Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

25 de junio de 2018.- Una nube negrísima está estacionada encima de nosotros. Hace un vientecito de esos que anuncian siempre un tormentón. Es el día de San Juan y aquí, en Guadalajara, la gente sabe que el día de San Juan llueve todos los años: “es el inicio de las aguas”.

Una señora al lado mío siente ese aire que yo siento y mira esa nube enorme y negrísima que yo miro. Se nota intranquila, pensativa. Me voltea a ver y seguramente me nota también intranquilo.

-Ah, joven, ojalá Dios se lleve esa nube enorme. Que no llueva, o al menos que no llueva cuando ande acá nuestro próximo presidente.

Son las cinco y media de la tarde y el mitin de cierre de campaña de Andrés Manuel López Obrador está programado para las seis o siete (hay distintas versiones, según el anuncio que uno haya visto en internet).

La nube no se va. Sigue encima de nosotros.

II

Primero un poco de contexto: Morena es un partido político que tiene apenas cuatro años. Hace tres, en Jalisco, quedó sin registro, sin fuerza: prácticamente sin presencia. Este desenlace reciente tiene una explicación: Enrique Alfaro, hoy candidato al gobierno de Jalisco por Movimiento Ciudadano, se robó la estructura que en parte se había formado con las redes de apoyo a Andrés Manuel desde el 2004.

En 2012, Alfaro apoyaba a AMLO. En ese año perdió la gubernatura, y un día después de la derrota, decidió que él no iría ya con Andrés Manuel. No solamente se fue él y su equipo cercano, sino que se llevó-robó a las bases: las convenció ofreciéndoles puestos burocráticos (especialmente en el Ayuntamiento de Tlajomulco, que había ganado uno de sus muy cercanos).

Cuando Morena nació en Jalisco, lo hizo sin bases, y por ende su nacimiento fue complicado, tan complicado que en las primeras elecciones en las cuales participó fue un fracaso.

Carlos Lomelí, Enrique Alfaro y AMLO en 2012. Foto: Especial

Así pues, en 2015, Morena no fue competitivo y Enrique Alfaro y la franquicia de Movimiento Ciudadano que le vendió Dante Delgado, ganó la Zona Metropolitana de Guadalajara. Alfaro se convirtió en ese año en alcalde de la capital de Jalisco y en el candidato a vencer rumbo a la gubernatura en 2018.

III

“Viene con retraso”, me dice Cecilia Márquez, encargada de prensa de Morena en Jalisco. “Es que viene de otro cierre de campaña”.

La gente está esperando.

Hoy, Andrés Manuel López Obrador tenía programados cuatro cierres de campaña: uno en Querétaro, otro en Guanajuato, uno más en San Luis Potosí y éste de Guadalajara. ¿Cómo le hace ese señor? Ninguno de sus adversarios recorre más kilómetros que él, ninguno organiza más actos masivos, ninguno llena tantas plazas públicas. ¿Cómo se las ingenia para aguantar tanto y de tan buena forma?

Recorro la zona. Me viene a la mente el cierre de campaña de AMLO de 2012, en esta misma plaza Juárez. En esa ocasión yo me puse como triste, como impactado. Había habido muchos acarreados. Ese cierre de campaña fue precisamente con Enrique Alfaro, que hoy de nueva cuenta disputa la gubernatura por Movimiento Ciudadano.

Recibimiento a Andrés Manuel en Guadalajara. Foto: Especial.

Recuerdo que veía a la gente, sentada, sin ganas, con banderitas repartidas por montón, sin chispa, sin energías. Eran acarreados que venían desde Tlajomulco a llenar la plaza, a hacer “músculo”. Los habían llevado los estrategas de Enrique Alfaro. Yo estaba acostumbrado a los mítines de AMLO con gente convencida, con gente que estaba ahí porque quería estarlo, no porque eran empleados de un ayuntamiento o gente a la cual se les daba una dádiva.

Hoy es distinto: hay gente convencida, gente que está ahí porque quiere estarlo. Gente contenta, con inventiva, con chispa, con energías.

Arriba, la nube negrísima como que quiere caernos encima.

IV

Entre tanta bandera tinta con los logotipos de Morena, hay un chico flaco flaco flaco que lleva una bandera rojinegra, del Atlas. La ondea con mucho orgullo. Yo de lejos la veo y me digo: “y este cabrón qué pedo”. Pero yo estoy medio ciego para mirar de lejos, y más entre tanta gente. Así que me acerco lo más que puedo, y distingo por qué el chico flaco flaco flaco ondea con tanto orgullo su bandera: al lado del escudo del Atlas (una “A”) están las letras MLO y debajo de éstas, el número 2018. Es decir, la bandera significa Atlas y dice AMLO. Yo nada más sonrío: es interesante cuando la pasión futbolística se mezcla con la pasión política y a las dos se les echa creatividad.

Hay un señor subido en un banquito y sostiene una cartulina. Me doy cuenta que la vista de lejos no es mi fuerte, y solamente logro distinguir los dibujos de una torta y una lata de refresco. ¿Será que está ofreciendo tortas como en cualquier mitin del PRI o del PAN?

Me acerco. No he comido: igual y alcanzo mi refrigerio…

Y cuando estoy con posibilidad de mirar bien el mensaje, me encuentro que no hay tortas ni refrescos. Dice el texto: “Ni por tortas ni por chesco, vine por mis”. Ahí se termina la parte escrita, y aparece la simbólica: hay unos dibujos de unos “huevos”.

Imagen de mitin de AMLO en Guadalajara. Foto: Jorge Gómez Naredo.

Mi efímera misión de conseguir una torta regalada en un mitin de Andrés Manuel ha fallado.

V

Andrés Manuel llega tarde hoy porque tener cuatro mítines en cuatro distintas entidades es complicado. Siempre los tiempos son cortos y hay imprevistos: una pequeña lluvia o un embotellamiento en la carretera pueden causar enormes retrasos.

La gente, a pesar de la tardanza, no se va. Cuando Andrés Manuel llega, poco antes de las ocho de la noche, hay aún que pasar el caminito rumbo al templete. El grito de “presidente, presidente, presidente” se escucha fuerte, fortísimo. Muchas personas esperan a un costado de las vallas para verlo, para saludarlo, para desearle éxito, para tomarse una foto.

Hay un señor que lleva a su bebé recién nacido para que Andrés Manuel los cargue y así poder captar una imagen del niñito con el “próximo presidente”.

Andrés Manuel, después de varios minutos de saludar, besar, abrazar y escuchar, por fin llega al templete. El mitin inicia formalmente.

Yo trato de tomar el mejor lugar para verlo: adelante es imposible por la mucha gente, ni pasar se puede. Se supone que hay pantallas para ver de cerca a quienes están en el templete, pero éstas no trasmiten nada. Solamente están como de adorno, y lo peor, así sirven como de estorbo.

Doy vueltas y vueltas para encontrar un lugar dónde ver lo más cerca posible el discurso de AMLO. Por fin lo encuentro: al lado de la estación Agua Azul del Metrobús. La gente está en la acera de enfrente de la plaza porque ahí se ve algo. No es que se vea bien ni cerquita, pero se ve algo y eso ya es ganancia. Y es que irse hasta atrás por el centro de la plaza, pues uno no ve nada porque está bien lejos de ahí a donde está el templete.

En esta parte, es decir, al lado de la estación del Macrobús, hay una dinámica súper interesante. Como el servicio de este medio de transporte no se suspendió, hay como diez señores vestidos con chalecos fluorescentes que, cuando viene una unidad del Macrobús, piden a la gente que por favor deje libre el carril. El Macrobús pasa, y nada más pasar, la gente vuelve otra vez a colocarse en el carril para continuar viendo a Andrés Manuel.

La mayoría de los pasajeros que viene dentro de los autobuses del Macrobús, voltea y mira lo que está sucediendo. En algunos casos hay gente que comienza a aplaudir al enterarse que es AMLO quien está hablando. Algunos más, muchos, sacan pronto su celular para captar aunque sea una imagen de lo que pasa ahí. Y hay también los que, de plano, se bajan del autobús para quedarse a escuchar a Andrés Manuel.

Un señor lo hace y va con su esposa y su pequeño niño. Está contento el señor, y trasmite su alegría. Dos pasos después de salir de la estación, trata de correr un poco. La familia lo acompaña en esos diez o veinte pasos. Se da cuenta que de ahí donde está se puede ver a Andrés Manuel a lo lejos. Se voltea con su hijo, y le dice: “mira, de acá se ve. Vea a su próximo presidente mijo”. Y cuando termina la frase, se agacha y hace que el chamaco se suba a sus hombros.

El niño sonríe: su papá lo lleva en hombros y, además, está viendo a su próximo presidente.

En esa misma zona hay un ciclista que se observa súper profesional. Va vestido con su pantalón de ciclista, sus zapatos de ciclista y su bici, una de ruta, de esas que suelen salir muy caras. El señor, que lleva su casco y que no se lo quita ni un momento, escucha atentísimo a Andrés Manuel.

Ciclista escuchando mitin de AMLO en Guadalajara. Foto: Jorge Gómez Naredo.

VI

Dos señoras que aparentan unos sesenta y tantos años escuchan lo que Andrés Manuel está diciendo. Habla el candidato presidencial de Morena de los estudiantes: que no deben ser rechazados a las universidades, que es mejor que estén estudiando que dedicándose a alguna actividad ilícita, que es su derecho ingresar a una educación de calidad.

Una de las señoras comenta: “qué bueno, porque ahí andan los muchachos haciendo y haciendo trámites a la universidad, y los pobres no salen”. La otra asiente. Y después, ambas se quedan en silencio. Escuchan lo que dice AMLO.

Cuando Andrés Manuel menciona que no se privatizará el agua: aplausos.

Cuando Andrés Manuel dice que a Vicente Fox nada de pensiones: algarabía.

Cuando Andrés Manuel indica que combatirá la corrupción: una señora exclama “a la cárcel los corruptos”.

VII

Hay quienes dicen que AMLO ya no es el mismo de 2006, que cambió, que ya sus ideas se pusieron tersas, sin radicalidad. Hay quienes incluso afirman que Andrés Manuel se convirtió en lo que tanto criticó.

Persona en mitin de AMLO. Foto: Jorge Gómez Naredo.

Algunas de las personas que dicen eso lo indican porque están en el PRD y se aliaron con el PAN, y tratan de justificar su incongruencia. Pero hay otras que lo mencionan con convicción, porque piensan realmente que Andrés Manuel ya no se preocupa por los más pobres de este país.

En un momento de su discurso, AMLO dijo: “Arriba los de abajo, y abajo los privilegios”. Y esa frase, no sé, a mí me dio la idea o me quedó la percepción que fue una de las frases que AMLO dijo con más fuerza, con más vigor. Y claro, con más claridad. Quien no quiera entender eso, pues allá ellos.

Se me viene a la mente esa frase de 2006 que a tantos asustó y que a mí me convenció y me sigue convenciendo: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Se parece mucho a esas palabras que acabo de escuchar: “Arriba los de abajo, y abajo los privilegios”.

VIII

La visita que hace Andrés Manuel a Jalisco, para el cierre de campaña, es también un fuerte espaldarazo a Carlos Lomelí, el candidato de Morena al gobierno de Jalisco. Dice Andrés Manuel: “AMLO sí, y Carlos Lomelí también”.

Ayer fue el mitin de cierre de campaña de Enrique Alfaro en Guadalajara, y como es su costumbre, lo presumió como un acto jamás visto en la historia de Jalisco. Dijo que “refundaría” la entidad y también pidió que la gente no votara por Andrés Manuel porque éste representa el pasado, el autoritarismo: lo peor que le puede pasar a México.

¿Qué sentirá Enrique Alfaro, hoy aliado de Ricardo Anaya, cuando pide no votar por Andrés Manuel? ¿Qué sentirá cuando, hace seis años, mencionaba que AMLO era lo mejor de lo mejor? ¿Qué sentirá cuando afirma que el panista Anaya es el mejor candidato a la presidencia? Yo me imagino que, cuando se ve al espejo, algo de asco sentirá. Bueno, siempre y cuando le quede un poquito de ética.

Ricardo Anaya y Enrique Alfaro. Foto: Especial

Los constantes ataques de Enrique Alfaro a AMLO no solamente le están costando simpatías y votos, sino también que algunas de las personas más comprometidas que integraban su equipo, se alejen de su proyecto.

Andrés Manuel anuncia que la académica y feminista Candelaria Ochoa Ávalos se integrará a su movimiento. Ella es diputada federal, y lo era por Movimiento Ciudadano.

Cuando se termina el mitin, la gente grita “presidente, presidente, presidente”. Y también se escucha el “gobernador, gobernador, gobernador”.

La nube negrísima no se transformó en aguacero. Aguantó. Se portó bien, digamos que solidaria con la causa, con el candidato, con la gente que vino a mirar a su “próximo presidente”. Sonrío cuando pienso en la señora que casi rezaba hace unas horas para que no fuera diluvio la ciudad; ahora debe estar orgullosa, pensando que contribuyó a que todo fuera bien y la nube no se portara mal.

Carlos Lomelí acompaña a AMLO en su cierre de campaña en Jalisco. Foto: Especial.

IX

Ya estoy cansado de caminar. Un mitin y estoy agotado. ¿Cómo se sentirá Andrés Manuel con 4 cierres de campaña en cuatro entidades distintas en el mismo día?

En eso pienso cuando la gente se comienza a juntar. ¿Qué pasa acá? Miro, y me doy cuenta: es la camioneta donde va Andrés Manuel. Lo sigo en su despedida. La gente impide que el automotor avance. Hay muchas personas y todas quieren tomarle fotos. AMLO mantiene la ventanilla abierta y escucha los gritos de “presidente, presidente, presidente”. Un joven dice: “es un rockstar el viejito”.

Hay un señor que lleva en hombros a su hijo, y quiere que su hijo salude a Andrés Manuel. Y ahí va, entre la multitud, cargando a su hijo con la firme convicción de que salude a AMLO.

La camioneta tarda una eternidad en avanzar dos cuadras. Hay tanta gente y tan emocionada.

Por fin, la camioneta camina, y en la avenida Washington, se escapa de la multitud. Yo grabé algo para Polemón. Mientras camino de regreso, escucho a un chico que habla por su teléfono celular: “no mames, güey, lo toqué güey, lo toqué, estuvo súper chido” El chico, según mis cálculos, no llega a los 20 años.