México y la Ciudad de México necesitan una mayor capacidad aérea. La conectividad aérea permite que nos integremos a procesos globales necesarios para atraer inversión, y al mismo tiempo posicionar a México como potencia global que es. La creación de un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México tiene un atraso de dos décadas, y nos ha costado competitividad e inversión a nivel global. Pero, ¿qué hacer ahora que está en riesgo? ¿Qué problemas tiene el actual Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM)?

El proyecto del nuevo aeropuerto tiene por lo menos tres aristas que resultan preocupantes para cualquier experto. En primera instancia, en términos de sustentabilidad, si bien cuenta con certificaciones de sustentabilidad, hay que recordar que están enfocadas a “mejoras” y “ajustes” arquitectónicos. Basta con ver el proyecto arquitectónico para cuestionar el tener una vitrina en un país tropical, por más ventilación “automatizada”, resulta en un problema grave de enfriamiento y climatización.

Aunado a esto, resulta preocupante que el proyecto está en el punto más proclive a inundaciones de todo el Valle de México. Claramente, el sistema de bombeo necesario para mantener, a flote, el aeropuerto tendrá efectos en las colonias circundantes. No sin antes recordar que esa zona era de las últimas reservas de flora y fauna nativas del Valle de México. Ecocidio.

Proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Foto: Especial

Conectividad

Un aeropuerto sin líneas de conexión y las líneas propuestas dejan de lado y desconectan a la población menos favorecida en la zona. Es decir, quienes habitan junto a este magno desarrollo se ven, ya sea explícitamente económicamente (cuotas y cobros) o implícitamente (por falta de vehículos privados) de la accesibilidad de transporte. No sin antes re-avivar la tragedia y el gran plan de mover el desarrollo económico y territorial del centro, entendido como la ahora Ciudad de México, a la periferia del Estado de México.

Al mover la infraestructura para servir hacia el exterior y mejorar la periferia, esto provoca que haya un “by- pass” urbano a la Ciudad de México. Las consecuencias urbanas pueden llevar a deprimir el crecimiento económico dentro de la megalópolis, y al mismo tiempo, empujar una mayor migración a la periferia con los problemas sociales que eso puede implicar.

Proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Imagen: Especial

Proyecto

El nuevo aeropuerto es un proyecto faraónico con problemas graves de gestión. No es fortuito que el Gobierno Federal tuvo que pedir la mano de la OCDE para poder sostener la anti- corruptibilidad en “licitaciones” y “gobernanza”. Pero qué hay de los terrenos circundantes al aeropuerto y cambios de propiedad de ellos hacia particulares y organizaciones, ¿a beneficio de quién?

No sólo eso, la propuesta Aerotropolis alrededor del aeropuerto, ese macro desarrollo urbano rompe con la lógica de “ciudad”, entendida como ese tejido social de interacción de personas diversas.

Proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Foto: Especial

Esto es grave, porque el proyecto atenta contra el sello de la Ciudad de México, donde las identidades de todo el país, así como los diversos niveles socio-culturales encuentran interacción y espacios de esparcimiento comunes. Este nuevo centro urbano sin duda romperá con la visión liberal de “todos somos iguales, todos somos mexicanos”, al excluir a varios grupos sociales de estos espacios ya sea explícitamente por no ser parte de esa élite e implícitamente por no sentirse bienvenidos en los mismos.

La gestión del proyecto está bajo amenaza. El diseño institucional, débil y sin cuidado. Pareciera que el gobierno actual jamás pensó que se le cuestionaría e incluso peor, que no tendría que estar bajo el escrutinio público. ¿Por qué débil? Porque cambiada la administración puede echarse abajo por completo. El intento de realizar fideicomisos y buscar el cobijo de capitales internacionales habla de la desconexión que existe entre quienes se oponen al aeropuerto y quienes lo defienden. Quienes ahora poseen el proyecto del NAICM tienen razones para estar preocupados, el proyecto está en peligro.

Proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Imagen: Especial

Socialmente

Un proyecto de esta magnitud no puede estar desconectado del tejido de ciudad, de su urbanidad. ¿Cómo se va a integrar a las personas que habitan circundando? ¿Cómo garantizar que vayan a beneficiarse lo más posible los habitantes de la Ciudad de México? No sólo es que “ahora van a poder tener más vuelos”.

Es decir, de todos esos enormes desarrollos de bienes raíces que se harán alrededor del mismo, cómo la Ciudad recuperará parte del valor que les generó a quienes invirtieron. Porque no hay que engañarse, es correcto que el desarrollador obtenga beneficios de los bienes raíces que produce, pero la tasa de ganancia es muy superior a lo que le corresponde. Una gran parte de los beneficios percibidos pertenecen a la colectividad, a la ciudad que hace posible que existan esas “oportunidades” de negocio.

¿Será quizá que al ser terrenos federales van a intentar obviar todas las regulaciones urbanas y de equidad social?

Presentación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, a cargo de Enrique Peña Nieto. Foto: Especial

Un gran proyecto

Sin duda alguna, el aeropuerto y su proyecto es algo espectacular. No tengo la menor duda. Quizá hay muchos temas que no se discutieron y ahora buscan hacerse imposiciones.

Como corolario, ¿Será que el equipo de AMLO busca realizar la tercera pista en el terreno contiguo al “bordo” basurero poniente? ¿Una pista y una tercera terminal? ¿Acaso será más barato y más redituable por el momento, para toda la ciudad limpiar el basurero y empaquetarlo, mientras que se hace una tercera terminal aprovechando toda la conectividad actual y generando nuevos espacios sociales alrededor? Pero, ¿El negocio entonces?

Una nación no es un negocio. Una ciudad no es sólo una maquinaria económica.

*Javier Jileta es candidato a Doctor en Urbanismo por la University College London, Bartlett School of Architecture, Unidad de Planeación del Desarrollo.