Por: Redacción (@revistapolemon)

10 de julio de 2015. Donald Trump, el racista que quiere ser candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, ha usado el tema de los latinos indocumentados para ganar reflectores. Un montón de gente ha comentado (tanto en Estados Unidos como en México) sus declaraciones. La mayoría de las posiciones critican sus dichos.

Trump ha mencionado que los mexicanos que llegan a Estados Unidos son delincuentes, violadores, lo peor de lo peor. Pero su discurso es contradictorio, pues también afirma que nadie como él ama a los mexicanos, y que los quiere, y que quiere darles trabajo.

En realidad, la estrategia de Trump va dirigida a los sectores más conservadores de Estados Unidos, los que piensan que la migración mexicana le hace mucho mal a su país, les quita empleo, provoca que la delincuencia se incremente, etcétera.

Varios aspirantes republicanos a la candidatura presidencial ya se han desmarcado de Trump, y le ha pedido que no diga lo que dice, o que si lo dice, lo diga con otras palabras, con “moderación”: dentro de los límites de lo políticamente correcto. Pero Trump no se detiene. Ataca un día sí el otro también a los migrantes ilegales mexicanos. Les dice que son delincuentes. Violentos. Violadores.

La Casa Blanca, que había mantenido silencio ante las declaraciones de Trump, ya se posicionó al respecto, y su vocero, Josh Earnes, se refirió a Trump, aunque sin mencionarlo y buscando atacar no tanto a él sino a los republicanos que no dicen nada por las escandalosas declaraciones de éste. Dijo el vocero de la Casa Blanca: “Una parte importante de los republicanos en el Congreso se ha negado a criticar la ofensiva retórica racial de uno de los principales aspirantes a la Presidencia”.

Manifestación en contra de Donal Trump. Foto: Elvert Barnes

Manifestación en contra de Donal Trump. Foto: Elvert Barnes

Trump está haciendo un experimento: quiere saber hasta qué punto se puede avivar el odio hacia los migrantes. Quiere saber si ese odio (una mezcla de desprecio, racismo, discriminación y miedo) puede hacerle ganar votos. Y si su experimento le dice que sí, que levantando odio, que avivando desprecio, que haciendo fuerte el racismo, él gana votos, hará todo lo conducente para lograr su fin.

Por eso, Trump es un personaje doblemente despreciable, porque es un racista convencido, y porque está usando como estrategia electoral (y avivando) el racismo existente en la sociedad estadounidense contra los mexicanos.