Por: Axel Rosas

5 de julio de 2018- Faltaban tres horas para los resultados preliminares y frente al hotel Hilton, en la Alameda Central, comenzaban a llegar simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, listos para celebrar la victoria. Lejos de ser tenso, el ambiente fuera del hotel era más bien agradable y pintoresco: se respiraba una sensación de alegría y compañerismo. Podía escucharse a los ciudadanos que con el pulgar recién entintado exclamaban: “ahora sí nos van a dejar ganar”.

A cada minuto que pasaba los ánimos la cantidad de gente crecía, igual que las banderas pancartas y máscaras apoyando a Morena y a AMLO. Apenas eran las siete de la tarde y las movilizaciones hacia el Zócalo ya estaban comenzando. Una pareja que cargaba dos grandes bolsas con churros de azúcar se acercó a un muchacho y preguntó:

-Buenas tardes joven ¿Ya dieron los resultados?

-Aún no señor, los preliminares los tienen por ahí de las ocho de la noche, en un ratito ya.

-A bueno… ¿gusta un churro?, son para la celebración en el Zócalo, nosotros ya vamos para allá.

Las decenas de personas que estaban frente al hotel habían pasado de ser cientos a miles: comenzaba a volverse difícil caminar entre la multitud. Una buena cantidad de gente se encontraba frente a las mega-pantallas esperando noticias, mientras lo hacían cantaban y gritaban. Los ánimos estaban por los cielos. Todo el mundo se encontraba listo y ansioso de escuchar a Andrés Manuel.

La noticia llegó de quien menos la esperaban. Frente a las cámaras y listo para hacer la primera declaración de la noche, el candidato por la coalición Todos por México, José Antonio Meade, aceptó que los números no le favorecían y la victoria le pertenencía a Morena. Al instante, la calle se inundó de gritos de júbilo, aplausos y al unísono un coro: “México sin PRI”.

AMLO había ganado, era un hecho.

La segunda declaración fue por parte de Ricardo Anaya quien también admitió la derrota y aceptó como ganador de la contienda a López Obrador. Sin embargo, los simpatizantes aún tendrían que aguardar un par de horas más para escuchar al candidato de Morena. Y por supuesto que esperaron: no era nada de tiempo en comparación a los doce años que muchos llevaban aguardando la victoria. Por fin, a las once de la noche, Andrés Manuel López Obrador salió a decir lo que se convertiría en su primer mensaje a la como triunfador de las elecciones.

Mientras hablaba, un océano de emociones inundaba a los ciudadanos. Aplausos, gritos y vítores rodeaban el discurso sobre el nuevo proyecto de nación. Muchos no pudieron contener las lágrimas, al fin estaba ocurriendo lo que anhelaron durante más de una década. Siendo contundente, claro, inclusivo, firme y respetuoso, AMLO demostró su experiencia como líder político y su calidad como ser humano.

“No les fallaré, no voy a decepcionarles, no voy a decepcionar al pueblo, mantengo ideales y principios que es lo que estimo más importante en mi vida, pero también confieso que tengo una ambición legítima, quiero pasar a la historia como un buen presidente de México”, dijo AMLO y el sonido de los aplausos fue ensordecedor.

Con la emoción de doce años contenida y con un nuevo presidente, los mexicanos dieron marcha para celebrar en el Zócalo de la ciudad. Fue un recorrido jovial, lleno de niños, jóvenes, adultos y un tigre de papel maché, el único felino presente en una contienda con un ganador claro.