Poco tiempo después de su llegada a México en calidad de asilado político, Evo Morales concedió diversas entrevistas. Entre ellas, llama particularmente la atención la que le realizó BBC Mundo en voz del periodista Gerardo Lissardy, quien con la rudeza de su trato hacia el presidente legítimo de Bolivia mostró que las antipatías personales prevalecen sobre la ética profesional que se esperaría de quienes ejercen dicho oficio.

Al inicio de la entrevista y pese a la explicación de Evo Morales sobre la aceptación que debe existir por parte de la asamblea boliviana para que su renuncia se considere con efecto, Lissardy lo asedia como si su condición de presidente constitucional de dicho país no dependiera de la legislación vigente, sino de una ilusión personal del mandatario.

Y así, a lo largo de los treinta y siete minutos que dura el encuentro se puede ver a un entrevistador muy exaltado que impide que Evo Morales cuente su historia, que afirma que incluso Rusia ya había reconocido al gobierno de facto de Jeanine Áñez a pesar de que el propio Vladimir Putin había precisado públicamente que en Bolivia había un desgobierno y que ellos estarían dispuestos a cooperar cuando hubiera un mandato legítimo.

El expresidente de Bolivia, Evo Morales. Foto: Especial

Lissardy da también absoluta credibilidad al informe presentado por la desprestigiada Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre las supuestas irregularidades en el proceso electoral, omitiendo mencionar el documento “¿Qué sucedió en el recuento de votos de las elecciones de Bolivia de 2019?” del Centro de Investigación en Economía y Política, institución estadounidense y en cuyo gabinete de asesores se encuentran los Premios Nobel de Economía Robert Solow y Joseph Stiglitz, que desmiente lo dicho por la OEA y señala la falta de evidencias del organismo que respalden dicha postura.

Además, el periodista de la BBC parecía tener el claro objetivo de que el mandatario boliviano se irritara para después exhibirlo como un intolerante, pues no sólo se dirigió a Evo Morales con una constante arrogancia, sino también lo despojó de manera insolente de su nombre, de su cargo y hasta de cualquier palabra de cortesía que la gente educada antepone al apellido de la persona con quien habla. Lo dejó en el puro Morales (así como la derecha mexicana gusta de dejar al presidente Andrés Manuel López Obrador en el puro López).

El expresidente de Bolivia, Evo Morales. Foto: Especial

Cuando la entrevista llega a su fin y después de que el periodista se da el gusto de hacer insinuaciones de índole política a propósito de las opciones que tenía Evo Morales para buscar asilo, arremete diciéndole que su error había sido postularse para un nuevo mandato.

Sin embargo, experimentado como lo es quien fuera un líder social antes de ser un presidente muy cercano a su pueblo, Evo Morales sale airoso de esa entrevista cuando enfatiza que “llegó a la presidencia no por hacer plata, sino por hacer patria” y le aclara que de sus padres aprendió a “no robar, no mentir, ni ser flojo”.

Después de que esta entrevista se difundió, en varios medios de comunicación y en redes sociales la discusión se centró en la reacción del mandatario y no en la pedantería y falta de profesionalismo de quien usando el poder mediático también intentó asestar un golpe mediático contra Evo Morales, la Bolivia digna y un pueblo valiente que desafió a Estados Unidos ejerciendo su soberanía.

Peligrosamente, la andanada mediática de los grupos de poder, esos que no soportan ver a los humildes en puestos antes exclusivos para los que defendían sus intereses económicos, se replica en toda América Latina.

Un ejemplo claro lo observamos en las ruedas de prensa que diariamente da el presidente Andrés Manuel López Obrador y donde siempre hay algunos “periodistas” intentando golpear para manipular la opinión pública contra él. Por fortuna, estos mercenarios de la información tienen poco éxito.