, en el libro de Ciro Murayama (que a estas alturas uno no sabe si es de él o no) aparecen los “crédito” en una nota a pie de página, con letra súper chiquita.

Por ejemplo, en el capítulo dos, al final de la página, con letra híper pequeña, se dice: “este capítulo fue escrito en coautoría con Farah Munayer Sandoval”.

Así pues, ese capítulo no fue escrito en su totalidad por Murayama, sino con otro autor. Entonces, el libro, que se anuncia en la portada como de Ciro Murayama, ¿es realmente de Ciro Murayama?

Uno entones comienza a dudar de todo. ¿Realmente los escribió Ciro los capítulos o él nada más los revisó y les dio “su toque”? Y si fueron coautorías, ¿por qué no se estableció en la portada del libro que no es un libro de autor único, sino una compilación de artículos de varios autores o libro “multi-autor”, como es lo ético?

Lo sorprendente es que ningún capítulo fue escrito de forma solitaria por Ciro Murayama, sólo la introducción y el epílogo.

Este -podríamos decir- engaño de libro en su portada (porque no da los créditos ni explica que no es un libro en coautorías), lo permitió quien, cosas de la vida, es el encargado de que en los procesos electorales en el país no haya trampas ni se den engaños ni se oculte nada.

Así pues, la pregunta queda en el aire: el libro de Ciro Murayama que está recién salido de la imprenta, ¿lo escribió realmente él?